El desaire de Ucrania a la UE ensombrece la cumbre de Vilna
La cumbre entre la Unión Europea y seis antiguas repúblicas soviéticas se abrió ayer en Vilna, Lituania, devaluada por el rechazo de Ucrania, el estado más importante de este grupo, a firmar el acuerdo de asociación con la UE, lo que debilita la estrategia comunitaria hacia el Este. Bruselas no cierra la puerta a la firma pero Kiev exige mejores condiciones.
Después de meses de negociaciones entre Bruselas y Kiev para intentar superar el caso de la opositora encarcelada Yulia Timoshenko, que la UE ponía como condición para firmar el acuerdo de asociación, Ucrania sorprendió la pasada semana cerrando la puerta en las narices a los europeos al rechazar la firma bajo presión de Moscú.
La cumbre, a la que asisten la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, François Hollande, y el primer ministro británico, David Cameron, arrancó con una cena de trabajo en el Palacio de los Grandes Duques de Lituania.
La UE insiste en afirmar que el acuerdo sigue sobre la mesa, pero las posibilidades de firmarlo, al menos en esta reunión, son ínfimas.
El giro del Gobierno ucraniano desencadenó la cólera de la oposición proeuropea, que desde entonces ha organizado continuas manifestaciones en Kiev, las más importantes desde la denominada «revolución naranja» de 2004, aunque mucho menores.
«Nosotros, los ucranianos, queremos cambios, queremos vivir con la familia europea, con reglas europeas, un nivel de vida europeo. El Gobierno y el presidente no pueden ignorar la opinión de la gente», recalcó el excampeón de boxeo y actual líder opositor Vitali Klitschko, presente en Vilna.
El primer ministro, Mykola Azarov, afirmó el pasado miércoles que el proceso de negociación continuaría pero el presidente, Viktor Yanoukovich, había advertido la víspera que Ucrania espera mejores condiciones para firmar, asegurando que las ofrecidas por Bruselas son humillantes para Ucrania y hubieran supuesto una debacle económica para su país.
Coste económico
Kiev cifra en 160.000 millones de dólares el monto necesario solo para homologar la legislación ucraniana a la europea, sin contar con el coste que supondría en dinero y empleo la pérdida del mercado ruso, y tachó de «limosna para un pedigüeño» los 1.000 millones de euros que Bruselas le ofreció como compensación.
El comisario europeo de Política de Vecindad, Stefan Füle, tachó estas excusas de «infundadas y poco convincentes» y las cifras mencionadas de «irreales» y «una muestra de pánico».
«Mañana, veremos qué camino elige Yanukovich. Si no consigue firmar el acuerdo, no podemos predecir cómo va a reaccionar la gente», afirmó Eugenia Timoshenko, hija de la líder opositora.
Ayer, antes de que se abriera la cumbre, el viceprimer ministro ucraniano y aliado de Yanukovich, Serguei Arbuzov, confiaba en un resultado positivo.
Yanukovich también estará presente en la capital lituana para dar explicaciones ante sus homólogos europeos.
«Mentalidad de guerra fría»
Bruselas no ha ocultado su enfado, elevando el tono al denunciar públicamente las presiones rusas. «La guerra fría ha terminado», Debemos superar esa mentalidad de `o uno o el otro'», criticó la víspera la canciller alemana, Angela Merkel, que señaló que «la puerta sigue abierta».
Pero la UE también es objeto de críticas por la forma de negociar con Ucrania. «Bruselas ha cometido un error de juicio» al focalizar su atención en el caso de Yulia Timoshenko, más que en oponerse a la «política de presión y chantaje» ejercida sobre Kiev por Moscú, opinó el presidente polaco, Bronislaw Komorowski.
También se reprocha a Bruselas no haber dado a Ucrania y a otros países del Partenariado una perspectiva clara de integración en la Unión Europea, como hizo con otros países del Este hace veinte años, tras la caída del muro de Berlín.
La UE quiere creer que el desaire ucraniano no cuestiona el proyecto lanzado en 2009 para intentar estabilizar las antiguas repúblicas soviéticas, insistiendo en los beneficios que estos países podrían obtener, especialmente en materia comercial o de liberalización de visados.
Pero en Vilna se va a tener que contentar con rubricar dos acuerdos de asociación. El primero se alcanzó ayer con Georgia. «Este no es un acuerdo sobre el ingreso de Georgia en la UE, pero con este documento el proceso de integración adquiere un carácter irreversible», aseguró David Zalkaliani, viceministro de Exteriores georgiano.
Moldavia, el país más pobre de Europa, también firmará hoy un preacuerdo de asociación con los Veintiocho, al igual que un convenio que facilitará la concesión de visados a sus trabajadores.
Igualmente, se suscribirán varios acuerdos de menor envergadura, como el de facilidades de visados para Azerbaiyán.

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