Josep SOLANO
HONG KONG
Elkarrizketa
cheung yiu-leung
Abogado y defensor de la democracia en Hong Kong

«No pedimos nada del otro mundo, solo lo que nos prometieron»

Cheung Yiu-leung, distinguido abogado y destacado defensor de la democracia en Hong Kong, es conocido por su inquebrantable compromiso con la integridad legal y con los derechos humanos. Cheung sigue mostrándose crítico con el creciente control político en Hong Kong por parte de Pekín.

(Fotografías: Josep SOLANO)

Su postura valiente ha convertido a Cheung Yiu-leung en una figura clave en la lucha por preservar las libertades y la autonomía de Hong Kong. A pesar de enfrentar desafíos personales y profesionales significativos, sigue siendo un símbolo de resistencia en el movimiento pro-democracia. Su coraje y labor continúansiendo fuente de inspiración para los defensores de los valores democráticos tanto a nivel local como internacional.

¿Cómo describiría la situación política actual?

Es un cambio total respecto a lo que solíamos tener en términos de Estado de derecho, sociedad civil y jurisdicción de derechos humanos. Ahora es literalmente un Estado policial: tras la promulgación de la ley de seguridad nacional en 2020 y, más recientemente, la ordenanza de salvaguarda de la seguridad nacional, con dos legislaciones de seguridad nacional en vigor. Literalmente, prevalecen sobre lo prometido por la Ley Básica, en la que nuestros derechos humanos fundamentales, nuestro llamado Estado de derecho y nuestro estilo de vida han sido abandonados. Esta es una situación terrible nunca vista en los últimos 100 años en la historia de Hong Kong. Es muy grave; no estoy exagerando.

¿Puede darme uno o dos ejemplos que ilustren esta situación?

En los últimos 20 o 25 años, Hong Kong ha sido una ciudad de manifestaciones públicas, pero siempre pacíficas, ordenadas, racionales, en las que la gente expresaba su deseo, su preocupación o, incluso, se podría decir, su enojo, pero todo de manera pacífica, incluyendo algunas manifestaciones en los últimos años con más de un millón de personas. En muchos países eso podría derrocar a un Gobierno, pero aquí, en los últimos 20-25 años, nunca se ha visto una botella rota, nunca se ha visto ningún negocio saqueado y después de la manifestación, incluso las calles estaban más limpias que antes. La gente ni siquiera dejaba basura, aunque estuvieran muy enojados expresando su preocupación.

Otro ejemplo es que Hong Kong solía ser una ciudad muy vibrante en términos de publicaciones, en términos de sociedad civil. Pero desde la llegada de la ley de seguridad nacional más de 50 ONG han desaparecido, por ejemplo, el sindicato de profesores, muchos sindicatos laborales, organizaciones de derechos humanos. Amnistía Internacio- nal ha dejado Hong Kong. Muchas otras organizaciones extranjeras se han reubicado en otros lugares. Esta reducción de la sociedad civil es una clara evidencia de que la ciudad está yendo rápidamente cuesta abajo. Se puede ver que es un daño irreversible.

¿Es culpa del Gobierno de Hong Kong?

Esto se debe a que Pekín ha revisado sistémicamente su política sobre Hong Kong. Han decidido que ya no tolerarán cómo se administraba Hong Kong, pero no estamos pidiendo nada del otro mundo, solo lo que nos prometieron. Cuando China y Reino Unido firmaron el acuerdo mutuo en 1984, devolviendo Hong Kong a China, Pekín garantizó que la vida en Hong Kong seguiría como hasta entonces y permanecería sin cambios durante 50 años, y que el Estado de derecho, el sistema legal básico y los derechos humanos fundamentales enunciados en los dos pactos internacionales se mantendrían. Eso es lo que prometieron: no estamos pidiendo un gran favor, solo pedimos que cumplan su promesa, es todo.

¿Respetar los compromisos?

¡Exacto! Y ahora tratan La Declaración Conjunta como si nunca hubiera existido. El portavoz del Ministerio de Exteriores dijo en una conferencia de prensa en Pekín que la Declaración Conjunta entre China y Reino Unido no era más que un documento histórico. ¿Qué quieren decir con documento histórico? ¡Es un documento válido! Fue presentado en las Naciones Unidas. Están diciendo que es historia y eso significa que pueden ignorarlo. Es desalentador que al decir eso estén revisando la política de Hong Kong, pero una señal que vimos muy clara fue cuando en 2014 el Departamento de Estado de China publicó un llamado ‘Libro Blanco sobre la Política de Hong Kong’, en el cual decía claramente que el Gobierno central de China retenía el poder de administración general sobre Hong Kong, y ahí es cuando todo comenzó y empezamos a asustamos.

¿Por qué?

Porque según nuestra Ley Básica, China prometió que Hong Kong mantendría su propio sistema y que el Gobierno central solo retendría dos poderes: el militar, que es la defensa, y los asuntos exteriores, y Hong Kong seguiría con su propia administración, su propio sistema legal y, especialmente, su sistema capitalista. Pero ahora dice que retienen todos los poderes de la administración. Eso significa ‘vamos a controlarte’. Y eso ha sucedido.

