Trump levanta las sanciones a Siria y tira los dados en Medio Oriente
El presidente estadounidense Donald Trump sorprendió al mundo otra vez en Riad. Además de anunciar el fin de las sanciones a Siria, se reunió con Ahmad al-Shaara, antiguo líder de Al Qaeda de Siria, en el palacio real saudí en una foto que pasará a la historia. Asistimos el restablecimiento de relaciones entre EEUU y Siria 25 años después.

La noticia llegó tras 14 años de devastación por la guerra en el país. Siria se vio especialmente agravada por los paquetes de sanciones económicas aplicadas por los países occidentales al Gobierno de Bashar al-Assad y a sus oligarcas, pero que afectaron principalmente a la población pobre y trabajadora. Aunque aún no hay un plan claro sobre cómo se levantarán ni cuánto tiempo llevará, las celebraciones se extendieron por toda Siria, renovando las esperanzas de la población, más cuando la UE hizo lo propio. En las calles se volvieron a repetir las canciones de la revolución: «Uno, uno, uno, el pueblo sirio es uno».
El nuevo Gobierno sirio, dominado por Hayat Tahir al-Sham (HTS, coalición liderada en su día por la sección local de Al Qaeda), exigía el levantamiento de las sanciones como uno de los pilares para la reconstrucción del país tras cinco décadas de régimen de Al-Assad. Mientras la transición política avanza lentamente, la economía sigue hundiéndose bajo el peso de las sanciones extranjeras.
¿Por qué es tan importante para los sirios? La situación actual es desoladora: en Damasco, los residentes solo tienen unas pocas horas de electricidad al día, mientras que en otras zonas las condiciones son aún peores. El precio del pan se ha multiplicado por ocho desde diciembre, condenando a la gente a sentir hambre. Mientras, muchos hacen cola durante horas en los cajeros automáticos, desesperados por retirar los pocos billetes que les quedan antes de que se acabe el dinero. Los precios de las divisas y los combustibles oscilan al ritmo de la inestabilidad, e incluso se apreciaron repentinamente tras el anuncio de Trump.
Si bien el flujo de importaciones está aumentando, la escasez de efectivo y la falta de opciones de pago digitales implican que pocos sirios pueden permitirse comprar nuevos bienes.
Esto ocurre en un contexto en el que el 69% de la población (14 millones de personas) vive por debajo del umbral de la pobreza. El optimismo inicial tras la caída de Al-Assad se ha desvanecido rápidamente debido a la falta de empleos y la destrucción generalizada del país, que empaña la imagen del nuevo gobierno. Si bien gran parte de estas dificultades económicas son resultado de décadas de dictadura, guerra civil y meses de inestabilidad posterior al régimen, las sanciones de EEUU) y la UE) agravaron la situación.
SANCIONES DESTRUCTIVAS
Desde 2011, la Administración de al-Assad fue castigada con un paquete de sanciones económicas en respuesta a la represión contra civiles que protestaban contra la crisis y el gobierno. EEUU y la UE lo aislaron económicamente, redujeron su capacidad militar y provocaron la condena mundial por el uso de armas químicas y una hambruna destructiva.
Pero estas sanciones tuvieron un «efecto colateral»: derrumbaron la economía siria, se desarrolló el mercado negro y aumentó la especulación económica durante la guerra. Fátima Sayd, ingeniera agrónoma de 32 años, explica que «muchas de las empresas pertenecen a la familia Al-Assad y a sus allegados, que se beneficiaron con las sanciones».
La ingeniera añade: «Todos estos negocios desencadenaron un círculo vicioso bajo las sanciones».
Por otro lado, propiciaron el surgimiento de una oligarquía vinculada al régimen que se impuso al resto del sector privado, a la vez que abrió la puerta a la ayuda militar de Rusia e Irán. En otras palabras, las sanciones fortalecieron políticamente al gobierno y a sus aliados, a la vez que afectaron a la ciudadanía.
La marginación convirtió a los sirios en parias. «Las sanciones afectan a todos los sectores, no somos un país independiente», insiste. Empujaron a la población trabajadora a una vida de precariedad laboral y, a menudo, a la dependencia del clientelismo. De hecho, durante la última década, el Producto Interno Bruto (PIB) del país se ha reducido en un 53% junto con un colapso del 84% en la actividad económica. Esto ha supuesto una caída brutal en el nivel de vida: más del 90% de los sirios ahora viven por debajo del umbral de la pobreza y más de la mitad de la fuerza laboral está desempleada.
