Rectificación abstracta
No se sabe con exactitud el coste que al final van a tener las famosas balas. De momento, para apagar un incendio controlado queman un monigote con la figura de Grande-Marlaska, ese ministro sospechoso de ser más de derechas que la ministra de Defensa, Margarita Robles, y que el quinta columnista del PP, García Page. Tirar hacia atrás toda la maquinaria que se había utilizado par hacerse con ese arsenal es un acto de reproche absoluto al departamento donde revolotea Marlaska, y además de toda la estructura de la sección de compras de la Guardia Civil, con lo que la autoridad queda resquebrajada, el problema no se soluciona, sino que se traslada de nicho hasta que se recomponga la cadena de mando.
Este gesto de autoridad desde presidencia, obligando a la rescisión del contrato no puede ser un simple postureo, debe acarrear más de un sismo interno, porque al parecer existen otros compromisos de compra de material armamentístico de primer orden que, aseguran, solamente fabrican empresas de Israel. No se trata de unos millones de balas, que se pueden sustituir con bastante facilidad, sino de otro tipo de armas estratégicas y de seguridad cibernética, consideradas imprescindibles, que están apalabradas o con contratos firmados y avalados por la UE, lo que complica la cosa más.
Estamos ante un rectificación abstracta. Los gastos en ese ministerio de la guerra siempre sufren alteraciones presupuestarias al alza sobrevenidas dentro de la pertinaz y legendaria falta de transparencia. ¿Habrá dimisiones o simulacros o aquí no ha pasado nada?

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