«La tortura hay que entenderla como una violencia política planificada»
El Gobierno de Nafarroa ha reconocido que Pernando Barrena fue torturado en 1985 por la Policía española. El eurodiputado de EH Bildu ha narrado a GARA lo sufrido y, más allá del reconocimiento, ha reclamado que se revisen todas las condenas basadas en autoinculpaciones obtenidas bajo tortura.

El eurodiputado Pernando Barrena, detenido en 1985 por la Policía española e incomunicado en la comisaría de Iruñea, sufrió todo tipo de golpes, amenazas y humillaciones. En esta entrevista para GARA ayer por la mañana, una vez que ya no hay espacio para ocultar la sistemática práctica de la tortura, el eurodiputado de EH Bildu reclama que se revisen las condenas basadas en autoinculpaciones obtenidas bajo tortura.
¿Cómo se recibe esta noticia?
En este proceso me he sentido muy arropado y muy bien tratado. Por una parte por la Red de Personas Torturadas de Nafarroa, que hace un trabajo enorme y que sigue estando encima de todas las personas afectadas, arropando, aconsejando y acompañando. Y también por el trabajo que hace el Gobierno de Nafarroa. Creo que es fundamental si de verdad queremos entender lo que pasó durante años. La práctica de la tortura hay que entenderla como un fenómeno de violencia política planificada.
De hecho, los distintos reconocimientos pueden ser prueba de ello.
No era un misterio. Somos un sitio muy pequeño y todo el mundo ha tenido un familiar, un amigo, un vecino, que estuvo detenido por razones políticas. Y todo el mundo sabía que cuando a una persona se le detenía en esas circunstancias tenía un riesgo muy elevado de sufrir maltrato y torturas.
Otra cosa es que para que la tortura, como fenómeno político, pueda pervivir, es también necesario que haya una parte de la población que se crea el mensaje de que es una invención, incluso cómo se llegó a decidir que había no sé qué manual.
Todavía suelen decir que había funcionarios policiales a los que se les iba la mano. Esto no han sido una docena de funcionarios policiales que se les iba la pinza. La práctica de la tortura ha sido algo planificado, como una herramienta política contra la izquierda independentista y que buscaba dos objetivos: extender el terror ante la opción de que te tuvieras que ver las caras con esa situación y obtener información, declaraciones forzadas y contra la voluntad de los detenidos.
La Audiencia Nacional reconoció la práctica de la tortura en el caso de Iratxe Sorzabal.
Que esto aparezca en una sentencia de la Audiencia Nacional tiene un valor, además del jurídico, político enorme, y es una pequeña gota de todo ese océano que ha simbolizado el paso por la Audiencia Nacional durante decenios. Más allá de la lectura y del relato particular que hacemos cada uno, creo que hay una verdad objetiva básica que es compartible por toda la sociedad: la tortura obedecía a una planificación política concreta.
¿Esa negación de la tortura es algo ya del pasado?
Creo que es algo asumido por el 100% de la población. Otra cosa es que haya quien siga negando que eso haya sido consecuencia de una actuación política concreta, de unas directrices. O quienes consideran que en las brigadas antiterroristas la utilización de métodos fuera de la legalidad y que vulneraban los derechos humanos de los detenidos, pues era algo que se podía llevar hacia adelante.
En su caso se remonta a 1985.
Fue una actuación policial de la época. Este martes, además, se cumplen 40 años. Alguno dirá que viene tarde. Para este tipo de cosas nunca es tarde. Como fuerza policial no había trabajo de investigación, cuando quería saber algo simplemente utilizaba la fuerza bruta y entonces procedía a detener entornos enteros, familias, cuadrilla... En nuestro caso fuimos detenidas cinco personas. El día anterior la Korrika había terminado en Iruña, fue una demostración de un apoyo social al euskara en Nafarroa. Decidieron que tenían que dar una respuesta y nos detuvieron acusándonos de formar un comando de información. A ver qué sale. Vamos a machacar a 20 personas. Y el método de investigación era el maltrato, la tortura, la amenaza no solamente a ti, sino a tu entorno, a tu familia, etcétera.
A una de las personas que estaba conmigo detenida se le fue concedido un habeas corpus. Es la única persona en Euskal Herria a la que un juez le ha concedido un habeas corpus, porque cuando lo vio era más que evidente por lo que estaba pasando.
¿Cómo lo recuerda?
Fue una detención a altas horas de la madrugada en casa de mis padres. Fueron cinco días en la comisaría de Pamplona, con otras cuatro o cinco personas, en la que fueron una constante las humillaciones, golpes, amenazas... Un trato extremadamente vejatorio. La tortura llega a acumularse a tal nivel que cuando pasas por delante del juez y te dicen que vas a la cárcel es un alivio. No quieres volver a la situación anterior.
Y en estas cuatro décadas ¿qué le ha supuesto aquello?La vuelta a la realidad es dura. Andabas por la calle y te podías encontrar con los policías que te habían torturado. A mí me pasó más de una vez, y fueron tragos duros. Creo que cada persona responde de una manera muy diferente. Seguramente habría necesitado, pero no se llevaba mucho en aquellos tiempos ningún tipo de ayuda profesional. Y el tiempo acaba por enterrar todo, como herramienta de autodefensa y de supervivencia.
De hecho, estos procesos de reparación son fantásticos, necesarios, pero tienen un costo muy alto para la persona que pasa por ellos, porque supone volver a abrir ese cajón. Gilles Perrault, escritor francés de la Orquesta Roja, habla de la tortura que sufrieron en la ocupación nazi. Dice que solo el diablo puede hablar de lo que pasó en el infierno. Es muy difícil de relatar qué supone la experiencia si no la has vivido y la pelea que supone constantemente con tu psique.
Ha tenido que volver a pasar por aquello.
Cuando comparecí en la comisión del Gobierno de Nafarroa, les dije que no necesitaba eso como parte de mi terapia. No necesitaba un reconocimiento, pero creo que era una obligación, sobre todo, por respeto a las personas que lo pasaron mucho peor que yo y a las que incluso les costó la vida.
Ha habido cientos de condenas basadas en los testimonios obtenidos bajo tortura.
En una época no muy lejana se encarcelaba a personas cuyo único sostén probatorio de acusación eran declaraciones obtenidas bajo tortura en dependencias policiales. Y muchísima gente ha cumplido muchísimos años de prisión en esas condiciones. En estos momentos, de los 100 y poco presos que quedan, sigue habiendo todavía muchos de ellos cuya principal base probatoria son autoinculpaciones obtenidas bajo tortura. Es necesario plantearse la revisión.

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