Subijana y Arzak, en las «cocinas» de la Audiencia Nacional

Se podría decir que, junto con otros compañeros más, Pedro Subijana, Juan Mari Arzak, Karlos Arguiñano y Martín Berasategui son los grandes nombres de la cocina vasca, aquellos que en su día apostaron por una renovación y que son protagonistas de las principales páginas de la enciclopedia histórica de la gastronomía de este país. Sin embargo, el 18 de octubre de 2004 los fuegos no se encendieron en sus respectivos restaurantes; en aquella ocasión, y nunca mejor dicho, era el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu quien llevaba la sartén por el mango.
Acompañados por su abogado, los restauradores Subijana y Arzak comparecían durante cuarenta minutos en calidad de imputados ante el magistrado, quien los acusaba de un delito de «colaboración con banda armada» por su supuesta relación con el pago del denominado «impuesto revolucionario».
A las puertas del tribunal especial español, Subijana, en su nombre y en el de sus tres compañeros -Arguiñano y Berasategui comparecerían el 4 de noviembre como testigos-, pidió «un poquito de respeto» ante la campaña de criminalización desatada desde los más diversos sectores.
Sus nombres saltaron a la primera plana de rotativos e informativos pocos días antes, tras una filtración periodística en la que se aseguraba que José Luis Beotegi, detenido en Ugao el 7 de octubre y que posteriormente denunció haber sido torturado, había declarado -primero ante la Guardia Civil y después ante el juez- que los cuatro afamados restauradores vascos habían sido requeridos por ETA para que pagaran 72.000 euros cada uno. Según el diario “La Razón”, primer medio en dar a conocer esta información, dos de ellos, Arzak y Subijana, habrían pagado unos 36.000 euros a la organización armada.
En una breve declaración tras la comparecencia judicial, Subijana manifestó que tanto él como sus compañeros son «cocineros, gente de bien que nos dedicamos a hacer felices a los demás y que pedimos un poquito de respeto que, en algunos casos, no se ha dado».
Las muestras de apoyo tras la apertura de esta causa trajeron consigo una ola de solidaridad llegada desde diferentes ámbitos, también desde el gastronómico, ya que una veintena de cocineros vascos y riojanos suscribieron una declaración denunciando el «linchamiento» que estaban sufriendo.
Aunque la causa se hallaba oficialmente bajo secreto sumarial, pocas horas después de esta comparecencia la agencia Efe aseguraba que el juez Andreu se inclinaba por decretar el archivo y el sobreseimiento de las actuaciones. Y así fue, quedando todo en agua de borrajas.
DOLOR
Si nos subimos a este “DeLorean periodístico” llamado Artefaktua, aterrizamos el 18 de octubre de 2021 en el Palacio de Aiete de Donostia, frente al coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, y al secretario general de Sortu, Arkaitz Rodríguez, quienes se disponen a leer un comunicado. «Hoy queremos hacer una mención específica a las víctimas causadas por la violencia de ETA. Queremos transmitirles nuestro pesar y dolor por el sufrimiento padecido. Sentimos su dolor, y desde ese sentimiento sincero, afirmamos que el mismo nunca debió haberse producido, a nadie puede satisfacer que todo aquello sucediera, ni que se hubiera prolongado tanto en el tiempo. Debíamos haber logrado llegar antes a Aiete».
En el mismo escenario donde diez años antes se producía una declaración histórica, la izquierda independentista vasca vuelve a subir otro escalón en cuanto a la resolución del conflicto y a sus consecuencias se refiere. Esta vez, poniendo especial atención en las víctimas. Vuelve a mostrar públicamente su compromiso con el cumplimiento de la Declaración de Aiete y responde a quienes en su día sembraron dudas sobre su sinceridad: «No había trampa, no se trataba de ningún cálculo político».
Y, por supuesto, una referencia a los presos, un reto «ineludible para todos, que pasa necesariamente por poner fin a la política penitenciaria de excepción y por darle una solución integral».
Por suerte, en este 2024 no será necesaria la ayuda de ningún DeLorean para buscar tiempos mejores respecto a esta cuestión, pues será el próximo verano cuando veamos celebrar el último Hatortxu Rock para brindar por el fin de la dispersión y el regreso de todas a casa.
[2001-2004] Albiste lazgarriak Pumori eta Cho Oyu-tik
Euskal alpinismoaren historia beltza dakar gogora urriak, bi hamarkada igaro ondoren ere. 2001ean berri lazgarriak Himalaia aldetik. Sakana-Pumori espedizioko bost lagun desagertu ziren 7.161 metroko mendiaren magalean, lehen eta bigarren kanpamentuen arteko bidea egiten ari zirela. Sokalagunen berririk ez, eta Xabier Ostolaza, Jon Odriozola eta Jexux Mari Errazu, beheko kanpamentuan geratu ziren hiru kideak, ziztu batean abiatu ziren mendian gora. Mendia hautsi zuen elur-jausia ikusi zuten, eta mendiko bi buzo. Ez zegoen esperantzarako zirrikiturik. Pumori -«mendiaren alaba»- tontorraren magalean geratu ziren betirako Beñat Arrue (Aizarna, 22 urte), Iñaki Aiertza (Aizarnazabal, 27), Aritz Artieda (Etxarri Aranatz 23), Javi Arkauz (Lakuntza, 22) eta Cesar Nieto (Iruñea, 23).
Hiru urte geroago, egun bertsuetan eman zituen azken pausoak Xabier Ormazabal Urretxuko semeak. Cho Oyun hil zen 2004an, egun batzuk lehenago Shisha Pangma, bere lehen zortzi milakoa, igo ondoren (8.027 metro). 23 urte zituen Ormazabalek, eta ibilbide distiratsua osatzen ari zen, oso gazte.

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