Raimundo FITERO
DE REOJO

Recuento de dípteros

Cuentos y recuentos de dípteros. Las moscas, que definió Antonio Machado como “Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas”. En algunas poblaciones gallegas se están viviendo días desquiciantes por la gran cantidad de moscas que han aparecido y que en las imágenes difundidas llegan a tapar ventanas, paredes, columnas. Son nubes de moscas que dan algo de miedo y en una fechas donde no es habitual verlas, lo que abre debates, discusiones, indicaciones y contraindicaciones. Son zonas rurales, pero no tanto, mientras que en las zonas urbanas las moscas forman parte de un paisaje estival y antiguo, controvertido y trasnochado.

Con las moscas la humanidad ha convivido, forma parte de la propia existencia, se utiliza en laboratorio porque una de ellas, conocida como del vinagre, comparte un porcentaje elevado del código genético de los seres humanos. Moscas de toda estirpe, millones de moscas que no pueden equivocarse al alimentarse con fruición de las heces de otros animales, la mosca tras la oreja, la cojonera, la que se comió el Papamoscas. Todas nos rodean, nos marcan y despojan de rango, insistiendo en Machado: “que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas” de tal manera que no me privo de evocar aquel cuento de las cien mil moscas que acudieron a un panal de rica miel y que golosas murieron presas de patas en él, mirando la presencia del presidente argentino de la motosierra en el akelarre fascista madrileño.