Los retratos de alcaldes franquistas cambiarán tan solo de ubicación
Los retratos de los alcaldes franquistas se incluirán en «un espacio para la memoria contextualizada del Ayuntamiento», que compartirán con los primeros ediles democráticos en el mismo edificio consistorial en el que ahora ocupan un espacio destacado. El PSE se plegó al discurso del PNV para, según EH Bildu, «salvar la papeleta» a Iñaki Azkuna.

La Ley de Memoria Histórica de 2007 sigue siendo papel mojado en el Ayuntamiento de Bilbo. La última iniciativa de EH Bildu para la retirada de los retratos franquistas y la revocación de centenares de distinciones a dirigentes fascistas sirvió para que PNV y PSE escenificaran ayer en el pleno un tímido movimiento para trasladar los polémicos cuadros de la planta noble del edificio consistorial a «un espacio para la memoria contextualizada» en la que -manifestó la teniente alcalde jeltzale Ibone Bengoetxea- se expondrán todos los primeros ediles «y otros elementos que ayuden a entender la historia» de esta institución local.
Al final, se mostró en público las consecuencias del cortejo que el Gobierno Azkuna ha mantenido en los últimos días con el PSE. Se aprobó la enmienda jeltzale con el apoyo de ese grupo, que retiró la suya.
Antes, la portavoz de EH Bildu, Aitziber Ibaibarriaga, tuvo duras palabras para la propuesta del PSE, más concreta que la del PNV pero que era una traslación de la proposición inicial del equipo de gobierno para crear una «galería interpretativa». «Usted -dijo la edil soberanista dirigiéndose a Alfonso Gil (PSE)- se ha limitado a poner en un papel, al menos en los dos primeros puntos, lo que le ha dictado Andoni Aldekoa (director del Gabinete de Alcaldía)».
«Esa propuesta que dice es suya, es lo que desde el primer día viene planteando el PNV para evitar dejar fuera de lugar a Azkuna. Solo le ha faltado poner que la sala se va a situar donde en la actualidad está el Girpa, porque eso, señor Gil, como usted bien sabrá, también está decidido por el PNV», enfatizó Ibaibarriaga en su segunda intervención, viendo ya claro el apoyo del PSE al Gobierno.
En opinión de la coalición, el PSE lo habría tenido fácil pidiendo la retirada de los cuadros para luego, entre todos los grupos, decidir qué hacer con ellos. EH Bildu, en aras al consenso, planteaba la posibilidad de emplazar esos retratos en exclusiva en otras dependencias municipales, explicando lo qué supuso ese régimen, cuáles fueron sus actuaciones y su responsabilidad en violaciones de derechos humanos.
«A nosotras, el cuerpo nos pide enviar esos cuadros al vertedero de la historia; razones no faltan», confesó Aitziber Ibaibarriaga, quien censuró a los jeltzales no haber tenido «ninguna intención de quitarlos» y verse en la obligación de maniobrar ante la moción que ha despertado la simpatía de amplios sectores de la ciudadanía. «El PNV se ha visto obligado ahora a mover ficha por la presión generada», apuntó.
Ahí sorprendió el papel del PSE, ambiguo en algunas de sus declaraciones, pero dispuesto a adquirir protagonismo a cambio de ayudar al PNV a salir del atolladero en que les metió Iñaki Azkuna -que ayer no pudo asistir al pleno debido a la grave enfermedad que padece- al efectuar una defensa a ultranza de los vestigios franquistas en el Ayuntamiento. Esa postura llevó en enero de 2013 a la Plataforma Vasca contra los Crímenes del Franquismo a presentar una denuncia en su contra, que está a punto de resolverse.
En el debate, EH Bildu acusó al PSE de «traicionar su pasado por salvar el culo» al alcalde y recordó a Gil que fue el Ejecutivo de Patxi López el que hizo el dictamen que el Consistorio bilbaino se niega a cumplir. «Son los peajes que hay que pagar por querer ser la muleta de un gobierno -subrayó la portavoz soberanista- a quien la mayoría absoluta le muestra con su verdadero rostro». «Han preferido hacerle la ola a un alcalde que, con sus actitudes y exabruptos, ha demostrado ser tan del pasado como alguno de los cuadros ahí colgados», apostilló.
Gil responde a Ibaibarriaga
No le gustaron nada las acusaciones a Gil, quien arremetió contra Ibaibarriaga introduciendo a ETA, como hizo Azkuna al inicio de la polémica, afirmando que es «el vestigio más oscuro y rancio del franquismo». «Caerá antes el aguilucho de la plaza Moyúa que ETA», aventuró el portavoz del PSE en su discurso subido de tono. «No tiene legitimidad para decirme nada», remarcó, antes de emocionarse, al punto del llanto, al dar lectura a unas palabras de Ramón Rubial sobre lo que entendía por reconciliación.
