AMAIA EREÑAGA
BILBO
Elkarrizketa
Iñaki BERNAOLA
Escritor, autor de “El Palacio de Sotomayor”

«Muchos jóvenes de la izquierda clásica están ahora un poco huérfanos»

Miembro de una familia de profesores, hijo de maestra y él mismo dedicado a la enseñanza hasta que se jubiló, en “El Palacio de Sotomayor” (Atlantis Ediciones) Iñaki Bernaola (Bilbo, 1952) elige a un maestro rural como protagonista para tejer una novela repleta de referencias históricas y que se lee como un thiller.

(Mikel MARTINEZ DE TRESPUENTES | FOKU)

Escritor y profesor jubilado, Iñaki Bernaola es autor de varias novelas en euskara, como “Zugarramurdiko kontesa” (Elkar, 1989). De hecho, ha ganado premios literarios como, en 1992, el Julene Azpeitia de cuentos. Es euskaldunberri, alfabetizado a los 24 años. Escribe indistintamente en ambos idiomas. En castellano, ha publicado una trilogía ambientada en Irlanda, compuesta por “El célibe”, “Plegaria por un niño olvidado” y “La leona que quiso ser gacela”.

Bilbaino asentado en Berango, hace ocho años se jubiló. «He pasado por todos los trabajos: he sido profesor, secretario de colegio, director y los últimos doce años he sido inspector de educación. Después de jubilarme, retomé la afición y la actividad de escribir, que la tenía abandonada durante un largo paréntesis: desde que tenía 35-40 años hasta los 65, casi no había hecho nada de escritura. Ahora soy un viejo y no tengo perspectivas de futuro a largo plazo, ni en el idioma, ni en la literatura, ni en nada», explica con humor.

Apasionado de la historia, ha optado por escribir esta novela en castellano, empujado por la ambientación y, sobre todo, por los tipos de lenguaje que se entrelazan en la trama debido a los tres planos narrativos que utiliza. Salta del lenguaje actual, por ejemplo, al de la burguesía del siglo XIX-XX, para trazar el relato de un cambio de siglo agitado. «El siglo XX es mi siglo: cuando cambió el siglo, yo tenía 48 años, por eso creo que lo más importante de mi vida lo he vivido en el siglo XX», explica.

En la fotografía de la portada de “El Palacio de Sotomayor”, aparece el elegante palacio Ikaza de Berango. En la ficción, lo ha convertido en la gran finca abandonada por los ricos del lugar a la que aullaban los lobos y que, bajo la urbanización de lujo para pijos que acoge en la actualidad, esconde una larga historia de división de clases. «Cuando yo llegué a vivir a Berango hace 40 y pico años, la finca del palacio Ikaza estaba cerrada y abandonada. En un momento se hizo una promoción inmobiliaria, se abrió el público y apareció el palacio a la vista de todos. Esa fue quizá mi primera fuente de inspiración, porque, en cuanto lo vi de cerca, pensé que estaba pidiendo una novela a gritos».

El segundo punto detonante de la historia fue su visita al Museo de la Escuela Rural, enclavado en el pueblo asturiano de Cabranes. «Mi madre fue maestra rural, maestra sancionada después de la Guerra Civil, desterrada a Fregenal de la Sierra (Badajoz). Luego estuvo en Miera, la Cantabria profunda. Y pensé en mi experiencia personal y familiar, por lo que no solo el palacio pedía a gritos una novela, sino también que fuera una novela sobre maestros», añade.

MINEROS Y MAESTROS

Antonio Solana, hijo y nieto de mineros comunistas, es destinado a esa aldea asturiana. A través de sus vicisitudes y encuentros, viajando también por la historia, en sus páginas se desarrollan acontecimientos que van desde la primera mitad del siglo pasado, con la pérdida de las últimas colonias españolas en 1898, hasta la Guerra del 36 y el maquis, a modo de viaje por la frontera entre dos siglos.

«Él es hijo y nieto de comunistas en el sentido más clásico, creyentes a pies juntillas de lo que pueda ser la teoría marxista clásica. Pero el hijo ha vivido otro mundo, en el que ha habido un derrumbe ideológico, político y social del llamado socialismo real de la Unión Soviética. También el cambio en China, más o menos sutil, hacia un tipo de medio capitalismo... Entonces, tiene una fractura ideológica con respecto a lo que fueron su padre y su abuelo. Como mucha gente que ahora tiene entre 20 y 40 años o quizá alguno más, desde el punto de vista de la ideología de la izquierda clásica están un poco huérfanos, porque, a finales del siglo XX, a la vez que ha caído el Telón de Acero y demás, la ideología comunista clásica también se ha derrumbado y hoy en día casi nadie la suscribe».