Ingo NIEBEL
COLONIA
ALEMANIA, EN CRISIS

El bipartito de Merz comienza a gobernar con desconfianza y traición

La votación para elegir al nuevo canciller alemán fue ayer histórica ya que Friedrich Merz (CDU) se convirtió en el primer candidato en 76 años que necesitó dos vueltas para poder asumir el cargo. El accidentado inicio ha dañado su imagen y pone en duda su coalición. No se sabe si en los momentos cruciales tendrá el respaldo de sus diputados. El problema no son los díscolos, sino él.

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0507_eg_MERZ (AFP)

 

Nunca antes en la historia de la República Federal de Alemania, fundada en 1949, habían sido necesarias dos vueltas para que el candidato a canciller obtuviera los votos necesarios. Por eso, la prensa extranjera recurrió al adjetivo «inesperado» y la alemana a «his- tórico» para referirse al fracaso de Friedrich Merz (CDU) en la primera votación. Su bipartito, sellado el lunes con el SPD de Lars Klingbeil, cuenta con 328 parlamentarios, doce más que la mayoría absoluta.

Sin embargo, en la primera votación Merz obtuvo solo 310 votos. Le faltaban seis para ser elegido y 18 en total. Se desconoce quiénes se negaron a apoyarle en la primera vuelta, al ser votación secreta. La jugada sufrida por el nuevo canciller solo se había dado hasta ahora en los länder, donde más de un candidato tuvo que pasar por el mismo aro.

La CDU no contaba con lo ocurrido. Merz estaba tan seguro de ser elegido que ya había organizado para hoy dos visitas relámpago a París y Varsovia. El exbanquero de inversión de BlackRock tuvo que ver cómo la bolsa alemana empezaba a registrar pérdidas. Nadie esperaba lo sucedido.

«Contamos con una señal de cambio», dijo el presidente de la Federación de la Industria Alemana, Peter Leibinger, antes de la votación. «El nuevo Gobierno federal debe arrancar ahora rápidamente y actuar de forma pragmática para cambiar el estado de ánimo de la economía», subrayó.

Ocurrió lo contrario. La constitución provisional daba un plazo de hasta 14 días para celebrar la segunda votación. Como pronto habría sido el viernes si el Bundestag no hubiera adelantado la fecha con la mayoría de dos tercios de los diputados.

Mientras la CDU, el SPD, la neofascista AfD, los Verdes y Die Linke deliberaban sobre cómo proceder, el diario sensacionalista “Bild" hablaba de «traición» de los díscolos. Al tratarse de una votación secreta, los rumores no tenían base. Además, en ambos partidos hay motivos suficientes para ponerle la zancadilla a Merz.

El malestar en el SPD lo ha originado su copresidente Klingbeil. En vez de rendir cuentas por el también histórico valapalo en las generales, ha ido asumiendo posiciones de poder. Se ha hecho con la presidencia del grupo parlamentario y ha maniobrado para dejar a su colíder, Saskia Esken, fuera del Ejecutivo, en el que ahora es ministro de Hacienda y vicecanciller. Ni siquiera le ha dejado un puesto de relevancia en el partido. El secretario general del SPD, Matthias Miersch, anunció que deja el cargo. A finales de abril, el 84% de las bases apoyaron el acuerdo, pero con una participación de solo el 56%.

Además, más de un socialdemócrata no habrá olvidado que en vísperas de las generales, Merz dijo: «La izquierda se ha acabado». Llamó «locos» a quienes se estaban manifestando contra él, su partido y su colaboración con la AfD.

Ese día se vio de nuevo que el mayor problema de la CDU es su presidente, que incumple sus promesas. Eso explicaría por qué necesitó tres intentos para llegar a ser jefe de partido y dos para ser canciller.

El resultado del 23F, el 28%, fue peor de lo esperado. Para no depender de la segunda fuerza, la AfD, Merz se acercó a Klingbeil para formar una coalición, que ha dejado de ser «grande» porque el SPD es tercera fuerza en el Bundestag.

Para sellar la cooperación, Merz echó por la borda su promesa de que no iba a soltar el sacrosanto freno de la deuda. Junto con los votos del SPD y de los Verdes cambió la Constitución para poder endeudar al Estado hasta 800.000 millones de euros. La liquidación del freno de la deuda ha causando un enorme malestar en las bases de la CDU.

Aunque el partido decidió años atrás que expulsaría a quien colaborara con la AfD y con el Linke -y Merz prometió respetarlo- hizo lo contrario. En enero aceptó el apoyo de la ultraderecha en una iniciativa parlamentaria y ayer, el de los izquierdistas para poder adelantar la segunda votación.

Esta vez los diputados de la CDU, de su socia regional, la Unión Social Cristiana (CSU) y del SPD mantuvieron la disciplina de voto. 325 votaron en favor de Merz quien finalmente fue investido canciller.

Así, la forma en la que ha iniciado su mandato el canciller es un reflejo de la crisis que padece Alemania.

El 63% de los alemanes no confían en Merz, según un sondeo de Forsa. El mismo porcentaje opina que su Gobierno no va a traer mejoras para Alemania. Además, desde finales de abril, la AfD (26%) lidera las encuestas de intención de voto, por delante de la CDU/CSU (25%), el SPD (15%), los Verdes (11%) y el Linke (9%).

De esta situación Merz solo podrá salir haciendo una buena política, pero el nuevo canciller carece de las dos principales cualidades para ello: credibilidad y coherencia. Para recuperarlas necesitará más que una campaña mediática. Además, no tiene experiencia de gobierno. Si fracasa, Alemania entrará en crisis porque la AfD aparecerá como la única «alternativa».



Apelaciones al liderazgo de dirigentes europeos

Líderes europeos celebraron con entusiasmo la elección de Friedrich Merz como nuevo canciller de Alemania, con llamadas a trabajar unidos por una «Europa fuerte». La presidenta de la Comisión Europea, la también democristiana alemana Ursula von der Leyen, alabó la «probada eficacia» de Merz y subrayó que «trabajaremos unidos por una Europa fuerte y más competitiva».

El presidente francés, Emmanuel Macron, que le recibirá hoy en El Elíseo, se refirió al eje París-Berlín en su felicitación a Merz, al señalar que es tarea de ambos «hacer más fuerte que nunca el motor franco-alemán» y tomar impulso en la agenda europea de «soberanía, seguridad y competitividad». La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, abogó por la colaboración entre Italia y Alemania en materia económica, automovilística y ante los retos internacionales.GARA