El año más frío
Si no me explico bien, luego amplío. Un reconocido meteorólogo acuñó una de las frases más contundentes de la reciente historia de la humanidad: vamos a vivir el año más frío de lo que nos queda de vida. ¿Se entiende bien? Es un enunciado irrevocable. Cada año se convierten en el más caluroso desde que se tienen datos, por lo tanto, este verano va a ser el más frío que viviremos, porque todos los siguientes van a ser más calientes. Abrasadores. Anuncian que para el año dos mil cincuenta existirán muchas zonas inhabitables en el planeta Tierra debido al incremento de las temperaturas que harán imposible la vida de los mamíferos en lugares que hoy están precisamente en pleno desarrollo. Tenemos un futuro muy incierto pese a que haya entrado el verano con una caída de temperaturas por debajo de lo que correspondería. Es una ilusión, mañana volveremos al horno.
Este frío relativo, casi metafísico, se asemeja a lo que se puede deducir de las imágenes del pleno de investidura en el parlamento vasco. Más que provenientes de un oasis, por la poca repercusión mediática que ha tenido fuera del cogollo, parece algo que sucede en un país imaginario cuyo territorio es una suerte de glaciar multicolor con muchos pingüinos y dos o tres morsas atentas a las redes. Cuando la luna es llena y de miel como ayer parece un lugar ideal para que la vida se desarrolle con silenciador y conformismo. No queda claro si eso que se esta viendo es una realidad o una representación que corresponde a un objetivo, una consecuencia o un timo. Y sucede el año más frío que viviremos.

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