Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
REINAS

Reflexión sobre el desarraigo y la identidad

Ambientada en el Perú de la década de 1990. Dos hermanas se preparan para dejar el país junto a su madre, con la esperanza de encontrar una vida mejor en otro lugar. Sin embargo, para ello necesitan la autorización de su padre, ausente en la vida de las chicas.

Klaudia Reynicke aborda la historia con un enfoque distante, evitando posicionarse a favor de ningún personaje y permitiendo que las hermanas sean quienes guíen la narrativa. La directora se aleja deliberadamente del melodrama familiar, centrándose en cambio en el contexto social y político que rodea a esta familia de clase media, que parece vivir, en cierta medida, al margen del desastre que amenaza con desbordar al país.

Aborda la complejidad de abandonar el país natal desde varias perspectivas, y también presenta esa separación como un acuerdo entre el dolor y la esperanza.

Con una atmósfera cargada de melancolía y desarraigo, la representación visual del Perú en los años 90 es excelente. Reynicke, y el director de fotografía Diego Romero, no crean composiciones visuales únicamente como decisión puramente estética, sino que las nutren de ideas cinematográficas muy interesantes, especialmente con el uso de los primeros planos y los encuadres: un recurso destacado que emplea con el padre es aislarlo a través del encuadre, por ejemplo.

Lo más interesante de esta película es que la cineasta apuesta decididamente por sugerir más que por mostrar directamente en pantalla: evita los énfasis innecesarios, los subrayados y los dramas desmedidos.

Interesante y conmovedora reflexión sobre el sentido del hogar, la identidad, el desarraigo y la familia en un mundo donde las fronteras, tanto geográficas como emocionales, se encuentran en constante cambio.