Maddi TXINTXURRETA
FIESTA DE BIENVENIDA A NIÑOS Y NIÑAS SAHARAUIS

ONGI ETORRI A LOS EMBAJADORES DE SAHARAEN EUSKAL HERRIA

El pasado día 10 llegaron a Euskal Herria los niños y niñas que, al amparo del programa “Oporrak bakean”, podrán descansar del verano ardiente en los campamentos de Sahara Occidental, del polvo, de no poder ser niños y niñas. Algunos en familia, otras en campamentos de verano, pasarán dos meses en este país. Ayer les dieron la bienvenida en Pasai Donibane y estalló la fiesta.

Niños muestran la bandera saharaui y la ikurriña en la fiesta de bienvenida que tuvo lugar ayer en Pasai Donibane.
Niños muestran la bandera saharaui y la ikurriña en la fiesta de bienvenida que tuvo lugar ayer en Pasai Donibane. (Jagoba MANTEROLA | FOKU)

Ongi etorri a los niños y niñas que trajeron un pedazo del sol del Sáhara hasta Pasai Donibane. Les recibió el mejor anfitrión, Porrotx, abriendo los brazos y gritando «ongi etorri!» a pleno pulmón, y otro ongi etorri para las familias, tan «generosas», que durante dos meses van a ofrecer a los niños y niñas una casa y muchas aventuras.

Los niños y niñas que ayer recalaron en Pasai Donibane llegaron a Euskal Herria el pasado día 10 para descansar durante dos meses de los campamentos del Sahara Occidental. Como todos los años, han venido con el programa “Oporrak bakean” y gracias al compromiso de asociaciones y familias locales. Ayer, además, les prepararon una fiesta de bienvenida en Pasai Donibane, organizada, entre otros, por la asociación Bixi-Bixi y el Ayuntamiento. No hubo tiempo para el aburrimiento: talleres, juegos, comida, fiesta de la espuma...

La txaranga empezó a tronar y acompañada por la comparsa de pequeños gigantes de Oiartzun, llevó a niñas y adultos en pasacalles por las estrechas calles de Pasai Donibane.

UNOS CAMPAMENTOS DISTINTOS A LOS DE CASA

De camino a la Plaza Bizkaia, GARA se encontró con Sara Goiria. Contó que es integrante de la asociación Río de Oro de Durangaldea y que en la antigua abadía de Izurtza organizan colonias para niños y niñas saharauis. En Izurtza ofrecen refugio y juego a niños saharauis con discapacidad. Este año han venido diez niños y doce personas hacen de monitores, dos de ellas mujeres procedentes del Sahara. «Hacemos lo que se hace en un campamento de verano: ir a las fiestas de los pueblos, ir a la playa, comer helados, hacer fiestas...», detalló, sin soltar la mano del niño que le acompañaba. Pero, además de las fiestas y los juegos, las visitas al médico son frecuentes. «Algunos ni siquiera están bien diagnosticados», apuntó.

«Son niños y tienen derecho a vivir como tal, de venir, divertirse y comer bien. Estos son los más vulnerables, porque además de ser refugiados tienen alguna discapacidad, pero lo que hacemos es ofrecerles un campamento de verano normal, como a cualquier otro niño», explicó Sara Goiria.

Y de un campamento a otro, sin cambiar de comarca. Garazi Etxebarria es parte del proyecto Hamadako Izarrak. Desde 2015, acogen cada año a doce niñas saharauis -quince antes de la pandemia-. Este año están en Zaldibar.

«Nos gustaría que no fuera necesario que estos niños tuvieran que salir de Sahara», lamentó Etxebarria, pero la situación en los campamentos de refugiados es demasiado dura, afirmó: «Llevan 48 años viviendo en los campamentos de refugiados y allí los veranos son muy duros. Están en una situación de guerra, por lo tanto, también están condicionadas las situaciones familiares, los padres o hermanos de algunos están en el frente».

Estos niños y niñas vienen a Euskal Herria para luego «volver reforzados», aseguró Etxeberria. Y destacó que cuando están en nuestro país se convierten en los «pequeños embajadores del Sahara»: «Ellos nos muestran su realidad».

Entre educadores y cocineros, alrededor de 50 voluntarios participan en el proyecto Hamadako Izarrak. No son pocos, pero se necesitan más; más familias que acojan, sobre todo, porque cada vez son menos. «En general, con el programa ‘Oporrak bakean’ cada vez llegan menos niños. Hay otras asociaciones que como nosotras acogen a grupos grandes para hacer frente a este descenso», alertó.

Por ello, animó a la gente a participar, «porque no es tanto lo que nosotros damos a los niños -dijo-; ellos entran en nuestras vidas y las ponen patas arriba, en el buen sentido».