«La misoginia es un caldo de cultivo para partidos con voto-venganza»
Este consultor político explica en su último libro el impacto de la creciente soledad en los varones jóvenes y cómo las redes sociales canalizan esa frustración, que deriva en una cada vez mayor brecha de género en el voto. También alerta del desplome de la expectativa de una mejora de vida, de que es una generación que vive con fatalismo la idea de futuro.

Un consultor catalán viviendo en Buenos Aires. Antoni Gutiérrez-Rubí, catedrático y especialista en comunicación política y análisis electoral, reside hace tres años en la capital argentina, donde tiene una sede de su consultora Ideograma, fundada en Barcelona.
No viene de tiempos fáciles: hasta hace poco asesor del alcalde de Buenos Aires, Jorge Macri (primo del expresidente), ha recibido ataques en redes sociales por parte de Javier Milei, quien lo acusó de promover una «campaña sucia» en las elecciones de medio término de esa ciudad. Incluso, según la prensa local, intentó revocarle su permiso de residencia, pero el catalán ganó el pulso al demostrar un error de Migraciones.
En conversación con GARA, Gutiérrez-Rubí explica su último libro, “Polarización, soledad y algoritmos”’ (Ed Siglo XXI, 2’25), un análisis profundo de la brecha de género actual y la derechización del segmento más joven de los hombres en Occidente, y asegura que «para que las reformas sean irreversibles, se necesita tiempo, paciencia y pedagogía; cuando las reformas se aceleran, las posibilidades de que sean reversibles aumentan».
Han sido meses difíciles para usted. Es raro que un presidente de un país agreda por redes sociales a un consultor de la oposición.
Sin comentarios.
Entendido. Yendo al libro, narra la cruda realidad de los jóvenes en cuanto a vivienda y la percepción de futuro, y destaca la brecha de felicidad con los mayores. Esto y la revolución tecnológica ¿son los dos pilares en los que se asienta el giro del voto a la ultraderecha de los jóvenes?
El punto central para mí es la pérdida de sentido del futuro para la generación centennial. Todas las generaciones anteriores han asociado futuro a progreso, a emancipación, el futuro estaba cargado de posibilidades. Es la primera generación que vive con fatalismo la idea de futuro, piensa que este presente será peor que el que vivieron sus padres. Se ha roto el vínculo con el futuro y eso tiene que ver con la precariedad en el empelo, la falta de consistencia de retribuciones económicas, la dificultad para emanciparse.
Esta generación muy formada siente que va a vivir peor que sus padres y ven el futuro como el lugar al que no quieren ir, que no va a ser mejor. Esa ruptura es muy fuerte. Ese dolor y desengaño tiene unos niveles de socialización en las redes sociales, donde estas frustraciones se pueden canalizar de manera diferente, nueva; ahí los pescadores de frustraciones son capaces de ofrecer sus soluciones rápidas y extremistas y conectar con el sentimiento.
¿Esto es algo de todo el planeta, de Occidente, de Europa y EEUU? ¿Cuál es el ámbito?
Es una pregunta muy pertinente, porque los jóvenes se parecen mucho actualmente, vivan donde vivan. No se puede generalizar, pero al margen de su territorio y condición socioeconómica, hay una ruptura generacional y del pacto intergeneracional. Es un dato importante que aparece en muchos estudios y muchos países.
La nostalgia de autoritarismo aumenta en los centennials, según las encuestas. ¿Por qué? ¿Irá en aumento?
Es una demanda de orden, de previsibilidad, hay una especie de nostalgia infundada a la previsibilidad del orden autocrático en donde eso emerge y aparece como deseo frente a la precarización de la vida actual. Sobre si va a continuar o no… es difícil decirlo. Al menos en países de la OCDE, las propuestas de extrema derecha o de derecha radical siguen creciendo en términos electorales y creciendo en el sub-30.
En el libro dice que cuando se impone el voto progresista en la generación Z es porque se movilizaron más las chicas, y cuando es la ultraderecha, los chicos.
Sí, ocurre en Europa con mucha claridad, también en EEUU y algunos países latinoamericanos. Hay una reacción que tiene que ver con la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, hay una reacción de defensa, de querer preservar la situación de privilegio, a lo que se suma una mala digestión de la igualdad acelerada de los últimos años. Especialmente en esta década del MeToo, que hace que muchos varones se vean amenazados y sustituyan el machismo tradicional por la misoginia, es decir, el miedo a la mujer y a sus capacidades, a su poder, a su eficacia, a su capacidad académica. Esa misoginia es muy larvada y hace que muchos varones a los que les cuesta aceptar y entender un contexto de igualdad efectiva vean en las políticas de igualdad más discriminación positiva. Ven una amenaza a la propia identidad.
