De la lucha copera, a la vergüenza ajena en la Euroliga
La escuadra gasteiztarra aguantó hasta la recta final del primer período. Un parcial de 30-7 rompió el partido ante la inoperancia defensiva baskonista.

FENERBAHÇE ULKER 98
LABORAL KUTXA BASKONIA 64
Las opciones de Laboral Kutxa Baskonia de llegar al cruce de cuartos de final son casi nulas, o al menos lo parecen. Desde que ganara en Málaga en la primera jornada del Top 16, cuenta sus partidos por derrotas, algunas de ellas abultadas, como esta última frente a Fenerbahçe. Los de Sergio Scariolo, a diferencia de su cruce copero, sí que echaron de menos sus bajas -a Heurtel y Hamilton se le uniría la de Poeta, y Causeur acabaría jugando pese a padecer una fuerte gripe-, algo que los otomanos aprovecharon hasta hacer sangre. Porque si hubo algo que se echó de menos fue la defensa gasteiztarra, que se vino abajo entre la recta final del primer cuarto y el inicio del segundo.
Laboral Kutxa Baskonia aguantó el primer envite local, un arranque de 10-3 a base de defender, negar los balones a Pleiss y correr. Cuando Pleiss al fin pudo entrar en juego, fruto de una exagerada relajación defensiva de los de Obradovic, el marcador se igualó hasta entrar en los minutos finales del primer período con empate a 24. Pero ese empate fue preludio de un parcial de 30-7 definitivo.
Cierto que a pesar de las bajas Fenerbahçe tiene un plantel más profundo que Laboral Kutxa Baskonia, pero la verdad es que encontró todas las facilidades que el cuadro gasteiztarra le puso. Si Zoric, Bogdanovic y Preldzic ofrecían los primeros minutos de calidad, el relevo que dio Nemanja Bjelica, muy motivado ante su exequipo, resultó matador para el partido.
Incluso desesperante, de hecho. Provocaba dolor ver que, salvo Diop y tal vez un poco de Causeur, la rotación baskonista, defendiendo en individual o en zona 2-3, se resignaba a su suerte. Van Oostrum, un jugador técnicamente de gran calidad, se veía superado por McCalebb, pero el británico nacido en tierras holandesas no oponía ni resistencia, y lo que es peor, nadie le reclamaba nada por ello. Podría decirse que el 59-38, que llegaba con un tapón de Causeur sobre la bocina, era un castigo «llevadero»; casi «leve».
Sobre la treintena
No quedaba otra que resignarse y aguantar el chaparrón de los 20 minutos finales. La quinta derrota consecutiva era un hecho, pero la cuestión era el basket average, algo a lo que los hombres de Obradovic le querían extraer el máximo partido.
A las ansias de ganar por mucha diferencia se le añadieron las ganas de Linas Kleiza de retar a Nocioni entre «viejas glorias de la NBA». El santafecino no estaba para desafíos, así que se limitó a tratar de mantener a raya el «picor de manos» del lituano. Para postre, Jelinek se dañó el hombro izquierdo -aunque volvió a la cancha- tras un encontronazo con McCalebb.
De a poco, la ventaja turca superaba la veintena, y ya con los jóvenes Birsen, Olmaz o Turkylmaz en cancha, la treintena de renta llegaría mediado el último período. Laboral Kutxa Baskonia, que tan buena imagen dio en la Copa, se volvía a casa después de dar vergüenza ajena. Que se acabe pronto, por favor.
Scariolo: «Nos han pasado por encima»
Ni resignación, ni explicaciones racionales por causa de las bajas, ni pamplinas. Naturalmente, la paliza que recibía Laboral Kutxa Baskonia ante el Fenerbahçe no la podía aceptar de buen grado Sergio Scariolo, que se quejó de que «nos hemos vuelto aún más pequeños de lo que somos ante un equipo tan grande como este». El técnico de Brescia quiso espolear a los suyos diciendo que «tenemos que aspirar a mirar a los ojos a los rivales».
«Nos han pasado por encima. Ha sido una derrota muy dura. Tanto física como atléticamente, nos han pasado por encima en todos los puestos, tanto en tamaño como en velocidad y agresividad», resumía.
En opinión de Scariolo, «lo peor ha sido la defensa uno contra uno, hasta el punto de que nos han metido 20 canastas dentro de la pintura en la primera mitad». «No hemos tenido aguante, ni atención en las ayudas para las situaciones en las que ellos jugaban con todos abiertos, y cuando nuestros porcentajes de tiro han empezado a bajar, la brecha se ha abierto. Después lo hemos intentado arreglar de diferentes formas, pero hay que reconocer que nos han pasado por encima», insistía el preparador baskonista, más que decepcionado.
Por otro lado, aunque el técnico italiano recalcaba que «luchamos cada partido para no venirnos abajo ante las adversidades», lo cierto es que admitía que «este partido, igual que frente a Olympiacos, sí que ha sucedido. No hemos podido competir y eso nos ha hecho aún más pequeños de lo que somos». Por eso quiso hacer borrón y cuenta nueva al recordar que «dentro de dos días -por mañana- tenemos un partido igual o más exigente que este. Hay que reaccionar sí o sí, y por eso, con la humildad de quien conoce su dimensión, y con lo que tenemos, hay que ir a muerte hasta el final. No hay que resignarse a bajar la cabeza ante las adversidades, porque si no, los grandes te van a machacar». A. G.

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