Joseba VIVANCO
Otro enorme partido de Aduriz, que anotó dos goles más

¿Quién dijo miedo?

Los rojiblancos firman un partido de ensueño, por juego y por goles, con los jugadores rayando indivualmente a un excelso nivel, y logrando una comunión perfecta con la grada. El próximo partido en San Mamés ante el Sevilla resultará decisivo para la cuarta plaza.

ATHLETIC 3

MÁLAGA 0

Último fin de semana de abril. Desde anoche, marcado en rojo en el calendario para cualquiera con sangre rojiblanca corriendo por sus venas a una velocidad tal que ni el `Sintron'. No se sabe aun el día, ni la hora, pero sí el lugar, San Mamés. Haga lo que haga el Athletic el próximo domingo en su visita al Camp Nou y a expensas de que su inmediato perseguidor el Sevilla cumpla con sus deberes en casa ante el Granada, lleguen a ese día los rojiblancos con seis o tres puntos de colchón, ese último fin de semana de abril podría decidir quién de los dos jugará Champions la próxima temporada. Y todo porque los de Ernesto Valverde supieron encontrar esa `llave' de la que hablaba el técnico la semana pasada y descerrajar otro partido más, ante un once malacitano que fue el esparring perfecto. Todo perfecto.

Había ambiente de noche grande en San Mamés, rugía la grada con el himno, con la cantinela del once titular local, salió el Athletic de inicio a por todas, para demostrar desde el minuto uno quién se jugaba más, y no tardó, quién si no, Aritz Aduriz, en erigirse en la llave que pedía su técnico para abrir la puerta de la Champions. Saque de esquina que templa Susaeta y el `zorro' donostiarra, adelantándose a los defensores andaluces, giraba el cuello y conectaba un cabezazo a la red.

No era sino el preludio de un equipo rojiblanco que se gustaba y hasta se adornada con alguna gambeta de Herrera, que saltó al césped con hambre de gol y de puntos, que imprimía una endiablada velocidad al balón, cuya banda derecha volvía a ver enchufado a ese triángulo telepático que forman Iraola, Susaeta y Herrera, que levantaba no pocos aplausos por su dominio de la pelota y su control del juego, siempre atentos al robo, siempre atentos a la ayuda.

Un Athletic mandón y decidido que mereció irse al descanso con mayor ventaja en el luminoso y el partido sentenciado. Porque si el Málaga se estiró sobre todo el último cuarto de hora hacia la meta de un siempre seguro Iraizoz, los leones fueron los que pusieron en algún serio aprieto a Caballero en una malograda ocasión de Aduriz a peinada de Morán y que cruzó demasiado, y un cabezazo de San José, solo, que detuvo el portero argentino. Un par de peligrosos centros más sobre la meta malacitana terminaron de poner un `uy' en una grada que no dudó en lanzarse a coro con el `Athletic Champions League'.

Un cántico que no fue sino la pista de aterrizaje para el segundo gol de los leones, segundos después del arranque de la segunda mitad, cuando Aduriz, otra vez Aduriz, empujaba a la red un pase lateral de Susaeta que prolongó una contra conducida por Herrera, tras robo de un Erik Morán, que anoche conjugó aciertos más que errores. Jugada de libro, a la velocidad de crucero que identifica a este Athletic, y que si el primer gol fue la llave, este era el felpudo que reclamaba Valverde.

Un gol que abrió el partido y de qué manera. Aduriz pudo rubricar un partido de ensueño con ocasiones clarísimas, el Málaga también tuvo la suya, los de Valverde contragolpeaban casi a cada minuto, el público disfrutaba de un puro espectáculo futbolístico y con el marcador a favor. Y cayó el tercero. Herrera engancha un balón desde la frontal que Caballero no ataja. La grada coreaba el ya casi olvidado «lo, lo, lo..», bufandas al viento de aquellas grandes noches europeas. Botaba San Mamés. Ahora sí. El espectáculo sobre el césped se contagiaba de manera definitiva a la bancada. «Athletic gu gara!», rugían las gargantas de la grada popular Iñigo Cabacas. Comunión perfecta ayer en San Mamés. Noche perfecta para los leones rojiblancos. ¿Quién dijo miedo?