2013/12/14

Oier ARANZABAL
Vocal y guitarra acústica de Lou Topet

El año está llegando al epitafio, un tiempo en el que a solistas y bandas les ha dado por dibujar uno de los años más espléndidos de la joven historia pop de Euskal Herria. Una de esas referencias corresponde a Lou Topet y «Esnatu dira», de ritmos medios electro-acústicos dispuestos a perforar la piel con canciones de ritmo medio construidas con la máxima delicadeza y tensión ambiental.

«En el ámbito social y personal, la vida no tendría sentido sin ese profundo deseo de cambiarla»
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Lou Topet cuida el sonido, vigila el acelerador, acaricia las canciones, pero completa su debut sin dejar polvo en el proyecto, por lo que cuida el empaquetamiento, el diseño, los textos y el entorno que acompaña a lo esencial: «Esnatu dira», un mini cedé de seis canciones con la belleza onírica unida al latido.

Lo que propone el cuarteto es un set relajado donde no caben ni las estridencias justificadas, al menos por ahora, que por ahí podría haber ido el solo de guitarra de «Nire katea», pero se mide, se controla o, si se prefiere, se acomoda al ambiente general.

Las raíces llegan desde Zarautz a Norteamérica. Un concepto como americana explica de un plumazo el sonido de «Esnatu dira», después llegan los matices, pues, en ocasiones, el ambiente rítmico pasa por tiempos cercanos al jazz, no al purista, sino al ambiental. «Hautsiak» la podría cantar Jabier Muguruza, también Ruper Ordorika, pero, en general, Lou Topet se inclina por la libertad creativa que ofrece el contemporáneo neo-folk, que lo explica todo y no concluye en nada preescrito, lo que permite que, con coherencia, sean vecinas «Irauli II», una de las mejores canciones del álbum (con letra crispada contra los banqueros y demás corruptos, a pesar de su bondad estética), «Jain nahi nuke», el evanescente instrumental «Flow» con escobillas apagando luces desde la caja de Ander Zulaika o la animada, aun con sus valles, «Esan ez etortzeko».

Es pronto para intuir por dónde podría el grupo en un futuro, la banda ofrece diferentes pistas en un ilusionante debut que, como es natural, recoge ideas remitidas por diferentes momentos y etapas. Un segundo disco casi siempre perfila y se ciñe a una época más concreta, menos dada a los virajes primerizos. Al menos en formaciones con este tipo de música ampliable por cualquiera de los cientos de resquicios que contiene su estilo y la evidente capacidad de sus músicos para virar.

El debut, además, se puede considerar multidisciplinar, ya que para la edición Lou Topet ha contado con la ayuda del poeta Jon Benito e Imanol Agirre de la librería Garoa, ambos de la localidad, con su apoyo para la edición del disco. Además de ilustraciones del bilbaino Alain Urrutia. Esto podría ser todo, pero aún se le añade al set un libro de poesías de Jon Benito, la impecable grabación en los estudios Garate, y las posibilidades a la hora de elegir la compra desde su bandcamp con numerosos detalles complementarios a la música, como un reproductor de mp3 con su disco.

Oier Aranzabal es el vocalista y guitarra acústica de Lou Topet. Nacido en Bilbo (1988), pasa sus tres primeros años de vida en Madrid. Tras el inmediato regreso se instala en Zarautz. Comienza a interesarse por la música desde muy pequeño escuchando los casetes que su padre pone en el coche. Su madre le apunta de txiki a solfeo, donde coincide con Oihan Larrañaga (bajista del grupo). En 2009/2010 nace Garabi, donde también están Larrañaga y Ander Zulaika (batería de Lou Topet), proyecto que deja constancia de su existencia con la demo «Bihotz beltzen kluba».

Aparcado Garabi y con Aranzabal estudiando periodismo en Leioa, el vocalista toma la guitarra y se enfrenta al tono oscuro y doliente de escritores como Jeff Tweedy, Will Oldham, Pete Seeger, Damien Jurado o el izquierdoso y más rockero Billy Bragg (británico) y con los que da la «brasa» a sus compañeros de piso, que le animan.

