Japón promete reducir las bases militares de EEUU en el archipiélago de Okinawa
El archipiélago japonés de Okinawa conmemoró ayer el 80 aniversario de una de las más cruentas batallas de la Segunda Guerra Mundial, que dejó más de 200.000 muertos, con una ceremonia en la que las autoridades centrales y regionales pidieron reducir la presencia militar estadounidense en la zona.

A la ceremonia de conmemoración de la batalla de Okinawa en el Parque de la Paz de Itoman, localidad en el sur de la isla principal, acudieron tanto el primer ministro nipón, Shigeru Ishiba, como el gobernador de Okinawa, Denny Tamaki, además de políticos como el ministro de Exteriores, Takeshi Iwaya.
«Transmitiremos este firme compromiso de no repetir los horrores de la guerra a las generaciones venideras y trabajaremos para lograr un mundo donde la gente pueda vivir en paz y prosperidad», dijo Ishiba, en un contexto de creciente preocupación por los conflictos en todo el mundo, especialmente por la escalada bélica en Oriente Medio.
El primer ministro prometió reducir visiblemente las bases estadounidenses en Okinawa, porque la región «sigue soportando una carga desproporcionada», denunció el gobernador de la región.
Tras el final de la guerra del Pacífico y la derrota de Japón, Okinawa quedó bajo administración estadounidense hasta 1972, periodo en el que instalaron numerosas bases en la región que continúan activas.
El sentimiento antibases está muy extendido entre la población del archipiélago por el ruido, la contaminación y los delitos perpetrados por militares estadounidenses, entre ellos agresiones sexuales.
Entre los asistentes a la ceremonia, casi todos vestidos con una camisa típica de Okinawa de color negro luto, se encontraban un representante de la organización antinuclear Nihon Hidankyo, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2024, y la subsecretaria general de las Naciones Unidas y alta representante para Asuntos de Desarme, Izumi Nakamitsu.
ÚNICA INVASIÓN TERRESTRE
La batalla de Okinawa supuso la única invasión terrestre de EEUU en Japón durante la Segunda Guerra Mundial, y se produjo pocos meses antes de la rendición total del país asiático a los pocos días de lanzarse las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.
El sangriento enfrentamiento duró tres meses y costó la vida de uno de cada cuatro okinawenses, unos 94.000.
Este pequeño archipiélago acoge en torno al 75% de las instalaciones militares estadounidenses que hay en Japón. Las bases militares, que ocupan una quinta parte de la superficie de la isla principal, fueron construidas sobre suelo expropiado durante el período de ocupación estadounidense, que duró hasta 1972, dos décadas más que en el resto del país asiático.
En paralelo a la relocalización de las bases estadounidenses, que está en marcha, pero que se enfrenta a obstáculos medioambientales y legales, Japón ha reforzado su capacidad militar en la zona en respuesta a la intensificación de las actividades militares chinas en aguas próximas a Okinawa y en las cercanías de Taiwán y de las islas Senkaku, administradas por Tokio, pero reclamadas por Pekín.
Estos movimientos han incrementado la preocupación entre la población de Okinawa de que el archipiélago pueda convertirse de nuevo en la primera línea de otra guerra.

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