Zaid Samad, un taxista de 45 años, explica que «las sanciones destruyeron nuestra industria. Aquí no hay capacidad ni para producir ni para importar productos básicos. Muchas personas han perdido sus trabajos».
En lo inmediato, el anuncio hará que Qatar proporcione los 29 millones de dólares mensuales que, durante un plazo de tres meses, había prometido a Siria para pagar salarios del sector público, pero que mantenía bloqueados debido a las sanciones estadounidenses. Esto daría un respiro al Gobierno ante el creciente descontento del sector.
Hasta ahora, las persistentes sanciones, que prohíben prácticamente todas las transacciones comerciales y financieras, impedían la entrada de inversiones y frenaban el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas. Las sanciones de la UE se centraron en el petróleo crudo, la inversión, la banca, las telecomunicaciones y otros sectores.
Como resultado, Siria está lejos de lograr la inversión necesaria para reconstruir los 140.000 edificios, junto con 3.000 escuelas y hospitales, entre otras infraestructuras, que siguen en ruinas, y cuyo costo se estima entre 250.000 millones y un billón de dólares.
VOTO DE CONFIANZA
El cambio de tono de Trump es notorio, llamó a al-Shara un «hombre duro, con un pasado difícil», mientras que es considerado por EEUU como «terrorista». Es otra victoria para el gobernante sirio tras pasear junto al presidente francés, Emmanuel Macron, por la Torre Eiffel en París, ganando credibilidad en convencer a Occidente en su promesa de construir una nueva Siria.
Sin embargo, estos nuevos lazos no significan independencia para Siria. Los objetivos siguen siendo iguales: obligar al (nuevo) Gobierno a tomar un camino en línea con los estándares occidentales, establecer grandes negocios y, sobre todo, rediseñar el mapa de Medio Oriente frente a Irán y Rusia.
Trump escuchó a Al-Sharaa y su petición de un voto de confianza en que puede restaurar la estabilidad y la unidad nacional. Pero la situación en Latakia y Tartus, tras las masacres contra los alauitas en marzo, y la violencia sectaria contra los drusos en Damasco y Suweyda, muestran que esos objetivos están lejos.
Sin embargo, estos triunfos en materia exterior consolidan el apoyo popular interno y dan un empujón a la resiliencia de la población siria, que espera sin embargo resultados inmediatos.
NEGOCIOS SON NEGOCIOS
Aunque Trump entregó varias demandas al presidente sirio, estas no son condicionales. Entre ellas, según la asistente de prensa Karoline Levitt, expresó su deseo de que Siria se adhiera a los Acuerdos de Abraham, normalizando relaciones con Israel. Aunque Siria rechazó esta instancia varias veces alegando que Israel ocupa gran parte de los Altos del Golan desde 1967 y ha bombardeado más de 600 veces el país desde la caída de Al-Assad, al-Sharaa ha reconocido recientemente que mantiene conversaciones para resolver el conflicto. El presidente estadounidense también instó al líder sirio a asumir la responsabilidad de combatir al ISIS y de controlar los centros de detención que albergan a sus combatientes en el noreste de Siria. También exigió que deporte a los que llama «terroristas» palestinos.
Hasta el momento, Estados Unidos ha dado apoyo a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por los kurdos para gestionar las cárceles del ISIS y los centros como Al Hawl. Pero este apoyo ha disminuido desde que Trump asumió el cargo y busca una rápida retirada, poniendo en peligro la precaria estabilidad de l zona.
Al-Sharaa también transmitió el interés de Siria en asociarse con empresas estadounidenses y en firmar acuerdos en los sectores del petróleo y el gas a cambio de levantar las sanciones y permitir la participación internacional en la reconstrucción de Siria.
El encuentro fue también un profundo gesto a los aliados de la Casa Blanca como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, tras arrancar acuerdos de inversiones por valor de 600.000 millones y 1,4 billones, respectivamente, en empresas made in USA.
Siria sigue al borde de una catástrofe económica que bloqueará cualquier posibilidad de construir un futuro para el país libre de tensión y violencia. Las nuevas relaciones con Estados Unidos no están libres de ataduras. Los objetivos de Trump en Siria y la región son claros -con o sin sanciones-: gobernar el país desde fuera por la fuerza económica al servicio de las empresas extranjeras. En ultima instancia, lo que le importa al magnate neoyorkino son los negocios.

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