¿De qué manera ocurrió?

A la manera de China, porque ahora sabemos que ha establecido comités del partido en casi todos los niveles en Hong Kong. Creo que tiene miembros del partido en la administración del gobierno. Tiene un comité del partido en la universidad, en la educación y especialmente en la Policía. Detrás de casi todo. Así es como un país comunista gobierna su propio país. El Gobierno es la Administración, pero detrás de eso, quien controla es el Partido Comunista.

¿Cuándo cree que se inició?

Creo que todo comenzó en 2003, cuando el Gobierno de Hong Kong intentó, por primera vez, introducir el artículo 23 de la Ley Básica, que es una legislación para salvaguardar la seguridad nacional, lo que desencadenó enormes protestas, enfado y preocupación en todo Hong Kong. El 1 de julio de 2003 hubo una protesta en las calles. El 1 de julio es el llamado Día de la Transferencia de Hong Kong y se dijo que era una protesta de más de medio millón de manifestantes. Yo estuve allí y creo que eran al menos tres cuartos de millón y esa manifestación masiva desencadenó la ansiedad en Pekín.

Entonces se dieron cuenta de que Hong Kong y su gente nunca acatarían silenciosamente la política de China. Y desde 2003 comenzaron a revisar la política, apretaron el control sigilosamente, a veces visible y abiertamente, pero lenta y gradualmente. Sentíamos que el Gobierno central estaba intensificando el control en todos los sentidos: en la prensa, en la educación, en la radio, en la televisión, en la cultura... En todo, pero aún así la gente podía salir a la calle.

Durante estas dos décadas, cada vez que lo hacíamos, ¿qué hacía la Policía? Regulaba el tráfico, facilitaba el orden y el desarrollo de la manifestación, y nunca tuvimos problemas. La Policía no necesitaba recurrir a gritos, advertencias, gases lacrimógenos, porras... ¡Nunca! Solo regulaban y esta interacción era bastante pacífica, bastante civilizada hasta 2019, cuando comenzaron las protestas masivas.

¿Por qué estalló la violencia?

Porque la gente estaba muy irritada: querían acercarse a la sede del Gobierno y la Policía trató de alejarlos y hubo alguna confrontación, incluso física. Esa fue la primera vez que la Policía usó gases lacrimógenos. Usar gases lacrimógenos es una medida peligrosa porque no solo daña a las personas, sino que también genera enfado y efectivamente hubo una escalada de la violencia. Horas después, utilizaron balas de goma. Nunca habíamos tenido eso antes, a nadie le gustó la violencia.

Algunos aseguran que la situación ahora es mucho más tranquila.

Bueno, la sociedad civil básicamente ha desaparecido. Esto es peligroso, porque sin sociedad civil, las opiniones de la gente han perdido un canal para expresarse y ahora no tenemos prensa libre, no tenemos radio libre y la televisión es como la Televisión Central de la República Popular de China. ¿Y ahora qué? ¿Qué siente la gente? La gente está lo suficientemente enojada como para trasladarse al extranjero, que es lo que están haciendo. Desde 2020, medio millón de hongkoneses ya se han marchado, en su mayoría personas educadas y de clase media. Si los mejores cerebros se van, si aquellos que tienen la capacidad de dirigir la sociedad, la clase media, se van, es solo cuestión de tiempo que esta sociedad se desmorone. Y lo peor de todo es que no vemos futuro.

¿Es posible restaurar las libertades que existían en el pasado?

Sin una revisión de la política de China hacia Hong Kong, no veo esperanza ni posibilidad de cambiar la situación actual. Basta ecuchar la retórica y narrativa militarista de Xi Jinping. Hong Kong nunca ha sido un guerrero lobo: somos amigos de todo el mundo. Durante más de 100 años, Hong Kong ha sido como un imán: personas de todo el mundo vienen aquí y les encanta. Ahora esta es una sociedad china, pero al mismo tiempo es un centro internacional. Es pequeño, está abarrotado, pero es vibrante, y hacemos negocios fácilmente. Adoptamos diferentes actitudes comerciales, somos eficientes, pragmáticos y somos bilingües. Y estas son las ventajas que China no tiene.

En Europa hay una creciente simpatía hacia Hong Kong. ¿Cómo lo valora?

Con gratitud. Como digo, somos amigos del mundo. No somos nacionalistas: respetamos a las personas que respetan los valores universales y eso es lo importante. Sentimos que, en todo el mundo, especialmente en el mundo civilizado, tenemos mucho apoyo y simpatía. Estamos profundamente agradecidos por ese apoyo.

Si hablamos sobre Cataluña y el País Vasco (un lugar por el que pasé brevemente hace algunos años) y, sabiendo que nuestra voz ha llegado hasta allí, me conmueve profundamente saberlo, y eso también confirma mi convicción: podemos transformar el mundo hacia un futuro mejor no con armas, sino con nuestra conciencia y nuestra voz.