José Antonio Cardosa, víctima de una carta-bomba contra HB

Un paquete-bomba, que iba destinado al militante abertzale Ildefonso Salazar, mató en Errenteria en 1989 al cartero José Antonio Cardosa, de apenas 22 años. Partidos e instituciones trataron de culpar a ETA, pero la misiva salió de los aparatos del Estado en un nuevo episodio de guerra sucia.
Sobre las 14.30 del 20 de septiembre de 1989, el cartero José Antonio Cardosa introdujo la carta en el buzón destinado a Ildefonso Salazar, en el portal 23 de la calle Juan de Olazabal de Errenteria. El paquete explotó en ese mismo instante, causando la muerte del joven cartero de 22 años.
La crónica publicada al día siguiente por “Egin”, con la que abrió el periódico, recoge que la Policía no encontró ningún resto de sustancia explosiva, tan solo un detonador «muy deteriorado» por la explosión. El Gobierno Civil, asimismo, aseguró que no se encontraron fragmentos del sobre, por lo que la versión oficial que instauró el Ejecutivo señalaba que no se podía conocer a quién iba destinado el paquete.
Sin embargo, la periodista de “Egin” Begoña Simón recalcó que «el boquete producido por la explosión se encontraba justo encima del lugar de depósito del correo de Ildefonso», además de que Cardosa «conocía muy bien a la familia Salazar, por lo que se desecha la posibilidad de que se confundiera de buzón».
El Gobierno de la época, de Felipe González, intentó sembrar la hipótesis de que era una acción de ETA, que estaba usando el método de las cartas-bomba contra funcionarios de prisiones y demás objetivos. En las reacciones de aquel día por parte de los distintos partidos políticos se puede observar que aquella versión no caló. Los partidos firmantes del Pacto de Ajuria Enea condenaron el ataque, aunque las versiones sobre la autoría variaban según las declaraciones.
Mientras el PNV advirtió a «los grupos violentos, cualesquiera que estos fuesen», de que no tendrían éxito, para el PSOE estos atentados «lo único que generan es una irracional espiral de violencia». Para el PP, HB, que lo había definido como «un acto de guerra sucia», estaba «desautorizada para protestar por nada». Y fue EA la que no puso en duda la versión de la autoría de ETA: «Alcanza un grado de perversión increíble».
Cardosa formaba parte del colectivo antimilitarista de Errenteria, que hizo público un comunicado en el que atinó más con los responsables de aquella acción. «Mostramos nuestro más absoluto repudio por esta acción que tiene todos los visos de provenir de manos de grupos parapoliciales. Esta acción viene enmarcada en la guerra sucia que elementos bien protegidos llevan a cabo desde la más absoluta impunidad contra organismos populares», señalaba la nota. «Hoy clamarán al cielo por su muerte los mismos que José Antonio había combatido por ese otro terrorismo que es el servicio militar, que se había negado a realizar».
CONFESIONES PÚBLICAS EN 2021
Pero esta acción no fue un hecho aislado. Durante esos meses, al menos otras dos bombas similares fueron remitidas al abogado Iñigo Iruin o a los concejales de HB en Azpeitia, entre los que se encontraban Mari Karmen Egiguren y Kike Zurutuza. Este último ofreció una entrevista a NAIZ en 2021, donde contó que por medio de la Policía Municipal del pueblo supieron que había una carta-bomba en las oficinas de Correos dirigida al grupo municipal de HB. Al acercarse a las oficinas de Correos, estas estaban rodeadas por la Ertzaintza. «La Ertzaintza, de muy malas maneras, nos negó los hechos y nos expulsó de la zona». Para Zurutuza, en esa entrevista realizada por Ibai Azparren, «mandaron detener las otras dos cartas-bomba para inculpar a ETA», y gracias a eso «estamos hoy aquí».
«Como nos negaron los hechos, y hasta que Roldán empezó a soltar la lengua nadie supo nada, creo que se archivó la causa, sí. Hay personas que testificaron pero todos lo negaban y nadie colaboraba, menos la directora de Correos de Azpeitia, que sí que dijo que tuvo que abrir la puerta a la unidad de desactivadores de la Guardia Civil. Ya conocemos cómo funciona la Audiencia Nacional y ahí se quedó el tema. En 2013, consulté con un abogado el tema, pero yo no tenía ningún dato objetivo más que mi palabra. Lo único que se me ocurrió hacer fue una denuncia pública, que la he reiterado en una comisión del Gobierno Vasco para esclarecer los abusos policiales», añade Zurutuza.
Y es que esta entrevista se hizo al calor de una información que vio la luz horas antes. El exjefe del Cesid Emilio Alonso Manglano publicó su biografía, donde confirma por el testimonio del exministro Antoni Asunción que las cartas-bomba enviadas a militantes de la izquierda abertzale en 1989 salieron de los aparatos del Estado. Y señalaba al entonces ministro del Interior, José Luis Corcuera.
Según la transcripción literal de la conversación, recogida en un documento de 40 páginas al que tuvo acceso “Abc”, el exministro le cuenta al jefe del espionaje que «Corcuera tiene algunas cosas, que yo sepa, el cartero este que murió, que le estalló la bomba». «Poca gente lo sabe, ese equipo funcionaba bien a esos niveles», añade luego. Y más adelante: «Esas son las cartas que enviaron ellos y un cartero, al doblar el paquete y meter las cartas en el buzón dobladas, estalló y murió».
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Allá por 2015 David Fernández cerraba una etapa de tres años en el Parlament de Catalunya, la primera aventura de la CUP en la Cámara. En una entrevista de Beñat Zaldua en 7K, el militante anticapitalista repasa algunos momentos de aquella legislatura: defiende la consulta del 9-N pese a no ser la suya, el abrazo con Artur Mas en «términos de feminización de la política» o el gesto de la sandalia a Rodrigo Rato. Y vaticina la que sería la respuesta de Madrid en 2017: «Todavía no hemos visto ni el 10% de lo que hará el Estado».
Fernández explica que se marchaba del Parlament «con una valoración ligeramente positiva», tras haberlo utilizado «como amplificador». Eso sí, reconoce «una impotencia cotidiana» porque «las decisiones políticas de verdad se toman en otros despachos». Ligado a ese poder, y a esa década, habla de corrupción. Fernández presidió la comisión sobre fraude fiscal y dejó para el recuerdo la sandalia mostrada a Rodrigo Rato. Preguntado por si lo volvería a hacer, no duda: «La tiraría. No una sandalia, sino la zapatería entera».

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