GARA
ROMA
LUTO EN LA IGLESIA CATÓLICA

Apología del legado del papa Francisco en un funeral masivo

Alrededor de 250.000 personas, segun estimó el Vaticano, se congregaron ayer en la plaza de San Pedro del Vaticano para asistir a la misa funeral del papa Francisco, un acto que reunió a decenas de jefes de Estado y más de 150 delegaciones internacionales. El entierro, en una ceremonia más íntima, se celebró en la basílica papal de Santa María la Mayor, en la cima del monte Esquilino.

El féretro del papa Francisco fue conducido a pie a la Plaza de San Pedro del Vaticano.
El féretro del papa Francisco fue conducido a pie a la Plaza de San Pedro del Vaticano. (Andreas SOLARO | AFP)

Las exequias por el papa Francisco, una sucesión de ritos enmarcados en una doble ceremonia entre la plaza de San Pedro del Vaticano y la basílica de Santa María la Mayor, donde fue enterrado el pontífice, reunieron ayer a miles de personas a pie de calle, y a decenas de mandatarios durante el funeral, oficiado por el decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista Re. Ha sido «un papa en medio de la gente, con el corazón abierto a todos», destacó Re, quien recordó, además, que fue una «una voz contra las guerras y a favor de los migrantes y de las personas marginadas», además de impulsor de una Iglesia con «las puertas siempre abiertas». 250.000 personas siguieron la misa funeral, según el Vaticano.

Re apuntó que Francisco «conservó su temperamento y su forma de liderazgo pastoral y enseguida dio la impronta de su fuerte personalidad en el gobierno de la Iglesia, estableciendo un contacto directo con las personas y las poblaciones, deseoso de estar cerca de todos, con una marcada atención a las personas en dificultad, gastándose sin medida, especialmente por los últimos de la tierra, los marginados».

Re aludió también en la homilía a la preocupación de Bergoglio por la migración y resaltó que su primer viaje como papa fuera a Lampedusa, «isla símbolo del drama de la migración, con miles de personas ahogadas en el mar». «En la misma línea fue también el viaje a Lesbos, junto con el Patriarca Ecuménico y el Arzobispo de Atenas, así como la celebración de una misa en la frontera entre México y Estados Unidos, con ocasión de su viaje a México», señaló.

Un cortejo fúnebre, a pie, trasladó el ataúd desde la Basílica hasta la plaza de San Pedro, para la celebración de la santa misa exequial. Tras el ataúd, diáconos y cardenales, todos ellos vestidos de rojo, el color del luto papal. Un total de 980 concelebrantes, entre cardenales, obispos y sacerdotes, además de 200 ministros de la Comunión y más de 4.000 sacerdotes en el lado derecho del atrio, donde se encuentra la estatua de San Pedro. Cánticos gregorianos, entonados por el Cantore della Cappella Sistina, el coro personal del Papa, precedieron a una primera lectura, sobre las 10.20, realizada en inglés, de la carta del apóstol San Pablo. Cánticos gregorianos en latín introdujeron la segunda lectura, en español, la lengua materna del papa Francisco.

50 JEFES DE ESTADO, DELEGACIONES Y ENCUENTROS

Al funeral asistió un gran número de líderes mundiales, encabezados por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el presidente de Argentina (país natal de Jorge Mario Bergoglio), Javier Milei.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mantuvieron un breve pero simbólico encuentro antes de la ceremonia. No se veían desde la humillación de Zelenski en el Despacho Oval a manos de Trump y su vicepresidente, JD Vance.

La reunión duró diez minutos y fue calificada como «muy productiva» por la Casa Blanca, que está inmersa en negociaciones con Rusia sobre Ucrania. La homilía también hizo referencia a esta guerra.

TRASLADO Y SEPULTURA

El acto congregó, asimismo, a delegaciones de organizaciones internacionales y de las iglesias ortodoxas, evangélicas, anglicana, así como del judaísmo, islam, budismo, hinduismo y del resto de credos.

Tras el funeral, el cuerpo de Francisco fue trasladado a la basílica de Santa María la Mayor, a unos seis kilómetros, donde recibió sepultura. Miles de personas apostadas en las aceras recibieron con aplausos el paso del vehículo que transportaba el féretro.

A la inhumación solo asistieron familiares y su círculo más cercano. El cuerpo fue recibido a su llegada a la basílica por un grupo de unas 40 personas, formado por sin techo, presas, transexuales y migrantes, que portaban un rosa blanca en la mano. Es el primer pontífice en 120 años que no descansa en el Vaticano.