El IRPF y la democracia
Txema Mendibil
El impuesto sobre la renta debería ser la piedra angular de cualquier democracia en su sistema tributario. Todo el mundo tendría que cumplir su deber ciudadano y pagar algo de lo que gana para sufragar los gastos comunes.
Y este impuesto debe tener dos bases sólidas: la equidad vertical, por la que se pague más porcentaje cuanto más se gana. Y la no menos importante equidad horizontal, por la que se pague la misma cantidad si se gana lo mismo y se tienen similares cargas familiares.
Es verdad que la derecha política (y la judicial) atacan continuamente esos dos pilares, creando exenciones, deducciones y tratos de favor que van minando el apoyo social al impuesto. Pero la izquierda no ayuda, cuando se niega a cambiar la ley ante sentencias ridículas, como la exención de la baja por maternidad (que beneficia más a quienes más cobran) por señalar una de las últimas. O cuando España no sube los tipos a las rentas altísimas, pero no deflacta nada la tarifa, perjudicando ese mix a las rentas medias. Lo mismo que mantener una tarifa menor, del «ahorro», a ganancias patrimoniales o a intereses y fondos (que no pagan por el impuesto de sociedades). O cuando se acaba de añadir otra rebaja, esta a los ingresos de alquileres regulados.
Conservar el peso del IRPF y avanzar en esos dos pilares fue el camino que emprendió Bildu (con pacto con el PSE incluido) en la Hacienda de Gipuzkoa. Además de ir tapando agujeros en Patrimonio, Sucesiones y otros impuestos directos.
Pero decir que las rentas bajas no paguen nunca porque las altas o tal sector deben pagar más tiene un punto de demagogia y de desvertebración social muy peligroso, y si se plantea ganar con el apoyo de PP y Vox, más todavía. Al final, se debilita la conciencia social a cambio de fortalecer al partido-guía de turno (va cambiando) que ya velará él por las rentas bajas. Uno llegó a velar tanto que prolongó (también de la mano de PP y Vox) el beneficio fiscal a un combustible fósil, perjudicando la calidad del aire, pero favoreciendo a los pobres (y ricos) propietarios de vehículos diésel.

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