Arde LA
Es imposible sustraerse a esas imágenes aterradoras de varios barrios de la ciudad de Los Ángeles arrasadas por incendios de una virulencia tremenda. Parece que han confluido diversas circunstancias climáticas para que se pueda llegar a esa situación que parece incontrolable. Una pertinaz sequía, unas construcciones muy poco adecuadas para estas contingencias, vientos huracanados que avivaban los focos y esparcen las chicharras de fuego a varios metros creando otras teas de manera inmediata.
Se ven en todos los reportajes bomberos, edificios de impresionantes mansiones derrumbándose, caravanas interminables de personas huyendo del terror, una crónica tumultuosa del Apocalipsis localizado en unas colinas donde residen famosos de las artes cinematográficas, en barrios de clase media alta, en zonas con casas muy fotografiadas al borde del Pacífico, unos supuestos paraísos calcinados y sin que la respuesta política, institucional cree alguna esperanza para los afectados. Las propiedades son privadas, los seguros cubren lo cotizado, las ayudas dependen de circunstancias ajenas a la solidaridad y el bien común.
Son situaciones que se repiten de manera rutinaria en el esquema neoliberal. Trump, sin ir más lejos, acusa al gobernador de California, un demócrata, de quitar el agua para apagar incendios para dar de beber a unos peces. Declaraciones obscenas en un acto deleznable, repetido por todas las derechas extremas. Diga Dana. Diga usted ahora LA que arde y demuestra que los ricos también pueden ser afectados por los servicios públicos mal atendidos.

Expectación tras hallarse un planeta similar en tamaño y órbita a la Tierra

Pradales rubricó el PGOU por el que se imputa a la exalcaldesa de Zaldibar

La adicción a la pregabalina no para de crecer en los márgenes

«Energetikoki, Euskal Herrian Trumpen bandoan gaude»
