El privilegio de no encajar
Puede que sean solo percepciones, pero tengo la sensación de que la deriva que está tomando todo el proceso de creación audiovisual es la de generar productos prediseñados teniendo en cuenta los datos extraídos de los rastros que dejamos en la red. Es un proceso de producción de escuadra y cartabón. Asistimos a una nueva era que emula a la de los estudios de Hollywood que hicieron historia del cine, pero mostrando unos niveles de calidad tremendamente inferiores. El cine es algo más que preferencias de venta, es un proceso de ensayo error, de riesgo, de búsqueda de la obra imperfecta que alguien quiera volver a ver o en la que se inspire cincuenta años después.
El paradigma ha cambiado, ahora el nuevo capitalismo es más rápido, más eficaz, pero menos creativo. Cada vez más, cineastas con talento son dejados de lado por directores que están al servicio del mercado y de productores ávidos por producir sin sentido. Se hacen demasiadas películas y es difícil seguir el rastro de las mejores.
Un nuevo fantasma atraviesa el cine y yo me acuerdo de la frase de la poeta Alejandra Pizarnik: “Qué belleza guardan aquellos que no encuentran su lugar entre tanta gente, no es soledad, es un privilegio, no encajar”. Un privilegio al alcance de pocos.

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