Laberinto de definiciones
Empezamos mal por estar atrapados en la viscosidad del lenguaje que empleamos para no ser señalados. Quizás sea un complejo de escribidor que tiene ramalazos de bienqueda, pero cada vez que me dirijo a alguien con alguna discapacidad no sé qué tono, ni que palabras emplear, ni que actitud tomar, ni si llego a entender su propia manera de dirigirse al mundo y, si por alguna circunstancia tengo que narrar alguna experiencia en este sentido, me cohíbo, debo pensar tantas veces la definición de un simple acto de cruzar una calle que prefiero excluirme de la responsabilidad y huyo del laberinto.
Por eso admiro a la neurologopeda tinerfeña Inés Rodríguez Martínez, a la que había visto de alguna manera casual en algún vídeo en las redes sociales, ahora tiene una sección propia en “El Intermedio” que se llama “Inusual”. Esta mujer de veinticinco años tiene parálisis cerebral y logra con sus entregas concienciarnos de una manera muy directa sobre algunas de las actitudes que los otros, los demás, tomamos ante personas como ella y que producen en los afectados efectos de defensa inmediata. Llega a decir, “Como vuelvas a llamarme campeona, te apuñalo”. Y con esta rotunda idea nos coloca ante nuestra incapacidad manifiesta para establecer relaciones normales con las personas que tienen alguna discapacidad porque, además, nadie nos enseñó.
Cuesta entender que las personas con diversidad funcional saben perfectamente lo que son, lo que hacen, lo que pueden hacer, somos los demás quienes nos cuesta aceptar esa realidad que desde hace muy poco tiempo se visualiza socialmente.

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