Escombros
Decidieron construir una torre que habría de llegar hasta el cielo, y al ver sus intenciones, el cruel Jehová decidió intervenir tan arteramente como acostumbraba: «Confundamos sus lenguas para que ninguno entienda el habla de sus compañeros».
Inventó así, dice la Biblia, la multiplicidad de las lenguas para impedir que sobrepasáramos los límites por él -perdón, Él- impuestos. Pretendiendo fastidiar, materializó de esta forma una de sus más bellas creaciones. La antítesis de esta legendaria Torre de Babel probablemente sea la histórica Biblioteca de Alejandría, símbolo del humano afán por enriquecerse con el conocimiento, el placentero conocimiento, de las obras escritas en no importa qué idioma. Por eso, las bibliotecas representan también ese deseo de ir más allá.
Y por eso Jehová y sus huestes, como hicieron con la de Alejandría, siguen perpetrando la destrucción de bibliotecas y extendiendo el desprecio a los libros; en estos tiempos, maquiavélicamente, creando sucedáneos para embotar nuestro entendimiento. Hay una fotografía muy conocida, es la de la londinense Biblioteca Holland House justo después de un bombardeo en 1940; lo único que se mantiene en pie son algunas estanterías llenas de libros, entre ellas los montones de escombros del edificio sin techumbre ni casi paredes; sorprendentemente, tres hombres repasan los lomos o leen un ejemplar que sostienen entre sus manos.

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