Eso es muy profundo. Uno ve chicos absolutamente normales que se sienten amenazados y cancelados al expresar sus ideas y miedos, y viven de manera subjetiva esa falta de seguridad y autoafirmación que después canalizan en estas soledades conectadas de las redes sociales.
Hay un elemento importante que va mas allá del libro… una reflexión que hago últimamente: para que las reformas sean irreversibles, se necesitan tiempo, paciencia y pedagogía. Cuando las reformas se aceleran, las posibilidades de que las reformas sean reversibles aumentan. Se necesita un clima de época y eso no se logra con reformas legales y administrativas. Creo que quizás pueden haberse producido algunas aceleraciones reformadoras que no tuvieron la paciencia que merecen.
Cita estudios demoscópicos de EEUU que dicen que mujeres y personas LGTBI participan de más actividades grupales, de grupos de discusión, mientras el hombre joven está más aislado. ¿Por qué es y cómo se cambia?
Yo veo que se produce un ensimismamiento, una desigualdad solitaria, una discriminación subjetiva, que encuentra un consuelo, una comprensión, un lugar en determinados ámbitos de la vida digital: «Me aíslo y me convierto en un solitario con comportamientos asociales». Les cuesta socializar en entornos abiertos con igualdad de género.
En cambio, en las redes se encuentran a chicos como ellos en los que pueden canalizar parte de su frustración y desengaños, sienten que no están solos. Se produce allí una resignificación de su soledad y encuentran otros varones que sienten las mismas cosas que ellos. Además, las plataformas y los algoritmos favorecen, a través de filtros y burbujas, evitar la disonancia cognitiva, expulsan las disonancias. y es un lugar por tanto confortable, donde estos chicos pueden dejarse ir, mostrarse sin vergüenza, sin pudor y sin cancelación.
Habla de la importancia de construir relatos nuevos capaces de unir a pesar de la diversidad. ¿Un ejemplo?
Doy importancia a las prácticas comunitarias, Allí donde hay trabajo común, florece el interés general. Hay como una pasarela natural, si hago algo con otros, es normal que nos preocupe aquello que es útil para todos. El trabajo comunitario o las practicas comunitarias, sea jugar un partido de futbol o preparar una fiesta popular, o trabajar en la reparación o recuperación de un espacio público, todo lo que tenga que ver con el espacio público, aumenta y crea las condiciones para que el interés general florezca.
En esos contextos, la igualdad de hombres y mujeres aparece como natural. La gran tarea de los espacios progresistas o de la cultura progresista es recrear la vida comunitaria. No es una tarea ideológica, es de praxis, y eso me parece fundamental.
En el libro comenta la incapacidad que está teniendo un segmento de varones de la generación Z para tener vínculos sexoafectivos y que eso puede hacer que las diferencias se amplíen, porque las relaciones de pareja son fundamentales para equilibrar las posturas entre género.
Sí, está afectando a la hora de votar, porque hay una oferta política que ha visto la frustración como un caldo de cultivo para recuperar posiciones, penetrar en ellas. En el fondo, es fácil llegar al corazón de la gente y a su cabeza cuando entiendes sus tripas y hay algo ahí emocional que tiene que ver con esa frustración que apuntábamos antes, con esta misoginia. Un caldo de cultivo ideal para ofertas que se presentan como un atajo rápido para hacer que tu voto sea una venganza, que parezca un ajuste de cuentas. Y esto aparece crecientemente en las encuestas, ese voto castigo. Los casos más paradigmáticos son Trump y Milei.
En las conclusiones dice que es importante reducir los altos porcentajes de soledad entre los hombres de la generación Z y aumentar su interacción. ¿Por qué?
La soledad es un escenario en donde tu frustración en la relación con la socialización, sea familiar, generacional, social, etcétera, puede canalizarse extrema. En la soledad germinan reacciones negativas y cuando hay una opción de voto radicalizado que permite exteriorizar y proyectar esa frustración es muy tentador. Y creo que irá a peor, llevamos muchos años de deterioro de los indicadores democráticos. Hay un retroceso de cultura democrática, según muchos estudios, y no sería descartable que se profundice. Hay que identificar bien el problema sin prejuicios y abordarlo con la seriedad necesaria.

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