La defensa de la postura jeltzale corrió a cargo de Ibone Bengoetxea, quien incidió en varias ocasiones en que era una posición compartida por el alcalde, con quien había trabajado personalmente el asunto, y su partido, al objeto de zanjar las divisiones en el seno del PNV por esta cuestión. Lo cierto es que ese comentario no es baladí, pues ayer mismo hubo jelkides que criticaron la postura adoptada en Bilbo.
Esa precisión se produjo después de que la portavoz del PP, Cristina Ruiz, en su defensa de la polémica galería hiciese suyas las declaraciones de Azkuna en las que se negó a quitar los cuadros y cargó contra EH Bildu. «Hay que respetar la historia, aunque moleste», repitió.
Bengoetxea explicó que la postura del PNV pretende «respetar la sensibilidad histórica demostrada por Azkuna, cumplir la Ley de Memoria Histórica y trabajar el mayor de los consensos». La teniente alcalde aseguró que con el traslado de todos los cuadros a ese nuevo montaje que promueven en la misma casa consistorial, a escasos metros de la actual galería, desean dar a conocer la historia y el fomentar la memoria democrática.
La también presidenta de Eudel acusó a EH Bildu de hacer una lectura «parcial» del dictamen en el que colaboró esa asociación de municipios con el Gobierno de Lakua. Sí dejó claro que los alcaldes franquistas fueron «ilegítimos», por lo que consideran necesario su «resignificación».
Ibaibarriaga comentó que el termino «resignificación» lo único que supone es que se no cumple la ley. «Menudo papelón le ha tocado señora Bengoetxea. No sé -enfatizó- si en Eudel harán balances de las propuestas que lanzan y el grado de cumplimiento que obtienen pero, si yo fuera usted, no acudiría a esta. Tiene que ser un pelín sonrojante que sea su Ayuntamiento quien no cumpla sus recomendaciones».
Tras el debate, PNV y PSE escenifican su acercamiento
El debate político y ciudadano en torno a la pervivencia de vestigios del franquismo en Bilbo décadas después de la muerte del dictador ha dejado al descubierto otras lecturas al margen de las derivadas de la moción inicial de EH Bildu. Ayer, por ejemplo, se pudo ver que PNV y PSE se necesitan, uno para coger oxígeno como cuarta fuerza política del Consistorio y el otro para disponer de un partido bisagra con el que pactar en el futuro viendo la situación política en el país.
Al PNV le costó verbalizar cuál era su postura después de que Iñaki Azkuna entrara como un elefante en una cacharrería y fuera capaz de defender el mantenimiento de la galería de retratos franquistas con tal de no dar su brazo a torcer ante la izquierda soberanista y rebajar su carácter conservador, con el que compite con los herederos políticos de los colgados en las paredes consistoriales.
Desde que su hombre de confianza presentara a los grupos la propuesta de «galería interpretativa», tomando como base un cuestionable informe de dos historiadores de la UPV-EHU vinculados al Ayuntamiento, comenzó a vislumbrarse la sintonía con el PSE, por mucho que este partido tratase de disimular y, aun aceptando esa solución, apuntase a la necesidad de hacer desaparecer los cuadros de los fascistas de la planta noble.
La pose no se mantuvo ni en la comparecencia previa a la sesión plenaria de ayer, cuando el portavoz del PSE, Alfonso Gil, emitió mensajes contradictorios. Sucedió lo mismo durante el pleno. Aunque hubo algún mensaje crítico dirigido al PNV, no había nadie en el salón que no supiese que ambos partidos iban a votar juntos. Lo que sorprendió fue que el PSE fuese capaz de retirar su enmienda -muy similar a la inicial del Gobierno municipal- y optase por refrendar una propuesta ambigua en la que se concreta poco sobre ese «espacio para la memoria contextualizada del Ayuntamiento».
Al finalizar el debate de la moción, el director del Gabinete de Alcaldía, Andoni Aldekoa, y Alfonso Gil salieron a la galería de la polémica para abrazarse ante los retratos de Pilar Careaga -la alcaldesa que Azkuna llegó a ensalzar pese que es una figura odiada por muchos bilbainos- y José Luis Berasategui, ante la mirada alegre de la teniente alcalde Ibone Bengoetxea. Más claro, el agua. Fue el primero de los puntos en los que coincidieron PNV y PSE, mientras que el PP se sumó en la moción que insta a iniciar un proceso de revisión del Reglamento Orgánico del Pleno.
EH Bildu anunció que seguirá presentando en los próximos meses nuevas iniciativas para que desaparezcan los vestigios franquistas, como pide el dictamen de Lakua y Eudel. En el asunto del reglamento, Ana Etxarte les acusó de no querer la participación de los vecinos. A.G.

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