El Centro Sociale Leoncavallo, desalojado en su 50 aniversario
Semejable a un gaztetxe, Leoncavallo se halla en un barrio periférico de Milán y había sobrevivido a más de cien denuncias e intentos de desahucio hasta ayer. Tuvo mucha importancia en los años 70, cuando fue acusado de reclutar para las Brigadas Rojas. Esta es su historia.

Si uno dice Leoncavallo en Italia, la conexión es inmediata: estamos hablando del famoso «centro sociale». Vale, ¿y qué es un «centro sociale»? Se trata del concepto más cercano a lo que puede ser un gaztetxe de Euskal Herria, pero la dimensión es inmensa.
Hay varios centros sociales en Italia, pero el más conocido es sin duda este Leoncavallo, en Milán, que este año cumple medio siglo de vida. Quienes vayan a Turín, por ejemplo, encontrarán otro que lleva hasta nombre euskaldun: el Askatasuna.
Leoncavallo viene a ser el padre, o el hermano mayor, de todas estas estructuras. Conocido, popular, controvertido, histórico, símbolo de un intento de resistencia a un tipo de economía y de vida que va en dirección opuesta.
Viene... o venía, porque su continuidad está hoy muy en entredicho. En la madrugada de ayer, y por sorpresa, se materializó el desalojo, con el empleo de un abundante dispositivo policial. A falta de un mes para cumplir su primer medio siglo de vida, varias patrullas policiales de la ciudad de Milán entraron en este macro-espacio, símbolo de la cultura alternativa y militante.
«No hay espacio para la ilegalidad», declaró el ministro de Interior, Matteo Piantedosi, mientras los principales medios italianos -RAI incluida- emitían en directo imágenes del operativo policial, con la entrada sellada a cal y canto por policías con armamento y escudos.
Este desahucio estaba programado para el 9 de septiembre, pero las máximas autoridades probablemente tenían prisa. Fuentes oficiales italianas apuntan a algún intento de negociación para trasladar el centro a otro punto, pero habrá que ver cómo acaba.
El Centro Sociale Leoncavallo debe su nombre a la calle donde originariamente fue fundado, el 18 de octubre de 1975, en una antigua fábrica abandonada donde se elaboraban productos farmacéuticos. Concretamente en el número 22 de la Via Ruggero Leoncavallo, el compositor entre otras partituras de ‘‘Pagliacci’’, una de las óperas más conocidas en el mundo.
EL VIEJO Y EL NUEVO LEONKA
Estaba en el noreste de Milán, un barrio reconocible porque varias calles y plazas llevan el nombre de algún compositor (Boccherini, Scarlatti, Lulli, Porpora, Catalani, Falloppio, Jommelli) o libretista (Giacosa). El barrio se llama genericamente Casoretto, coqueto y popular al mismo tiempo, que, a su vez, se sitúa en el interior del macro-barrio llamado Lambrate.
Sin embargo hoy en día Leoncavallo no se encuentra allí -donde han abierto un banco-, sino más lejos todavía del centro, en la verdadera periferia, en una calle que se llama Via Antoine Watteau, en el barrio Greco. Este sí, muy obrero, un barrio que ha mantenido su autenticidad.
La gentrificación ciertamente ha llegado también hasta aquí, a la ciudad maestra de la especulación inmobiliaria, pero caminando por las calles de Greco, zona que se encuentra más al norte de Casoretto, parecen respirarse atmósferas del pasado.
El Leonka (apelativo histórico del Leoncavallo) no ha cambiado su nombre por Watteau, por cierto, y con sus cincuenta años de vida es realmente la atracción principal de la zona. Desde 1994 la sede del Centro Sociale, denominado también Spazio Sociale Autogestito, está en este gigantesco edificio (15.000 metros cuadrados, más que el Buesa Arena de Gasteiz por poner un ejemplo), que anteriormente era una fábrica papelera que quedó abandonada.
CUATRO ACCESOS
Es tan enorme el edificio que se puede acceder desde cuatro puntos distintos; el más llamativo, sin duda, el que pasa por debajo del ferrocarril. Todo el entorno está lleno de murales, muchas veces cancelados y de nuevo pintados. Según el exconcejal de Milán y critico de arte Vittorio Sgarbi, «parecidos a la Capilla Sixtina».
La otrora papelera era propiedad del grupo industrial de Giorgio Cabassi, uno de los pesos pesados del sector inmobiliario milanés, protagonista de varias especulaciones. Y desde 1994, cuando el área fue ocupada, estaba intentando recuperar «su» edificio, a través de procedimientos judiciales, siempre rechazados.
