Aritz INTXUSTA
Periodista
1998

La Ertzaintza mata a Inaxi Zeberio en Gernika

La madre de Inaxi Zeberio, en el último homenaje en Lizartza, donde se siguió reivindicando una aclaración sobre cómo sucedió la muerte.
La madre de Inaxi Zeberio, en el último homenaje en Lizartza, donde se siguió reivindicando una aclaración sobre cómo sucedió la muerte. (Andoni CANELLADA | FOKU)

La Ertzaintza lanzó una operación contra un céntrico piso de Gernika donde habían localizado al «comando Bizkaia» el 5 de junio de 1998. Explosionaron la puerta e irrumpieron con las armas en la mano. Inaxi Zeberio, que se encontraba en una de las habitaciones interiores, fue acribillada a balazos. Recibió 13 impactos de bala. Su cuerpo apareció con las manos esposadas a la espalda.

En aquella vivienda se encontraban, además de Zeberio, Iñaki Bilbao y Patxi Marqués, que acabaron detenidos. La operación lanzada aquel día fue mucho más amplia, produciéndose otros once arrestos en nueve localidades .

El cuerpo de Zeberio se trasladó a Basurto ese mismo día, hasta donde llegaron familiares, miembros de la mesa de HB (que colgaron una ikurriña con crespón negro) y también alcalde de Lizartza, la localidad en la que Zeberio residía desde los seis años.

Gestoras pro Amnistia llamó a una huelga general en Tolosaldea y muchas más ikurriñas con crespón se colgaron en balcones de pueblos de Euskal Herria. ‘‘Egin’’ denunció que ertzainas retiraron varias de estas banderas.

El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, celebró esta operación con desenlace fatal como un éxito y felicitó al consejero «Juan Mari Atutxa, a la Policía vasca y a todos los que han participado» en la operación. Mayor Oreja dio así por «desarticulado el ‘comando Bizkaia’».

La Policía autonómica llevaba ocho años de lucha activa contra ETA y, desde el primero de los operativos, lanzado en abril de 1990, existieron denuncias de torturas (el caso de Andoni Murelaga llegó hasta los tribunales).

La muerte de Zeberio a manos de la Ertzaintza se sumaba a la de Juan Mari Ormazabal, militante al que el cuerpo policial emboscó en 1991 en el parque Etxeberria de Bilbo. En el tiroteo murió también el ertzaina Alfonso Mentxaka.

Ante la indignación despertada por el fallecimiento de la militante, Atutxa hizo a Zeberio responsable de su propia muerte, asegurando que ella abrió fuego primero.

El consejero del Interior del Gobierno de Lakua defendió que no había nada extraño en que la joven tuviera las manos esposadas a la espalda, pese a los trece disparos.

«Sería ingenuo que la Policia mirara si está herida y si es grave. Se esposa inmediatamente», llegó a decir en el Parlamento.

La muerte de una mujer de 35 años cuyo compromiso internacionalista había llevado también a irse de brigadista a Nicaragua y que había pasado a la clandestinidad tres años antes, llegó en un momento terriblemente delicado en lo político, pues se estaban celebrando unas negociaciones trascendentes en las que estaba involucrado el Partido Nacionalista Vasco.

La tensión por la operación policial con resultado mortal, sin embargo, no detuvo esas conversaciones y en septiembre se presentó Lizarra-Garazi.

El difícil encaje que tiene la versión que da por buena Lakua con la realidad de las heridas y el hecho de que Zeberio estuviera esposada han motivado una reivindicación constante de la familia para que se aclaren los hechos.

FIN DEL ALTO EL FUEGO EN 2007

El 5 de junio es también la fecha en que ETA, en 2007, dio por finalizada la tregua que había iniciado el 24 de marzo del año anterior, abriendo de este modo un proceso de negociación con el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero.

A través de un comunicado remitido a GARA la noche anterior, ETA anunciaba que había resuelto «actuar en todos los frentes en defensa de Euskal Herria». De esta manera, aseguraba que adoptaba la decisión «de defender con las armas al pueblo que es agredido por las armas».

Decía, además, que «los ataques a Euskal Herria, lejos de desaparecer, se están viendo incrementados y agravados».

Las negociaciones entre el Estado español y ETA, que habían tenido un arranque ciertamente prometedor en el que Zapatero reclamó y obtuvo del Congreso el aval para negociar en mayo de 2005, hacía tiempo que pasaban por momentos delicados.

La mayor evidencia de esto fue el atentado en la Terminal 4 de Barajas que ETA había llevado a cabo el 30 de diciembre, en el que fallecieron dos ciudadanos ecuatorianos y que destrozó la mayor parte de la infraestructura.

En el comunicado que dio fin la tregua, ETA criticaba las posturas que había adoptado el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, quien había asegurado que, después de la acción contra la T4, la izquierda abertzale iba a «disolverse como un azucarillo», apuntalando de esta forma al Estado en su inmovilismo.

Pero, fundamentalmente, acusaba de que la negociación se malograra al propio Zapatero, a quien achacaba haber respondido a esta oportunidad de terminar con el conflicto armado con «detenciones, torturas y todo tipo de persecución».

«ETA se equivoca», respondió Zapatero en respuesta al comunicado, exculpándose de forma absoluta y asegurando que él había hecho todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz. En esa misma comparecencia, llamó a Mariano Rajoy en busca de afianzar su unidad de acción.

En paralelo, Arnaldo Otegi insistió en renovar los esfuerzos en busca de la paz. «Seamos capaces, en el menor tiempo posible, de reeditar las condiciones que permitan que este país viva el proceso que se merece y que quiere», aseveró en una comparecencia pública para valorar la situación.

ENCARCELAR AL INTERLOCUTOR

Dos días después, Otegi sería encarcelado, bajo el argumento de que había cometido enaltecimiento en un acto de recuerdo a Argala en 2003, para cumplir una condena de 15 meses. La pena incluía, además, siete años de inhabilitación para cargo público.

En el primer editorial de GARA valorando la nueva situación que se abría tras la confirmación por parte de ETA de que se reactivaba el conflicto en todos sus frentes, se incluyó la siguiente pregunta: «¿Qué ha pasado? ¿Por qué un Gobierno que desplegó una intensa actividad antes del alto el fuego se frenó en cuanto se declaró?»



[1995] Las vecinas de Ibarra hacen desfilar a un agresor

Un nutrido grupo de mujeres de Ibarra quedaron a mediodía debajo de unas obras que había en su pueblo. Era el martes 5 de junio de 1995 y uno de los albañiles que allí trabajaban, -«completamente ajeno» a lo que las mujeres tramaban, según la crónica de ‘Egin’-, había intentado violar a una joven el viernes, agresión que no llegó a consumarse por la irrupción de un vecino.

Cuando creyeron haberse reunido las suficientes, entraron por entre los andamios en busca del autor de la agresión, que trató de esconderse de ellas, sin éxito. Le atraparon y confesó, «pero explicó que lo hizo bajo los efectos del alcohol», narra este periódico.

Sin escapatoria posible, el agresor tuvo que desfilar delante de una pancarta donde ponía «Francisco Sánchez erasotzailea» hasta el juzgado.

La reacción de este grupo de vecinas llegó ante la incompetencia de la Ertzaintza, pues tras haber presentado una denuncia ese viernes, los agentes únicamente se habían personado en el domicilio del violador en potencia y se habían marchado al no encontrarse en el interior.