Matanza de migrantes en un ataque de EEUU al bastión huthí en Yemen
Más de 70 africanos retenidos en un centro en la ciudad de Saada, capital de la provincia norteña de culto zaidí (chií) en Yemen y bastión del movimiento huthí, en el poder en Sanaa, murieron en un bombardeo de los EEUU de Donald Trump, quien prometió traer la paz a Oriente Medio y es hostil a todo tipo de migración. Dos pájaros de un tiro.

Los huthíes advirtieron que «tomarán medidas» contra Estados Unidos después de que un ataque aéreo estadounidense acabara con la vida de al menos 70 personas que se encontraban en un centro de custodia preventiva de migrantes africanos en la ciudad de Saada, en el norte del país. En su interior había 115 detenidos, todos ellos africanos.
«Los estadounidenses deben esperar la respuesta de nuestras fuerzas armadas, de las tribus y del pueblo yemeníes a estos crímenes brutales», dijo Mohamed Muftah, viceprimer ministro primero del Gobierno huthí.
«Ni Trump ni nadie más, durante su Presidencia o no, escapará al castigo por estos crímenes», agregó.
En un posterior discurso televisado el portavoz militar de los huthíes, Yahya Sarea, denunció que «en las últimas horas, el enemigo estadounidense cometió dos masacres: la primera en Sanaa y la segunda, contra un centro para migrantes de varios países africanos en la gobernación de Saada, en el norte». Reivindicó en respuesta a estos bombardeos un ataque a gran escala efectuado con misiles balísticos y de crucero, además de drones contra el portaaviones estadounidense USS Harry S. Truman en el mar Rojo y otros «buques de guerra asociados».
El canal de televisión Al Masira mostró imágenes de un edificio parcialmente destruido y sin techo, y de decenas de cadáveres, así como de personas heridas, entre las ruinas del centro de retención, que alberga migrantes africanos que entraron en territorio yemení.
Yemen se ha convertido en un país de tránsito para los migrantes africanos, principalmente etíopes y somalíes, hacia Arabia Saudí y Oman.
SISTEMA SANITARIO Y EDUCATIVO COLAPSADOS
Según datos actualizados en marzo de este año de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), hay cerca de 61.240 refugiados y demandantes de asilo. Tras diez años de guerra, el país está desvastado. Acnur cifra en más de 4,5 millones los desplazados internos, lo que equivale al 14% de la población. Asimismo, 18,2 millones de personas necesitan ayuda humanitaria.
El sistema sanitario y educativo también están colapsados. Únicamente el 50% de las instalaciones médicas y el 65% de los centros escolares están en funcionamiento, dejando a más de dos millones de niños fuera de la red educativa.
El portavoz huthí y principal negociador yemení, Mohamed Abdelsalam, calificó el bombardeo de «crimen brutal contra migrantes africanos inocentes» y denunció que «el silencio internacional ante los crímenes estadounidenses lo alienta a continuar sus acciones sangrientas, atacando zonas residenciales y engañando al mundo haciéndoles creer que se trata de objetivos militares». «Esta brutalidad por parte de la Administración estadounidense no ocultará el fracaso a nivel militar que está sufriendo en su agresión contra Yemen», remarcó en un mensaje publicado en su cuenta en la red social X. En ese sentido, el Comité para Asuntos de Refugiados del Ministerio de Exteriores del Gobierno huthí instó a las organizaciones internacionales y locales a que «condenen la masacre, visiten la escena del crimen y la documenten».
«EEUU no se limitó a matar a yemeníes y atacar objetivos civiles, sino que sus crímenes pecaminosos se extendieron a atacar a inmigrantes africanos», denunció. Incidió en que «el ataque contra el refugio de inmigrantes es un crimen de guerra en toda regla».
Horas después, al menos ocho personas murieron en otro bombardeo estadounidense en la capital yemení, Sanaa. El Ministerio de Justicia reclamó a la comunidad internacional que «adopte acciones efectivas para detener las reiteradas violaciones de Estados Unidos» y reiteró que las autoridades tienen «el derecho legítimo a defender su territorio, su soberanía y a su población, en línea con los principios de la Carta de la ONU». Recordó que más de 1.300 yemeníes han muerto o resultado heridos a causa de los ataques estadounidenses.
En enero, la Administración Trump declaró a los huthíes «organización terrorista», intensificando los bombardeos desde el 15 de marzo no solo contra supuestos sitios militares, sino contra los líderes políticos huthíes, incluido su líder Abdelmalek al-Houth.
El Ejército estadounidense aseguró el domingo haber atacado «más de 800 objetivos» en Yemen, matando a cientos de «combatientes». Con esta campaña, Washington espera que los huthíes sean incapaces de interrumpir la navegación comercial en el mar Rojo con sus operaciones contra buques que transitan por la zona, así como que detengan sus ataques contra Israel en apoyo a la Franja de Gaza.
Los huthíes han lanzado desde el inicio del genocidio en 2023 cerca de un centenar de ataques directos contra Israel y decenas más contra barcos comerciales en los mares Rojo y Arábigo, lo que ha provocado campañas de represalia tanto de Israel como de una coalición internacional liderada por EEUU y Gran Bretaña.
El ataque de ayer es similar al bombardeo de la coalición liderada por Arabia Saudí en 2022 contra el mismo centro de detención. En aquella ocasión fallecieron 66 detenidos.

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