Hechos consumados
Pasamos nuestra primera juventud con el señuelo de la huelga general política y el uso costumbrista de unos términos como “realpolitik” o hechos consumados, que nos allanaban el camino a soportar algunas de las frustraciones que aquella militancia áulica nos provocaba hasta llegar a la incredulidad. Pero los hechos consumados es una forma de hacer política que cada vez se establece como la única posibilidad de convertir el discurso y la retórica en algo tangible.
También sirve para esquivar los platós de televisión tan repleto de hooligans, paniaguados, altoparlantes con disco duro integrado y posibilistas de dirección única con retroceso automático. Un ejemplo claro, meridiano, eficaz, iluminador y sin posibilidad de enmienda es lo que está haciendo Emmanuele Macron que, en vez de hacer declaraciones televisivas, nombra un gobierno de acuerdo con Marine Le Pen para que se lleven a término las políticas más reaccionarias y de ultraderecha posible yendo en contra de lo que una parte de la ciudadanía francesa expresó en las urnas. Toda la esperanza del Nuevo Frente Popular para hacer políticas sociales progresistas se va por los desagües del Eliseo con este peligroso golpe de mano, con estos hechos consumados.
Otro ejemplo sangrante es la beligerancia extrema y terrorista de Israel. No declara la guerra, asesina indiscriminadamente, ocupa territorios, arrasa pueblos, hospitales, escuelas y sigue amenazando con más acciones, en este caso de la muerte como doctrina. Detectamos un gran fallo sistémico internacional.

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