Asier ROBLES
2009

«Alakrana», 47 días de secuestro en aguas somalíes

Concentración en Bermeo para exigir la libertad de los marineros del Alakrana secuestrados.
Concentración en Bermeo para exigir la libertad de los marineros del Alakrana secuestrados. (Imanol OTEGI | FOKU)

Hacia las 05.30 de la madrugada del 2 de octubre de 2009, el Alakrana, con 36 tripulantes a bordo, perdía la comunicación mientras faenaba en aguas del Índico frente a las costas somalíes. Minutos más tarde, dos aviones luxemburgueses del operativo de seguridad Atalanta de la Unión Europea confirmaban el secuestro del atunero a manos de supuestos piratas somalíes.

La tripulación del buque, con base en el puerto de Bermeo, estaba compuesta por siete tripulantes vascos, ocho gallegos, un andaluz y otros 20 de diversas nacionalidades como Indonesia, Ghana, Costa de Marfil o Madagascar. Los denominados piratas se habían acercado al atunero con esquifes y, tras abordarlo armas en mano, habían tomado su control secuestrando a toda la tripulación con el objetivo de pedir un rescate.

La noticia abrió los informativos de las radios y televisiones, generando gran interés mediático en todo el Estado español. Las informaciones sobre la ubicación real del pesquero en el momento del secuestro y la cronología de las actuaciones en esas primeras horas eran contradictorias. La empresa Echebastar Fleet, propietaria del barco, negaba algunos de los datos dados por el Gobierno español y la Consejería de Agricultura y Pesca del Gobierno de Lakua, como que el Alakrana estaba faenando fuera del perímetro de seguridad y a solo 400 millas de las costas somalíes.

Una redactora de GARA se acercó a Bermeo para conocer de cerca la situación, aunque se encontró con el puerto cerrado a los medios de comunicación. Según relataba, el secuestro no había causado gran sorpresa entre los bermeotarras, pero sí enfado porque los arrantzales llevaban años quejándose de falta de seguridad en aguas del Índico. «Esto se veía venir, ya no hay la misma seguridad que antes», indicaba un arrantzale jubilado. De hecho, en abril de 2008 el atunero Playa de Bakio también estuvo retenido por otro grupo de piratas durante siete días, hasta pagar un rescate.

Un portavoz de los secuestradores del Alakrana afirmaba que ellos no eran piratas. «Piratas son los barcos que pescan ilegalmente en la región y realizan vertidos en el Índico. Nosotros solo queremos dinero», afirmaba. Legal o no, lo cierto es que muchos Estados de Europa se aprovechan de la falta de autoridad gubernamental en los países del Cuerno de África para obtener mejores condiciones y beneficios de pesca en esas aguas.

El Alakrana fue dirigido hacia la costa somalí. Al mismo tiempo, las autoridades españolas y la empresa propietaria del buque comenzaban las gestiones para resolver la situación. La Armada española movilizó varios helicópteros y la fragata Canarias, pero el asalto directo al pesquero parecía muy arriesgado. Abrieron vías de negociación en las que, al parecer, participó hasta el CNI. Pero la información sobre estas actuaciones diplomáticas y militares era escasa y, a veces, contradictoria.

DETENCIONES QUE COMPLICARON EL RESCATE

En la madrugada del 4 de octubre la situación se complicó cuando dos de los piratas fueron capturados por la Armada española al abandonar el barco con parte del dinero sustraído en el Alakrana. Ambos fueron trasladados al Estado español para ser juzgados por la Audiencia Nacional, lo que provocó una escalada de tensiones y, a la larga, dificultó mucho las negociaciones, ya que los secuestradores exigieron la liberación de sus compañeros como parte del acuerdo. Además, uno de los detenidos se declaró menor de edad, lo que retorcía más la situación, pero unas pruebas forenses certificaron que tenía más de 18 años.

Ese mismo domingo, los secuestradores dejaron a los pescadores ponerse en contacto con sus familiares, lo que seguramente perseguía el objetivo de meter presión. Los familiares pidieron no realizar una intervención del Ejército «a las bravas», y que se negociase con los secuestradores.

El titular de la noticia de GARA del 6 de octubre evidenciaba que el secuestro iba para largo: «Madrid insinúa un largo secuestro y no descarta ninguna opción para el rescate».

Durante las siguientes semanas la información fue llegando a cuentagotas, con momentos en los que se llegó a temer por la vida de los pescadores. Los secuestradores amenazaron con ir ejecutando a los secuestrados si no se liberaba a los detenidos, y el trato dado a los 36 tripulantes empeoró significativamente. También empezaron a salir a luz las primeras cifras, que hablaban de que los somalíes reclamaban un botín de 2,7 millones de euros.

LIBERACIÓN Y UNA GESTIÓN CONFUSA

Tras varias semanas de angustia, finalmente, el 17 de noviembre los secuestradores abandonaron el barco tras recibir el dinero del rescate, y los 36 tripulantes fueron finalmente liberados. También se especuló con la liberación de los dos detenidos, pero eso nunca llegó a suceder. El barco atunero puso rumbo hacia las Seychelles escoltado por unidades de la Armada española. Ahí, los pescadores fueron atendidos antes de regresar en avión. La noticia fue recibida con gran alegría en toda Euskal Herria y, en particular, en Bermeo, donde se retiró el cartel puesto en el Ayuntamiento que marcaba los días de secuestro: 47.

No se supo exactamente quién pagó el rescate ni cuál fue la cifra final. Algunas fuentes hablaron de 2,3 millones de euros, pero otras aumentaban la cifra a los 4 millones.

Otra de las cuestiones que generó bastante debate fue la actuación de los diferentes organismos del Estado, en especial la de la Audiencia Nacional y la del Gobierno de Zapatero. La detención de los dos piratas fue la gran razón del desbarajuste que se montó, ya que, a la postre, fue lo que dificultó todo. «Hasta tal punto ha sido desastrosa la actuación del Gobierno español que en lugar de poner en jaque a los piratas ha acabado generando una crisis interministerial, con informes clasificados de secretos volando por las redacciones de los principales medios de comunicación sin otra intención que la de señalar con el dedo acusica a la compañera o compañero de Consejo de Ministros, que respondía con un «y tú más», comentaba Iñaki Iriondo en un comentario publicado en GARA un día después de la liberación.



[2005]

La cuestión nuclear iraní, desde el propio país persa

El periodista Txente Rekondo vivió en 2005 el debate en torno al programa nuclear iraní desde el propio país. En aquella época, el régimen islámico estaba fortaleciendo su papel como potencia regional, un objetivo que ha marcado el devenir de los iraníes en las últimas dos décadas.

El reportaje, publicado el 2 de octubre de 2005 en GARA, y que se puede leer ahora en NAIZ, aborda la compleja situación política de Irán en un momento de tensiones internacionales crecientes. Más allá de las diferencias políticas dentro del país, Rekondo constató que los iraníes coinciden en el derecho a tener tecnología nuclear. Asimismo, subraya la estrecha relación entre política y religión en la República Islámica de Irán.

Son cuestiones que siguen muy vivas, ya que muchos de esas dinámicas continúan presentes. Así, el programa nuclear ha sido el pretexto para las sanciones internacionales que ha impuesto Occidente al país persa. Los objetivos nucleares de Irán, las relaciones de poder en Oriente Medio y la influencia del chiísmo en la política regional son temas centrales en la geopolítica global.