La presencia escénica de una gran actriz
Una actriz que transmitía una vigorosa fragilidad; unos ojos azules que convertían su mirada en penetrante; una voz sinuosa, pero que expresaba en lo personal convencimiento y compromiso. Así se puede describir un recuerdo de Marisa Paredes que, inopinadamente, un fallo cardíaco la ha hecho entrar en la leyenda. Su cuerpo menudo se convertía en un soporte de grandes papeles en cine, televisión y, sobre todo, teatro..
En Bilbo estuvo haciendo “Hamlet”, montaje ambicioso dirigido por Lluís Pasqual en el Teatro Arriaga. Paseaba por las calles adyacentes, se juntaba con las gentes del teatro local, se mostraba como una ciudadana interesada en la realidad social, política y cultural que la rodeaba. Es una actitud que le venía de lejos. Siempre estuvo apoyando los movimientos profesionales más vindicativos. Su categoría profesional no la utilizaba para el divismo, sino para la eficacia, para colocarse en un lugar desde el que posicionarse ante hechos y proyectos corporativos con carácter solidario y participativo.
Repasar su amplia biografía artística es descubrir a una madrileña, hija de una portera, que logró, a base de talento, estudio, tesón y calidad, convertirse en una mujer referencial dentro de la profesión. Siempre querida y respetada.

«Hay que articular un impulso nacional para afrontar los retos»

«El algoritmo se ha erigido en una arma de guerra»

A Xabi Alonso y al Real Madrid se les rompió el amor de tanto usarlo

«El imperio norteamericano quiere llevarse el petróleo sin pagar»
