Nunca nadie se sintió tan a gusto porque le tocara seguir mirando desde las sombras

Encontrar un archivo extenso de fotos de Alfredo Salazar es complicado. Entrevistarlo puede ser una actividad de alto riesgo, porque uno no sabe si le dirán que sí, o «vuelva usted mañana», o «monta aquí, y verás París». No está en su carácter hacia el gran público ser la alegría de la huerta, precisamente, y tiene un aire a viejo cascarrabias a medio camino entre las películas de John Ford y las novelas de Charles Dickens. Pero si Luis Scola o Tiago Splitter cada vez que regresan a Gasteiz se toman un rato para visitar «al viejo» y se dan un abrazo con él, es que en las distancias cortas, gana.
Si Andrés Nocioni valora de forma pública y notoria que Salazar no solo viajase hasta Argentina desde Gasteiz, sino que se recorriese medio país apara verlo a él y, contra el criterio de todos, hasta Josean Kerejeta, se decantara por el santafecino aun cuando este en aquellos años apenas si distaba a dos pasos del «potro desbocado», eso habla de alguien con visión. Con aciertos y errores, pero con visión. Ese es Alfredo Salazar, quien después de casi 40 años al frente de la secretaría técnica de Saski Baskonia, le cede los trastos a Xevi Pujol, quien ni siquiera había nacido cuando Salazar encadenaba sus primeros éxitos como ojeador.
A sus 71 años Salazar no se retira. A ver, si no, quién lo soporta. Su personalidad tiende a lo huraño, poco propicia para triunfar como entrenador -compárenlo con Pablo Laso, o Ibon Navarro-. Poco que ver con la alegría por la vida y por la buena compañía de Xabier Añua. Más ideal para trabajar desde las sombras que en primera línea. Bueno, ahora que ha perdido algo de relevancia en la secretaría general, quizá esté en su puesto ideal.
TALENTO Y CARÁCTER
Ha sorprendido en cierta medida esta llegada a Gasteiz de Xevi Pujol, pero el joven manresano, que también sabe lo que es ser ayudante de un grande como Pedro Martínez, mientras que Salazar fue segundo de Herb Brown, se ha ganado en apenas un lustro un respeto. Su nómina de aciertos de jugadores que hoy andan por la Euroliga o cerca -Brancou Badio, Sylvain Francisco, Joe Thomasson, el propio Chima Moneke, ojo con Derrick Alston jr...- le dan empaque al señor de 35 años como para el que señor que el 1 de julio cumplirá 72 dé un paso al lado, aunque sería absurdo que Xevi Pujol no escuchase los consejos de Alfredo Salazar.
Marcelo Nicola fue el primer aldabonazo de Salazar, en un primer viaje a Argentina que ha repetido varias veces. Andrés Nocioni no fue una apuesta tan obvia como Luis Scola y si Manu Ginóbili no aterrizó por Gasteiz fue porque a Sergio Scariolo no lo acabó de convencer. Oberto andaba con «morriña» y deprimido en Olympiacos, y pudo rescatarlo. Prigioni mejoró, Los Espil, Gabini, Palladino, Schonoccini, Wolkowisky, Walter Herrmann, un crepuscular Carlos Delfino y hasta Luca Vildoza, negándose Salazar en redondo a su cesión, llegaron de su mano.
«Lo primero en lo que me fijo es el talento, pero lo más importante es el carácter», dice Salazar, aunque en su currículum también hay horrores como Nocedal, la desgracia por las lesiones de Bordignon y petardazos como Van Oostrum y hasta Dejan Musli. Es lo «bueno» de no ser infalible.
Pero lo sigue intentando. «Intentar ver a un jugador de futuro es como un veneno. No es ser más listo o decir ‘yo tenía razón’, sino adelantarte un minuto, o que te dé rabia llegar tarde», aclara, aunque tal vez su talón de Aquiles esté en los cupos de formación. Escudarse en la falta de altura -el estado europeo de mayor altura promedio es Países Bajos, quien desde Rick Smits poco jugador de élite ha sacado- para ni mirar los mercados locales -¿no hubieran tenido Darío Brizuela y López-Arostegi sitio en su día?- es casi siempre un error.
Tal vez ahí Xevi Pujol abra la mano, aunque imaginamos que, como buen personaje de Dickens, Salazar replicaría con un «¡Paparruchas!». Pero los tiempos también han cambiado en el Baskonia. Y si bien a Pujol hay que darle tiempo y margen para errar, ahí estará Salazar a la sombra, huraño hombre de club, intentando buscar lo mejor para la entidad, que es lo que cuenta.

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