AMAIA EREÑAGA
BILBO

Txangurro Marx y Miss Martiartu vuelven para revolucionarlo todo

«Estatuto 79. Keda inaugurado este batzoki. ¡A partir de ahora, Euskadi va a ser un auténtico koñazo!», reza una de las viñetas publicadas por Juan Carlos Eguillor en “Egin”, en 1979. Detrás, se puede ver a Miss Martiartu, una señora «del PNV de toda la vida». Es una de las más del millar de piezas que componen el puzle de “Laberinto”, la estupenda exposición con la que la renovada sala Rekalde bilbaina abre su nueva temporada.

Miss Martiartu y la Abuela.
Miss Martiartu y la Abuela. (Marisol RAMÍREZ | FOKU)

Después de su renovación, la sala Rekalde abre temporada reivindicando al polifacético artista bilbaino Juan Carlos Eguillor (1947-2011), un creador que, aunque fue un hombre muy de su tiempo, visto con los ojos de hoy no ha perdido nada de actualidad. Al contrario, al recorrer la primera exposición retrospectiva que se realiza sobre su obra tras su muerte, sorprende que su estilo, tan característico, nos conecte con el mundo visual, acelerado, de hoy en día.

Como a la Alicia de Lewis Carroll, la exposición nos invita a visitar los dos lados del espejo del universo de Eguillor. El laberinto es una metáfora que él utilizaba recurrentemente: «En este caos que habito, en este cuento de hadas maléfico que es la vida, necesito una metáfora para sobrevivir y luchar en el engañoso laberinto que es el mundo», escribió. Un laberinto poliédrico compuesto de humor negro, sarcasmo, política, un aire naif, bastante de tristeza al final de sus días y una querencia por el tarot que da muchas pistas. Por cierto, aunque nacido en Donostia «por casualidad», era más bilbaino que las Siete Calles.

No es fácil encontrar una palabra con la que definir a Egillor. «Él se identificaba como ilustrador», apuntó ayer Garikoitz Fraga, editor y comisario de “Laberinto”. Pero Eguillor era algo más; entre otras cosas, fue pionero en Euskal Herria en el ámbito de los cómics y también en la videocreación. Fraga se ha enfrentado a la labor casi titánica -de hecho, cuando se la ofrecieron, de primeras, rechazó hacerse cargo de la exposición- de recuperar el ingente material que dejó este artista.

«En la exposición hay un 10% de lo que salió de su casa y que, tras su muerte, fue guardado por la familia Gaztanbide. Unas 50 cajas que luego pasaron a ser parte de los fondos de Komikigunea, del Koldo Mitxelena donostiarra», explicó. Ha buceado dentro de cajas, por eso se muestran muchos originales inéditos, pero también ha buscado en otros lugares. Por ejemplo, hay una edición del diario “Hierro”, donde se recoge una entrevista con un chaval de 16 años, ganador de un concurso de ilustración, y ya muy deslenguado.

COLECCIONISTAS

Miembro de Pott Banda, autor del cartel de la primera Aste Nagusia bilbaina -ese cartel de 1978 debe de ser muy codiciado por los coleccionistas-, como ilustrador hizo portadas de discos, carteles de obras teatrales y colaboró con distintos medios: “El Correo Español”, “Diario 16”, “Triunfo”... «las revistas progres», que decía él.

En “Egin” comenzó a publicar desde el primer número del rotativo de Hernani. En aquel “Egin” del 29 de septiembre de 1977, la página impresiona: el primer “Barraskilo eta elefantea”, de Jon Zabaleta; la «carta» de Juana Bixenta Olabe «parlamentarien neskame», de Anjel Lertxundi y Antton Olariaga, y el primer “Zakilixut”. En el centro, la sección “Beltza superbeltza”, donde Eguillor presenta a sus personajes: Txangurro Marx, «una mezcla de Bakunin y Busca-Isusi»; la jeltzale Miss Martiartu; Miren Puñetagorri, «coleccionista de pegatinas»; o Sor Ederto, «monja navarra y carlista, tendencia anarko». Unos personajes que también desarrolló en otros medios a lo largo de los años, como la Abuelita, Mari Aguirre -en los libros para niños- o Max Bilbao, su alter ego.