Natxo MATXIN
ALAVÉS

Un riguroso penalti impide que los albiazules puntúen en el Metropolitano

Unas manos de Abqar -desequilibrado en el salto con Sorloth y sin poder ver la trayectoria de la pelota- impulsaron la remontada del Atlético en el último cuarto de hora, después de que la escuadra babazorra marchase por delante durante 68 minutos.

Guridi engaña a Oblak y materializa desde los once metros el 0-1.
Guridi engaña a Oblak y materializa desde los once metros el 0-1. (Óscar DEL POZO | AFP PHOTO)

Del sueño a la pesadilla. Esa es la sensación que sufrió el Alavés en el Metropolitano, un estadio que sigue siendo inexpugnable para los babazorros -solo han ganado en su historia un par de veces en feudo colchonero-, pero en el que ayer fueron ganando durante 68 minutos. El último cuarto de hora resultó decisivo para que ese roce con una balsámica victoria se quedase finalmente en agua de borrajas.

El principio del fin fue un penalti de esos que, con el actual reglamento, se acaban pitando, pero que no entran dentro de la lógica futbolística. Que sea sancionable un golpeo del balón en el brazo de un jugador que acaba de saltar con un rival y salir desequilibrado -la propia inercia corporal lleva a extender las extremidades superiores-, además estando de espaldas a la trayectoria de la pelota, no parece de recibo.

No es extraño, pues, que Luis García Plaza se quejase amargamente tanto en el momento de la jugada -vio la amarilla por ello-, como a la conclusión del encuentro, recordando que su equipo ha sido maltratado las últimas jornadas con decisiones que le han costado varios puntos que le permitirían estar alejado de los puestos de la quema.

También los cambios que obró Simeone -el argentino sumó el récord de 700 partidos en un mismo equipo- al descanso, dando entrada a su hijo Giluiano y a Sorloth, resultaron determinantes. Entre ambos, el primero volviendo loca a la banda izquierda albiazul y el segundo siendo actor principal en las dos dianas de la remontada local, desbarataron todo el enorme trabajo defensivo que hasta ese momento se había desarrollado.

Porque antes del tramo final, El Glorioso firmó un partido en el que acumuló suficientes méritos como para hacerse con tres puntos que hubieran resultado un auténtico calmante para su delicada situación clasificatoria. Ayudó sobremanera a ese plan de partido ideal el tempranero gol anotado por Jon Guridi al materializar una pena máxima sin discusión por unas claras manos de Javi Galán dentro del área tras centro desde la derecha de Carlos Vicente.

Cierto es que, a partir de ese momento, poco se le vio al Alavés por las inmediaciones del área colchonera, pero también es verdad que su trabajo de contención fue impecable. Bien posicionado y ordenado, con rápidas y precisas ayudas defensivas, además de un Sivera que transmitió la habitual seguridad de sus últimas temporadas.

MÁS AGOBIO

Todas esas flores se mantuvieron durante gran parte del segundo periodo, pero la dinámica se fue volviendo cada vez más agobiante. Con las variaciones mencionadas, el Atlético ganó en presencia ofensiva y a los visitantes les tocó achicar agua, aunque el electrónico no se movió por falta de precisión local y también por su portero.

Un cabezazo de Lenglet con todo a su favor que no acertó con la dirección (m.59) y un gran pie del cancerbero alicantino para tapar el primer palo el disparo del omnipresente Giuliano al concluir una contra (m.69) ya aventuraban que el final del choque iba a ser muy exigente, aunque la buena labor conjunta de los albiazules hacía abrigar esperanzas.

Estas se desbarataron con el polémico penalti ya citado y ejecutado por Griezmann, que hizo embalarse a los anfitriones hacia los tres puntos. Un gran movimiento de Sorloth despistando a su marcaje y una precisa asistencia de De Paul fueron la puntilla para que el Alavés se marchase una vez más de vacío de un Metropolitano maldito.

La derrota deja al conjunto vasco en una delicada situación clasificatoria, que tratará de enmendar en su próximo duelo liguero, un encuentro a cara de perro el sábado que viene frente al Leganés en Mendizorrotza. La victoria se antoja imprescindible.