Los gais y la mili, un asco mutuo que politizaron los maricas

Soy insumiso porque soy marica». Fue la frase que dijo el joven Xabi Sánchez, integrante del movimiento por la liberación sexual de Euskal Herria, Ehgam, al juez de la Sala número 3 de lo Penal en Iruñea el 11 de junio de 1996. Era uno de los cientos de jóvenes vascos que fueron juzgados por negarse a realizar el servicio militar, pero el primero, según recogió “Egin” el día después, que defendió su condición de insumiso «desde su identidad marica».
La Organización Mundial de la Salud había sacado la homosexualidad de la clasificación de enfermedades mentales solamente dos años antes, pero para el Ejército español era una discapacidad incompatible con la disciplina militar y a menudo derivaba a los gais a la Prestación Social Sustitutoria (PSS). Alegar homosexualidad y escaquearse de la mili, por tanto, parecía fácil.
Pero para el movimiento de la insumisión marica no se trataba de escaquearse, sino de oponerse, tanto a la mili como a la PSS. Xabi Sánchez también optó por confrontar y así le dijo al juez: «La PSS es una institución más dentro de esta sociedad heteroexclusivista. Una sociedad que sistemáticamente nos excluye y nos discrimina y ahora nos requiere para cumplir un servicio. Por eso, como marica no estoy dispuesto a ir».
Un año antes de aquel juicio, Ehgam había organizado en el gaztetxe de Iruñea, ciudad-nido de insumisos e insumisas que en su cárcel apresaba a cientos de personas por oposición al servicio militar, unas jornadas estatales sobre insumisión marica o «insumisión rosa», en las que participó, entre otras organizaciones, la Radical Gai de Madrid.
En esta organización militaba José Decadi, autor del ensayo “Levanten nalgas. Hacia una perspectiva marica de la insumisión a la mili”, donde realizó una especie de revisión marica de la posición política antimilitarista e hizo, en definitiva, un llamamiento a “matar al padre”, a la figura-hombre e idea-hombre hacedora de guerras, a desvincularse de ella y, por tanto, a oponerse a una institución (la militar) que bien podía ser la casa del padre, fábrica del hombre heterosexual. «¿Qué papel juegan instituciones como el Ejército y el servicio militar, en cuyo pecho ruge el latido de la guerra y la potestad de engrandecerse sobre la violación y la aniquilación de ‘los otras?’ […] ¿Estamos todos y todas afectadas en la misma medida por las técnicas de poder que tendrían como objetivo la formación de cuerpos productivos y obedientes?», se preguntaba Decadi.
«El marica ya ha cumplido la edad de ir a la mili, aunque suspendió los cursos previos para ser un hombre. Es posible que el médico de la caja de reclutas logre volverlo a evaluar. El marica se lo está pensando. Se lo está pensando. Alegarse a sí mismo o negarse, borrarse el cuerpo, e ir al servicio militar», reza un párrafo del ensayo.
El mensaje era claro: no era el Ejército quien debía rechazar o tolerar a los gais, pues los maricas rechazaban al Ejército y sus valores de disciplina, violencia, jerarquía y uniformismo.
«PASA DE LA INSTRUCCIÓN»
El colectivo Ehgam asumió que «los ejércitos mantienen, desarrollan y propagan un modelo de sociedad homófoba, patriarcal, heterosexista y machista» y, con el ensayo “Levanten nalgas” como apoyo teórico, comenzó una campaña por la insumisión hasta convertirse en una de las principales organizaciones en Nafarroa contra la mili obligatoria. Llamaron la atención los carteles que decían “Maricón, pasa de la instrucción” o el lema que Xabi Sánchez lució en su camiseta el día del juicio: “Borrokarako gay”.
«Estos juicios por insumisión rosa suponen un acto de visibilidad total, crean un referente positivo de lucha para muchos gais que no soportan la jerarquía ni la disciplina del Ejército, ni la sociedad heteroexclusivista en la que vivimos», apuntó Ehgam en una nota que publicó tras la hazaña desobediente de Sánchez. Este militante de la organización creada en 1977 e ilegalizada durante su primera década practicaba la insumisión total, que suponía ignorar las citaciones judiciales u otros requerimientos y, por tanto, estuvo en orden de búsqueda y captura hasta que lo detuvieron.
«Por experiencias de otros maricas que han estado en la mili, sabemos que tienen que ocultar su identidad de marica dentro del acuartelamiento. Pensamos que eso es muy negativo para el desarrollo personal. El servicio militar es una estructura homófoba, machista y sexista que reprime el desarrollo de los maricas», declaró ese día Sánchez cuando salió del juzgado, donde decenas de personas acudieron a mostrar su solidaridad al insumiso navarro.
Fueron años de brutal represión, pero también de empoderamiento y politización de los maricas que elegían la cárcel antes que la mili o la PSS. «Salir del armario es también salir de estas instituciones y leyes, hacer público nuestro rechazo a los valores militares, negarnos a colaborar con el Servicio Militar y con sus Prestaciones Antisociales Sustitutorias, denunciar la homofobia de los ejércitos en los juicios por insumisión, denunciar la homofobia de las cárceles con las que nos castigan», reivindicaron los militantes de Ehgam. Y así lo hicieron hasta que en 2001 se logró acabar al fin con el servicio militar obligatorio.
[1980] «Naparra», 44 años y la lucha sigue
En el libro “Naparra kasu irekia” (Elkar, 2020), Jon Alonso recogió la epopeya de la familia Etxeberria Álvarez en busca de José Miguel Etxeberria, al que hicieron desaparecer en 1980, hace hoy 44 años. Un reportaje de Ramón Sola publicado en 7K en diciembre de 2020 resumió el libro y el vía crucis de la familia en 25 estaciones, desde la huida de “Naparra” en 1978 tras una redada en Altsasu hasta la excavación a finales de abril de este año en las Landas, último capítulo de esta búsqueda y que demuestra que la lucha por hallar la verdad sigue. Así lo aseguraba el propio escritor del libro en el reportaje de la revista dominical: «Si el caso de Naparra está vivo hoy día es por su padre Patxiku Etxeberria y su madre Celes Álvarez». Con Artefaktua, recuperamos el reportaje completo en NAIZ.

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