Consecuencia
Durante décadas he intentado explicar qué parte de la excelente realidad del teatro argentino se debe a la existencia de una Ley del Teatro de la que emana el Instituto Nacional del Teatro, un ente autárquico con estructura federal, que ha permitido la existencia de una tupida red de salas independientes, festivales y grupos por toda Argentina.
Milei va a derogar esa ley y suprimir el INT, lo que deja al Teatro en manos del mercado, de lo más comercial, esa mancha de petróleo y excrementos que tanto daña al tejido cultural propio. Va a destruir lo que había propiciado un tejido ejemplar, destinado a que prevaleciera el teatro más básico, el de mayor vocación, incluso el experimental que es, al fin y a la postre, el que le ha dado consistencia y el reconocimiento que tiene hoy, en el mundo, el teatro argentino. Las consecuencias, en unos pocos meses o años.

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