2013/11/18

Jesus Valencia
Educador social
Hablaremos de bioética

Ante Marlaska pasaron los jóvenes detenidos en 2008, en setiembre de 2009, en noviembre de 2010. Y el juez firmaba órdenes de prisión mientras mantenía frívolas charletas a través de su móvil

El día 15 de octubre arrancó en la Audiencia Nacional el juicio contra 40 jóvenes vascos. La memoria, picajosa y tenaz, me trasladó al año 2008. Soplaban por aquel entonces ventiscas crudas contra la juventud organizada. Una tras otra, se iban produciendo detenciones de chavalas y chavales; cobraba fuerza el fantasma de las listas negras; vi a madres llorar angustiadas ante la hipotética, y luego practicada, detención de sus hijas... Era evidente que el Estado les había declarado la guerra.

Al frente de aquel galopar, un juez sañudo que lideraba la acometida: Grande Marlaska. Varias de las jóvenes hostigadas por la Policía se presentaron voluntariamente para declarar ante él, pero el magistrado rehusó recibirlas. Prefería tomarles declaración una vez que hubieran sido oportunamente maceradas en las dependencias policiales. Durante las primeras sesiones del juicio referido declararon las personas encausadas. Y el espanto de las torturas se adueñó de la sala. Vejaciones y maltratos desde el primer momento de la detención: humillaciones inhumanas a los muchachos; obscenos ultrajes sexuales a las chicas cuasi desnudas; congoja de quienes, entre sollozos, relataban lo que les había tocado soportar; silencio sepulcral de una concurrencia anonadada ante tanta barbarie. Y detrás de todo, como es- pectro en noche de pesadillas, él. El magistrado que tenía obligación de velar por la integridad de las personas a las que había ordenado detener.

Ante Marlaska pasaron los jóvenes detenidos en 2008, en septiembre de 2009, en noviembre de 2010. Y el juez iba firmando órdenes de prisión mientras mantenía frívolas charletas a través de su móvil. Todo dentro de lo previsible. Bueno, todo no; hubo un hecho que rompió las previsiones. Fue invitado a Iruñea para que diera una charla sobre ética en el ámbito judicial. El impulsor de la iniciativa fue Koldo Martínez, profesional en medicina intensiva y peso pesado de Geroa Bai, quien dice «tener respeto absoluto por las personas», «situarse en el lugar del otro» y «navegar siempre a favor de la razón humana». La disertación de Marlaska estuvo espesamente protegida: el acceso al salón, restringido y los alrededores del Iruña Park, blindados. El ponente expuso las medidas que, según él, suele aplicar para garantizar los derechos del detenido. Sus palabras arrancaron los encendidos aplausos de algunos asistentes; otra mezquina aportación a favor de la impunidad de que goza la tortura. Un grupo de personas intentó desenmascarar a Marlaska y a Martínez. Lo tuvieron difícil. Fueron arrojados a las antípodas del hotel donde se celebraba el acto y obligados a exhibir el reverso de la pancarta que habían preparado. Estrambótica imagen la de unos estoicos denunciantes concentrados tras una pancarta en blanco.

La charla de 2011 fue una pantomima. La verdadera ponencia sobre bioética está pendiente y, cuando este pueblo sea libre, seguro que se celebrará. Intuyo que será sustanciosa. Se les planteará a Marlaska y a Martínez la misma pregunta que recogía la pancarta amordazada por orden policial: «La incomunicación y la tortura ¿son justicia ética?».