KOLDO LANDALUZE
DONOSTIA

«Cadena perpetua» cumple 30 años: siempre nos quedará Zihuatanejo

Treinta años después de su estreno, “Cadena perpetua” sigue figurando como uno de los filmes más queridos por diferentes generaciones. Un clásico moderno dirigido por Frank Darabont y en el que dos actores del calibre de Tim Robbins y Morgan Freeman ofrecieron unas interpretaciones inolvidables, en un canto a la amistad y la constante lucha por la libertad.

La química entre Tim Robbins y Morgan Freeman figura entre las principales virtudes del filme.
La química entre Tim Robbins y Morgan Freeman figura entre las principales virtudes del filme. (COLUMBIA PICTURES)

Pocas películas han logrado alcanzar la profundidad e impacto emocional de “Cadena perpetua”, cuyo título original es “The Shawshank Redemption”. Dirigido magistralmente por Frank Darabont y estrenado en 1994, este clásico atemporal que ha seducido a diferentes generaciones cuenta con una receta alquímica infalible al desarrollar una historia en la que impera la esperanza, la redención y la búsqueda constante de la libertad.

La trama sigue la historia de Andy Dufresne, un banquero injustamente condenado por el supuesto asesinato de su esposa y su amante. Encarcelado en la prisión de Shawshank, Andy forma una inquebrantable amistad con “Red”, interpretado de manera magistral por Morgan Freeman. Juntos se enfrentan a las duras realidades de la vida en prisión, incluido el brutal maltrato por parte del alcaide, encarnado por Bob Gunton.

Aunque “Cadena perpetua” recibió siete nominaciones al Óscar, no logró ninguna estatuilla y su estreno comercial se saldó con un incomprensible y sonoro fracaso de taquilla. Sin embargo, su impacto trascendió la dictadura de los premios, ganándose el favor del público y convirtiéndose en una de las películas más queridas y aclaDurante años, encabezó la lista de IMDb como la mejor película de todos los tiempos.

UN GRAN REPARTO

Basada en el relato “Rita Hayworth y la redención de Shawshank” de Stephen King, la película ofrece una dirección impecable de Frank Darabont, acompañada por una historia cautivadora y actuaciones inolvidables. La sutil banda sonora de Thomas Newman y la elegante fotografía de Roger Deakins complementan perfectamente la narrativa, guiando al espectador a través del mundo sombrío pero esperanzador de la prisión de Shawshank.

A todo ello se sumó la gran química de sus dos protagonistas y un conjunto de intérpretes tan eficaces como inolvidables.

DARABONT-KING

La película marcó el inicio de una serie de adaptaciones exitosas de las obras de Stephen King por parte de Darabont, incluyendo “La Milla Verde” y “La Niebla”. Si bien permanece fiel en gran medida al relato original, hay algunas diferencias sutiles entre el libro y la pantalla grande. Por ejemplo, la razón detrás del encarcelamiento del personaje de Freeman se omite en la película, y el personaje de Brooks, el anciano amante de las aves que fue interpretado por el inolvidable James Whitmore, se fusiona con otro personaje.

En este punto, merece la pena recordar esas breves jornadas de libertad que Darabont regala al viejo Brooks cuando este sale de prisión tras cumplir 50 años de condena. Son secuencias conmovedoras y que podrían funcionar como un cortometraje dentro de la propia estructura de la película. Es un momento en el que somos testigos de la infinita capacidad de soledad y desesperanza del ser humano.

Lo que hace que esta escena sea tan poderosa es su honestidad y autenticidad. No hay manipulación melodramática ni clichés sentimentales; solo se nos muestra la cruda realidad de una vida malgastada y el impacto devastador de la libertad en un individuo que ha pasado la mayor parte de su vida tras las rejas. En la retina del recuerdo siempre pervivirán secuencias como la de Robbins atrincherado para subvertir los muros de la prisión con la música de Mozart o ese encuentro imborrable en una playa de Zihuatanejo.