Pablo sale a la noche
No durarán los días / pero qué intensos fueron / qué luz de mediodía”. Son versos de “Islas en bajamar”, canción de su último disco “Y volvimos a abrazarnos” (2021).
Pablo Guerrero murió el 30 de septiembre. Mi fervor por el pacense viene de lejos. No de su primigenia “Amapolas y espigas” (69), ni siquiera de “A cántaros” (72); pero sí de esa festiva reivindicación de libertad que fue “A tapar la calle” (78), con joyas como “Una tarde” o “Paraíso ahora”. Y me emocionó luego disco a disco, hasta doce; lento viaje en compaña de sus fieles Luis Mendo, Nacho Sáenz de Tejada, Suso Saiz. Resistente ante la mudanza de los tiempos y la hostilidad de las modas y los modos; partidario del menos es más, de la emoción precisa y sutil.
Nos pasmó la transformación de su voz, gastada por el tiempo pero a la vez plena de humanidad; cada vez más áspera, pero más transparente y frágil, más esencial.
Hasta la luminosa postrimería de su último disco; acompañado solo por la trompeta de Santi Vallejo, en “Abierto” parece acercarse al final: “Se abre una rosa / Llega el futuro / Cesa la espera / Llega / Cesa / Se abren los cielos / Subo a la tierra / Entro en la lluvia / Subo / Entro / Se abre una sombra / Salgo a la noche”.

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