El verano de 2012, en unas jam sessions que se organizan en el malecón, se atreve a tocar en público. Allí se le unen sus viejos amigos de Garabi (Larrañaga y Zulaika) y Unai Martinez, futuro guitarrista de Lou Topet.

Oihan Larrañaga nace en Zarautz !988). Ha tocado en bandas como The Art Of Loosing y Garabi. Es también periodista y tiene la «mala» costumbre de escuchar gran variedad de estilos de música.

Ander Zulaika nace en Zarautz (1989). Es licenciado en Derecho, apasionado del ajedrez y un batería con mucho gusto. Ha tocado en Garabi, Tik Tara, Bluestock, Anai Arrebak... Compagina su trabajo con Tik Tara y «curra» en verano en un grupo de romerías para poder dedicarse en exclusividad a la música.

Unai Martinez también es zarauztarra (1986). Es el guitarrista del grupo y a la que te descuidas sus fraseos se acercan al exigente mundo del jazz.. Comienza a tocar la guitarra con 18 años, por lo que demuestra que había talento natural. En la actualidad cursa cuarto año en el conservatorio. Fue componente del grupo Tantra (2010). A Unai le sobra capacidad, pero le falta ajustarse un poquito más a la raíz musical de Oier. Para que esto suceda quizá el vocalista le tenga que pasar más discos de su estantería, talento para asimilar le sobra. Con todo, que este comentario no conlleve la idea de que desentona en Lou Topet, pues no sería correcto ni acertado. Unai es un gran músico versátil, técnico y de excelente gusto.

¿Un proyecto para músicos veloces?

Nunca imaginamos que todo saldría así tan fácil, tan natural. Aunque parezca que ha sido cosa de un año, este proyecto no se podría concebir sin el camino que hicimos en Garabi Zulaika, Larrañaga y yo. Aprendimos mucho. Y en Lou Topet nos entendemos todos con tan solo mirarnos. Creo que eso se nota en el resultado. Si todo ha salido tan rápido, y tan natural, ha sido también por toda la gente que nos ha prestado atención desde antes del primer concierto. La productora audiovisual zarauztarra Debolex nos grabó un video en el garaje numero 31, donde ensayamos. Y ya nos llegaron las primeras críticas antes de tocar el primer concierto. Se crearon expectativas, respeto, y eso nos motivó mucho para mejorar y seguir adelante. Luego vino lo de Kutxa Kultur, el disco... Todo salió así, sin siquiera tiempo para pensar.

Preguntar por el nombre es un descrédito, pero nos arriesgamos por su singularidad.

Cuando comencé en solitario con este proyecto, le pedí al amigo Hasier Etxeberria que me inventase un nombre artístico. El me propuso al instante el apellido Topet (en homenaje al bertsolari de Barkoxe Etxahun Topet). Y le puso el nombre del gran Reed, por que «hacíamos música americana». Ahora, aunque me reservo el nombre artístico, también es el nombre del grupo. El nombre de todos.

¿Que el disco sea un mini cedé se debe a presupuesto, sin rellenos o ganas de ir al estudio?

Teníamos dos posibilidades: Podíamos meter más canciones y dejar menos tiempo para la posproducción, o podíamos grabar seis canciones y dedicar mucho más tiempo y conseguir el mejor resultado posible. En este sentido, no hemos forzado ni un milímetro las máquinas. Hemos querido dedicar a cada canción el tiempo que se merecía, siempre siguiendo los consejos del técnico (y ya componente del grupo) Martxel Arkarazo. Creo que no se puede grabar un ep con más mimo y dedicación. Ha sido un trabajo de muchos artistas, desde el diseño de Alain Urrutia y las líricas de Jon Benito hasta el trabajo de los músicos y el técnico Arkarazo. Un regalo para nosotros y los que nos han seguido hasta ahora.

¿Tienen un concepto de canción o, cuando menos, de lo lo que no harán? Surge la impresión de que es un estilo que da para más arreglos, aunque lo minimalista y austero es sugerente y está de actualidad.

No tenemos una lista de lo que no podemos hacer o de lo que no queremos. Hacemos lo que nos sale, siempre dentro de lo que es Lou Topet. Los cuatro tenemos muy claro lo que es el grupo. Estamos trabajando en nuevos temas, para un LP. Y sí, nos estamos planteando meter arreglos con otros instrumentos. Eso sí, siempre sin comprometer el directo y sin forzar ni un ápice. Le damos mucho valor a la simplicidad.

