MIKEL INSAUSTI
CRíTICA: «Al encuentro de Mr. Banks»

Supercalifragilisticoespialidoso (I)

Todo lo relacionado con Walt Disney y su imperio de sueños es fascinante, con o sin morbo de por medio. El tío Walt ha sido y será el mejor explotador de la psicología infantil que en el mundo conocido pueda existir. Tal vez sin pretenderlo, «Saving Mr. Banks» se ha convertido en la película con personajes de carne y hueso que mejor analiza, o si se prefiere psicoanaliza, la mentalidad de un creador que disfrazó su amargura bajo capas y capas de dulzura almibarada no apta para diabéticos y escépticos en general. Y sin necesidad de salir del estudio de Burbank, porque los platos sucios se lavan en casa.

Los herederos de Disney han de controlar la imagen de su padre fundador y ser sus garantes, y así han permitido que Tom Hanks muestre el lado más feliz e idílico del tío Walt. Por la misma razón han confiado la realización a John Lee Hancock, cineasta conservador donde los haya que nunca se atrevería a salirse del guión preestablecido. Pero todo ello resulta de una coherencia incontestable, puesto que ese ha sido el modo de proceder en la casa de Mickey Mouse desde siempre. Resulta clave para no romper el obligado paralelismo con «Mary Poppins», realizada en 1964 por Robert Stevenson, un buen artesano que ejercía una función totalmente opuesta a la del cine de autor.

La clave emocional que conecta ambas películas es la musical, no siendo extraño que la única nominación al Óscar que ha recibido «Saving Mr. Banks» sea la de Mejor Banda Sonora. Thomas Newman ha compuesto una partitura cautivadora, en la que se integran perfectamente las viejas canciones originales de los hermanos Sherman, interpretados en la ficción por Jason Schwartzman y B.J. Novak, que cantan «Supercalifragilisticoespialidoso», «Chim Chim Cher-ee» y los demás temas inmortalizados por Julie Andrews.

Son melodías infantiles que mueven a la doble nostalgia cinéfila y melómana, pero que en los oídos de la escritora Pamela Lyndon Travers sonaban odiosamente repelentes. Lo que tuvo que sufrir aquella mujer, temerosa de pasar a la historia como una Herodes femenina en manos del mayor amigo de los niños.