Mikel INSAUSTI
CRíTICA: «Nebraska»

Viaje por carretera al corazón del Viejo Medio Oeste (2)

El personaje que interpreta Bruce Dern en «Nebraska» recuerda al que hizo de forma póstuma el veterano Richard Farnsworth en la película de carretera de David Lynch «Una historia verdadera», al menos en cuanto a compartir un mismo tesón y una misma fijación por llegar a su destino. Pero la introspección que logra Bruce Dern en la vida de su Woody Grant es mucho mayor, completando un magnífico retrato en perimera persona de un hombre con la apremiante necesidad de hacer algo perdurable, justo antes de morir, o cuando siente que el tiempo ya se le agota.

El padre de Laura Dern interioriza el sufrimiento de un anciano, que ya nunca volvió a ser el mismo desde que regresó muy tocado anímicamente de la Guerra de Corea, refugiándose luego en la bebida. Es consciente de que una vez casado y convertido en padre de familia no ha hecho otra cosa que vegetar, sin que su dedicación parcial a la mecánica le salvara de una clara dependencia económica y vital con respecto a su mucho más práctica y resuelta esposa.

Bruce Dern expresa corporalmente la desorientación que experimenta Woody Grant, con una forma de camimar un tanto errática, como si no avanzara en ninguna dirección. Le cuesta admitir que sin la ayuda de su hijo menor, o de su familia, no iría demasiado lejos. Nunca ha sido muy hablador, y con los años todavía menos, por lo que permanece ausente de las conversaciones y responde con monosílabos. No es fácil comunicarse conél, así que su hijo David será el encargado de adentrarse en su mente y traducir sus deseos más intimos, resumidos testimonialmente en una camioneta nueva y un compresor, objetos que sirven para materializar su inquietud por no dejar nada pendiente en este mundo.

En el fondo «Nebraska» habla de que nunca es tarde para recuperar el orgullo perdido, aspiración alcanzada tal como lo expresa la secuencia postrera del paseo triunfal por el pueblo saludando a los vecinos. Y la música de vals country compuesta y ejecutada por Mark Orton que parecía triste, descubre entonces su punto alegre, porque la nostalgia reavivada cadencialmente nunca muere.