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Lula y Boric acuden a la despedida «El Viejo»

Montevideo se despidió de Pepe Mujica o, simplemente, de “El Viejo”. Miles de ciudadanos pasaron por la capilla ardiente en el Salón de los Pasos Perdidos. Muchos mandatarios internacionales se dolieron en redes por la muerte del anciano de 89 años, pero solo Lula da Silva (Brasil) y Gabriel Boric (Chile) tomaron un avión rumbo a Montevideo.

Lula, presentando sus respetos ante el cuerpo.
Lula, presentando sus respetos ante el cuerpo. (Pablo PORCIUNCULA | AFP)

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, llegó ayer por la tarde al velatorio de su amigo Pepe Mujica, fallecido el martes a los 89 años y a quien despidió visiblemente emocionado. Fue recibido en las escalinatas del Palacio Legislativo de Montevideo por el presidente uruguayo Yamandú Orsi, delfín de Mujica, quien le acompañó hasta el Salón de los Pasos Perdidos.

El mandatario brasileño llamó la atención por traer consigo una enorme comitiva, cuya entrada al Parlamento obligó a interrumpir las visitas de los ciudadanos que se acercaban a despedir al exmandatario tras esperar horas en las filas kilométricas que se formaron desde que el cuerpo se trasladara hasta su capilla ardiente el miércoles por la tarde, después de que su ataúd se paseara por las calles de Montevideo que se han llenado de pintadas y pancartas con frases célebres del carismático lider tupamaro.

Antes de acercarse al féretro, Lula se abrazó con Lucía Topolansky, esposa de Mujica y exvicepresidenta uruguaya, antes de besarla en la frente, un gesto que ya tuvo con su fallecido amigo la última vez que lo vio, el 1 de marzo.

Lula intercambió unas palabras con el chileno Gabriel Boric, que llegó al velatorio minutos antes que él y que es el único otro jefe de Estado que viajó a Montevideo.

«Una persona como Pepe Mujica no muere: se fue el cuerpo de él, la cara de él, pero no las ideas que plantó en todos estos años», manifestó Lula en unas declaraciones sin preguntas.

El brasileño confesó que había pedido personalmente al presidente Orsi que no quemaran a Mujica antes de que él pudiera llegar (la noticia de su muerte, como a Boric, le atrapó de gira por Asia).

Cuarenta delegaciones diplomáticas, integradas por embajadores y representantes de organismos internacionales, acudieron a la ceremonia.

El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, y Gorka Elejabarrieta, responsable de Internacional, dieron también el pésame a Topolansky.

El escritor Mauricio Rosencof se encargó del mensaje final recordando el tiempo que estuvieron presos y se comunicaban a través de las paredes. «Yo le pasaba poemas, cortos», explicó.

«¿Te acordás de aquellos días, Pepe? Once años que vivimos aislados bajo tierra sin vernos, sin libros. Reinventamos el morse a golpe de nudillos, abriendo en el muro una ventanita a la vida», leyó Rosencof. Luego cerró parafraseando al periodista Eleuterio Fernández Huidobro: «Y si este fuera mi último poema, insumiso y triste, raído pero entero, tan solo una palabra escribiría: compañero».

Según el recuento oficial, más de 100.000 personas pasaron por la capilla ardiente.



LULAK ETA BORICEK, MUJICARI GORAZARRE

Montevideok agur esan zion Pepe Mujicari. Milaka herritar igaro ziren Pasabide Galduen Aretoko hil kaperatik. Nazioarteko agintari askok sareetan atsekabea azaldu zuten 89 urteko gizonaren heriotzagatik, baina Lula da Silvak (Brasil) eta Gabriel Boricek (Txile) bakarrik hartu zuten Montevideorako hegazkina. «Pepe Mujica bezalako pertsona bat ez da hiltzen: haren gorputza joan zen, haren aurpegia, baina ez urte hauetan guztietan planteatu zituen ideiak», adierazi zuen Lulak. EH Bilduren delegazio bat Montevideora hurbildu zen eta doluminak eman zizkion Topolanskyri.