Vicente Ameztoy pintó el paraíso en un mundo en guerra

El artista posa serio para la cámara de Joseba Olalde. Detrás se aprecia su versión del paraíso, plasmada en uno de los retablos que este agnóstico, excepcional y libre, pintó para la ermita de Remelluri. Es una fotografía para el recuerdo: tal día como hoy, en 2001, se conocía la muerte de Vicente Ameztoy, a los 55 años de edad. Tres años después, con 45 años, falleció el fotógrafo.
La noticia de la muerte de Vicente Ameztoy, uno de los grandes de la pintura vasca, llegó la víspera a la redacción. Fue ingresado el domingo 4 en el Hospital Donostia y para el martes 6 ya había fallecido. Pese a que se conocía su delicado estado de salud, la noticia provocó un gran impacto en el mundo cultural vasco. Ameztoy solo tenía 55 años de edad.
«La muerte le llegó a Vicente Ameztoy tras una recaída de sus dolencias sufrida hace varios días en Bastida, en su santuario particular de la ermita de Nuestra Señora de Remelluri. Allí pasaba los veranos desde hace diez años, un periodo que dedicó casi exclusivamente a pintar la pequeña capilla románica a petición de la familia Rodríguez Salís-Hernandorena», escribía Xole Aramendi en la edición de GARA publicada el 8 de noviembre de 2001.
La ermita, un proyecto de arte religioso en permanente diálogo con su propio agnosticismo, era el proyecto de su vida: a lo largo de la última parte de su vida creó su propio paraíso al pie de la sierra de Toloño, en Nuestra Señora de Remelluri, en la Rioja alavesa. Un trabajo que presentó públicamente en setiembre de 2000, solo un año antes de su muerte, en el Koldo Mitxelena donostiarra. La exposición se titulaba “Sagrado-Profano” y suponía su regreso a las salas después de diez años de silencio.
Allí estaban sus paisajes, sus santos con el rostro de personas de su entorno... Relataba Martín Anso que «Ameztoy no habló demasiado. Quizá porque, tal y como aseguró en una de sus pocas intervenciones, está convencido de que el lenguaje que emplea en sus obras es claro y directo». El fotógrafo Joseba Olalde Azkorreta, quien trabajó en “Egin” y también en “Euskaldunon Egunkaria”, fue quien documentó el trabajo de Ameztoy en Remelluri. Un encargo que fue publicado tras su muerte y al que corresponde la fotografía que ilustra esta crónica.
Nacido en Donostia en 1946, sobrino del pintor Jesús Olasagasti, la de Vicente Ameztoy fue «una trayectoria muy singular que no tiene parangón en Euskal Herria y creo que tampoco en el Estado español», explicaba Fernando Golvano, comisario de la última exposición realizada por el pintor en el Koldo Mitxelena de Donostia.
Posiblemente, la mayoría de nosotros tenemos guardada en el subconsciente alguna de las imágenes creadas por este artista, por alguna portada -las hizo para “Euskadi Sioux” y “Zeruko Argia”-, algún póster -los de Zinemaldia y la Quincena Musical en 1991 y 2000, respectivamente-, o por el mundo onírico, verde, clorofílico y tan rural que creó en la dirección artística de la película “Vacas” (1992), de Julio Medem.
También fue un artista comprometido. En febrero de 1981, entró a escondidas con Juan Cruz Unzurrunzaga en la morgue de Zizurkil para hacer las fotos que confirmaron la brutalidad de las torturas sufridas por Joxe Arregi en dependencias policiales. Gracias a ellos se tuvo constancia de aquella barbarie. Fue un secreto durante décadas.
Un año antes, junto a José Luis Zumeta (Usurbil, 1939-Donostia, 2020) y Carlos Zabala, Arrastalu, Ameztoy había creado “Lemoiz gelditu”, un icónico mural de grandes dimensiones. En 2020, fue presentado por el Museo Bellas Artes de Bilbo: «Difícilmente imaginarían José Luis Zumeta, Vicente Ameztoy y Carlos Zabala que, 40 años después de pintar el mural ‘Lemoiz gelditu’ en unas jornadas contra la central nuclear, la obra sería expuesta en el Bellas Artes de Bilbo e inaugurada por un consejero y portavoz gubernamental del PNV, el partido que auguraba que tendríamos que alumbrar las casas con velas si no salía adelante aquel proyecto», leíamos en el editorial de GARA.
[2021] Aimar Olaizola, aro baten amaiera
43 urte bete zituen egunean bertan, 2021eko azaroaren 13an, agur esan zion Aimar Olaizola pilotariak ibilbide oparo bati. Aurreko igandean, hilaren 7an, ZAZPIKAk bere azalera eraman zuen Jon Ormazabalek gure kirolaren mito honi egin zion elkarrizketa sakona. Argazkiak Jon Urbek sinatu zituen. Eta agur honi aro baten amaieraren itxura hartu zion Jon Ormazabalek, pilotan espezializatutako NAIZ eta GARAko kirol-kazetariak. Ormazabalek idatzitako testu osoa NAIZen duzue irakurgai, baina hemen artikuluaren hasiera: «Bokaziozko ogibidea omen kazetaritza. Nire kasuan, kantxan eta futbol-zelaian ‘karrerarik’ egingo ez nuela ohartzen joan nintzen eran, nahiko azkar, egia esan behar bada (elikatutakoa izan zela esango nuke), eta profesioaren miserien erdian, izan ditudan pribilegioez hausnartzeko ere balio izan duen memoria ariketa izan da Artefaktuarena. Aimar Olaizolaren despedidaren elkarrizketa hau, esaterako, pilotaren historiako urrezko aroetako bat, barru-barrutik ez bada oso gertutik bai behintzat, bizi izanarena. Eta Aimar Olaizolaren izenak ia ezinbestean Juan Martinez de Irujorena dakar atzetik».

«Gizarte aldaketa handi bat» eskatu du euskararen komunitateak

ASKE TOMA EL TESTIGO DEL HATORTXU EN ATARRABIA

Un ertzaina fue jefe de Seguridad de Osakidetza con documentación falsa

Aerosorgailu bat zure esne kaxan
