República
Tengo ahora mismo en mis manos un pequeño fajo de billetes que mi padre ha conservado con celo durante toda su vida. Son billetes de la República.
Durante el gobierno de la derecha, en el conocido como Bienio Negro, despidieron a mi abuelo -miembro de la Unión General de Trabajadores, UGT- de su trabajo en la Compañía de Tranvías de Madrid; con el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 no solo fue readmitido en su puesto, sino que le pagaron aquellos dos años de despido.
Iniciada meses después la guerra, mi abuela y sus cinco hijos -mi padre era el más pequeño de todos ellos-, tal y como hicieron tantísimas madres con sus niños y niñas, fueron evacuados de Madrid para ponerles a salvo de los bombardeos; y comenzaron así un azaroso periplo como refugiados cuyo primer destino fue el pueblo tarraconense de Xerta, ¡justo en el epicentro de lo que meses más tarde sería la sangrienta Batalla del Ebro!
Durante toda aquella odisea mi abuela guardó aquel dinero, gastando solo lo necesario mientras hubo qué comprar y antes de que perdiera todo su valor.
Nacido en el año 1930, mi padre acaba de fallecer. Su primer recuerdo, nos solía contar, fue aquella muchedumbre entusiasta que abarrotaba la plaza de Carabanchel, frente al Ayuntamiento en el que ondeaba una nueva bandera aquel 14 de abril de 1931.

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