Donde el tiempo se detuvo

Al amparo de la noche, un todoterreno recoge a una joven, encarnada por Jone Laspiur (“Ane”), mientras se aventura hacia destinos desconocidos entre las montañas. En este viaje clandestino, las complicaciones surgen y las decisiones se entrelazan, llevando a los personajes a refugiarse en lo más recóndito de la naturaleza, lejos del mundo exterior. El trasfondo del conflicto vasco se insinúa entre las líneas. Sin embargo, “Negu Hurbilak” no aspira a ser un relato político, sino más bien un retrato íntimo en torno a la huida, la espera y el olvido. La película habla sin palabras, dejando que el contexto y nuestra propia interpretación den voz a lo que no se dice explícitamente. Ekain Albite, Mikel Ibarguren, Nicolau Mallofré y Adrià Roca, el Colectivo Negu, entienden que trabajan con material delicado y no evitan la mirada humana hacia sus personajes. Las preguntas y respuestas que proponen no se verbalizan; no hay una agenda ideológica en su conjunto de imágenes para persuadirnos de algo. En su lugar, presentan una realidad cruda, una frontera que representa la libertad y un deseo urgente de traspasarla.
UN TERRITORIO INCIERTO
El objeto del relato y la meta de la protagonista y los personajes que la rodean se centra en una sola cosa: escapar. Tras un encadenado de planos secuencia, la propuesta logra su objetivo de colocarnos en un territorio incierto y en el que parece que el tiempo se detuvo. La lluvia, la niebla, la oscuridad, la escasa iluminación protegen la fuga, convirtiendo a las personas en contornos apenas visibles, semiocultos por una luz tenue que borra sus perfiles. Una vez alcanzado el refugio, aunque sea temporal y ajeno, el tono de la película cambia. La cámara se vuelve más estática, los exteriores se vuelven ajenos, el miedo a la huida se transforma en el miedo al olvido, a quedar atrapado en ninguna parte.

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