Han sido más de 130 en tres décadas las denuncias a Leoncavallo, sobre todo por «ocupación abusiva», con el objetivo final de desahuciar el centro sociale. Casi se ha convertido ya en un chiste, porque cada administración local, de derechas e incluso de izquierdas, ha tenido que encarar alguna denuncia por parte de los Cabassi, que querían construir allí unas cuantas oficinas.
Es evidente que los desahucios han sido aumentado con alcaldes de centro-derecha, pero esta práctica es una especie de constante de la historia underground de la capital lombarda. Así que, llegados a este momento, prácticamente nadie hacía caso a las denuncias contra Leoncavallo, que a veces han sido ridículas. Por ejemplo la de 2018, cuando la acusación consistía en haber pintado de rosa las rayas azules de la OTA milanesa. La última, hace pocas semanas, alcanzó a la asociación Mamme Antifasciste, a quien se pedía una multa de 3 millones de euros de nuevo relacionada con el no-desahucio del centro. Para los responsables del Leonka, nada nuevo bajo el sol; vivir siempre al filo de la navaja formaba parte de la cotidianidad.
RECLUTAR PARA LAS BR
Leoncavallo ha visto realmente de todo en su medio siglo de vida. Cuando nació estaban apagándose los últimos ecos del movimiento de 1968 y, sobre todo, empezaba la primera oleada de los grupos armados extraparlamentarios, encabezados por las Brigadas Rojas (BR), muy activos en una ciudad entonces extremadamente obrera como Milán (ahora ya no).
Las primeras acusaciones contra el Leonka, de hecho, fueron las de ser un lugar que no solo simpatizaba con las BR, sino que reclutaba directamente para la milicia. Una milicia que en otros puntos de la capital lombarda había ya golpeado.
Mientras tanto, en el Centro Sociale Leoncavallo se había abierto un jardín para la infancia, una guardería, un comedor social, una clínica ginecológica y una escuela popular para que los trabajadores pudiesen obtener el diploma de secundaria. Y se desplegaban iniciativas culturales y políticas: conciertos, talleres feministas, exposiciones, organización de manifestaciones, protestas en general...
Un primer punto de inflexión se marcó el 18 de marzo de 1978, cuando toda Italia estaba pensando en el «caso Aldo Moro», el secuestro del presidente de la Democrazia Cristiana por parte de las Brigadas Rojas, que acabaría con su ejecución. Aquella noche, en Via Mancinelli, una calle pegada al viejo Leoncavallo, mataron a dos jóvenes militantes del Leonka: Fausto Tinelli y Lorenzo Iaio Iannucci. Regresaban a casa cuando alguien, que nunca ha sido descubierto, les quitó la vida utilizando una pistola con silenciador. El trabajo perfecto de un killer.
SALVINI, UN ASIDUO
Se especuló mucho sobre este suceso. Desde una posible investigación del mundo de la droga por parte de los dos chavales, que habrían descubierto algo «gordo», hasta una terrible coincidencia. Y es que pocos años después se encontraría en Via Monte Nevoso 8, en una calle que se inicia donde termina Via Leoncavallo, girando a la derecha, la «guarida» de las Brigadas Rojas en Milán.
En la misma calle, enfrente del número 8, vivía la familia Tinelli. Es patente que algunos miembros de la «columna milanesa» de las Brigadas Rojas habrían cómo mínimo paseado por los alrededores de Leoncavallo, ¿acaso Fausto había visto u oído algo que no tenía que ver u oír?
En cualquier caso, casi toda la juventud de la ciudad lombarda ha ido por lo menos una vez al Leonka. Yo también un par de veces, penalizado por la ubicación del centro sociale, exactamente en la otra punta respecto a donde vivía en Milán.
Y también los personajes más inesperados, como el mismísimo Matteo Salvini, líder de la Liga Norte y actual viceprimer ministro del Gobierno de derechas de Giorgia Meloni. Salvini, milanés del barrio obrero del Giambellino (al otro lado del mapa de la ciudad), en una de sus primeras entrevistas públicas afirmaba, allá por 1993: «Conozco a los militantes de ese centro social, no son unos violentos. Iba a menudo allí entre los 16 y los 19 años». Unas birras, unos conciertos, unos encuentros con la hinchada del Milán, por aquel entonces muy de izquierdas...
Mucho ha cambiado todo: Salvini, el Leonka, Milán... Pero medio siglo después sigue manteniéndose la importancia de este centro que seguro intentará sobrevivir también después de este zarpazo.

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