Raimundo Fitero
DE REOJO

A bulto

No hay manera de encadenar unas jornadas sin sobresaltos. Una cadena japonesa de restaurantes de sushi utiliza a un torero japonés para anunciar el jamón ibérico que se come con palillos. Existe el anuncio, lo han pasado en varios resúmenes televisivos y así a bulto, uno diría que es un chiste malo con sus huevos rotos incluidos. ¿Cuál es la conexión entre «Sálvame» y las portadas de desnudos de Interviú? Uno absorbe el oxígeno que le rodea con intención de oxidar los malos pensamientos.

¿Cuántas horas de pre-exequias va a tener Adolfo Suárez? Todos están de acuerdo, hasta los que lo humillaron, lo asesinaron políticamente y lo mandaron al ostracismo. Hasta ellos, a la hora de la conmiseración, se muestran generosos. En el colmo de los colmos, hasta los del PP, que están en las antípodas de su centrismo y de su amplitud de miras, le encumbran, lo hacen suyo. No hay como morirse, o estar a punto, para que se olviden tus defectos. Los sicólogos deberían recetar a los que están en procesos depresivos que se compren una esquela en el periódico para que reciba estímulos sin par y glosas de su bondad.

Un programa de televisión, «Encarcelados», de una cadena que odian los de la caverna, La Sexta, recibió un reconocimiento plenario en el parlamento español. Y de paso, se le mandó un recado al ministerio de sí mismo, el tal Margallo, para que les recuerde a sus consulados que pueden hacer más por los presos con pasaporte español en las cárceles de media Latinoamérica. Casi todo está relacionado con la droga. Y eso debería hacerles pensar un poco más. Pero estos no piensan, estos ladran contra todo lo que les molesta.

El programa taleguero tiene un aire un poco macarra, pero ha servido para que se enteren sus señorías de realidades de paisanos por el mundo. Las cárceles que se nos muestran forman parte de un submundo incalificable. Son ciudades autónomas, con sus reglas internas realmente sorprendentes. Produce escalofríos ver cómo viven y con qué tipo de violencia constante. Realmente infiernos. Como casi todas las cárceles. Algunos infiernos están alicatados hasta el techo, pero el régimen de abusos de los carceleros es igual de insufrible.