Y se vive un momento de esplendor musical en Zarautz.

Hay un ambiente esplendido, sí, y un buen rollo entre las bandas, y eso se nota. En ese ambiente se organizaron las jam session del malecón, donde nos juntamos músicos de todos los colores. Y en ecosistemas así es muy fácil que afloren nuevos proyectos, nuevas ideas y nuevas bandas. Ójala siga así. ¡Ah! y no se pincha música local en los bares (en general). La tendencia es 40 Principales/Gaztea. Música industrial, música horrible. Pero bueno, es lo que hay.

«Tratamos de ser atmósfericos»

Por el asunto acústico es fácil colocarles al lado del folk-rock o la americana, pero no encajan del todo, ya que «Flow» posee puntos de aproximación al jazz. Pero como son muy juguetones retoman el neo-folk hacia el final del tema.

En realidad, nunca hemos estado de acuerdo en cómo definirnos, de hecho no nos hemos puesto a ello nunca. Yo creo que partimos de una base folkie, ya que las canciones las suelo llevar estructuradas al garaje. Pero claro, Unai es un loco del jazz, y enseguida tira por su lado. Al final, entre todos buscamos el equilibrio, o el desequilibrio intencionado. Y sí, jugamos y nos divertimos mogollón. La transición del toque jazzístico al post-folk/neofolk que hacemos en «Flow» es uno de los momentos del ep que más nos gusta. Y a la vez ha sido uno de los temas que más nos ha costado grabar, ya que queríamos atrapar el feeling del directo, y no suele ser fácil.

En «Nire kateak» saca el nervio de guitarra solista y se las cruza con su acústica en «Esan ez etortzeko». De nuevo todo muy elegante, estilizado.

Unai es un artista con la guitarra, y brilla muchísimo si le dejas volar libre. Todos tenemos muy claro lo que es LT, y, dentro de ese entorno, somos libres para aportar cada uno los suyo. Martinez con la strato y yo con la acústica, nos compenetramos mucho, y de ahí salen los acompañamientos y las piruetas que hacemos durante las canciones. «Nire katea» y «Esan ez etortzeko' son las dos últimas canciones que compusimos, y nos salieron un poco más eléctricas. Esta última la terminamos de componer en el estudio y es una de las canciones que más han gustado del disco.

En «Irauli II», la entrada vocal me recuerda a Anari. En lo acústico también, pero seguro que es pura casualidad. Y es muy atmosférica.

Eso es un piropo. Nos encanta el rollo de Anari, su voz, pero sí, es pura casualidad. Las bases de Anari también son simples, y en «Irauli II» sí que compartimos los juegos de acordes. En Urretxu nos vino a ver y estuvimos charlando un rato. Es muy grande y ójala nos sigan comparando con ella. Tratamos de ser atmosféricos en cada tema y crear esa ambientación en los directos. La sutileza de la base rítmica de Oihan y Ander es fundamental, así como el juego de las dos guitarras. «Irauli» es un concepto que estamos trabajando. Esta canción es la segunda, pero tenemos un «Irauli I» y un «Irauli III», y en el futuro habrá más. La revolución como concepto, en todos los ámbitos. En el ámbito social y personal, la vida no tendría sentido sin ese profundo deseo de cambiarla.

Alain Urrutia ha realizado un diseño cautivador y muy acorde con el contenido musical.

Alain se ha inspirado en las canciones de «Esnatu dira» y ha realizado unas acuarelas magníficas. Es un artista con un gusto exquisito, con el cual hemos trabajado codo con codo para terminar lo que es el disco en formato cedé y lo que será el vinilo.

Y la literatura de Jon Benito...

Jon nos aconsejó desde el comienzo. Le encanta la música y es un letrista clave en la escena vasca (Gari, Rafa Rueda, y un largo etc.) Nos ha guiado con las líricas. Trabajamos en un cuaderno los poemas e ideas para letras, muchas de las cuales no las hemos musicado. Por eso hemos incluido en el ep un cuaderno de poemas del propio Jon.