Continúa el idilio en El Sadar, pero el equipo debe contribuir con más fútbol
La escuadra navarra protagonizó un encuentro con muchos grises, que lo sacó adelante por la calidad individual en ambas áreas. Herrera evitó que Las Palmas se pusiera por delante, Moncayola corrió lo indecible y Budimir, así como Aimar, aportaron eficacia.

No siempre gana el que mejor juega. Y eso sucedió ayer en El Sadar. Las Palmas no justificó su situación clasificatoria por el juego que desplegó en el estadio iruindarra, pero perdonó más de la cuenta. Y de ello, junto a su eficacia, se aprovechó Osasuna para mantenerse invicto en su feudo, donde sigue sumando de tres en tres.
Aunque luego los acalló el 2-1 de Aimar, la mejor prueba de que el juego de la escuadra navarra no gustó fueron los primeros pitidos que se oyeron en las gradas, allá por el minuto 48, cuando el rival más estaba achuchando y parecía más cercano el triunfo visitante que el local. Sin embargo, el fútbol es cuestión de acierto y ahí estuvieron más certeros los anfitriones. El futbolista de Arazuri sacó su varita mágica y permitió con un zurdazo cruzado que los tres puntos se quedasen en Iruñea.
La desahogada situación clasificatoria del cuadro rojillo no puede ocultar, en todo caso, que al equipo le falta fluidez y velocidad en su juego. Pudo tener algo de culpa que en el once apenas hubiese variaciones con respecto al que perdió en Vallecas. Solo Budimir le arrebató su puesto al goleador Raúl.
Al bloque de Vicente Moreno lo sostuvo el incansable Jon Moncayola, las intervenciones de Sergio Herrera -también tuvo algún debe- y la eficacia de Budimir y Aimar, sumado a la falta de colmillo del adversario. En cualquier otra circunstancia, posiblemente esta crónica estaría reflejando el primer tropiezo casero de Osasuna.
MAYOR CONSISTENCIA
Se echó de menos una mayor consistencia en la medular -se nota la ausencia de Iker Muñoz- y, sobre todo, hilvanar fases de dominio imponiendo la condición de local. De momento, y aunque se recuperan balones, luego está costando y mucho que eso dé pie a circulaciones de balón, más o menos estables. En ese aspecto, Las Palmas fue superior.
Pero, como aquí de lo que se trata es de marcar más goles que el contrincante, pues la felicidad quedó instalada en la capital navarra y las apreturas seguirán estando una semana más revoloteando en el entorno del equipo canario. El deseo de la previa de Vicente Moreno de que los suyos fuesen protagonistas se quedó a medias, sí que lo fueron en cuanto a eficiencia.
Porque ahí Osasuna sí que fue bastante mejor en ambas áreas, aunque ello respondiese más a las actuaciones inviduales que colectivas. Diez puntos en seis jornadas -se podría decir que es un cuarto de salvación- constituyen un colchón lo suficientemente cómodo como para que el equipo piense también en ofrecer una propuesta futbolística más ambiciosa y agradable para su parroquia, que se fue satisfecha a casa por el resultado, pero no por el juego desplegado.
Esto no ha hecho más que comenzar, apenas se han recorrido los primeros pasos de la temporada, y hay que dar margen de maniobra para pensar que el equipo acabará absorbiendo los criterios futbolísticos del nuevo cuerpo técnico. Este próximo martes habrá una magnífica oportunidad en Mestalla para demostrar con imagen y puntería que este bloque, casi calcado al del ejercicio pasado, sabe hacer las cosas mejor.

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