Joseba VIVANCO
Eficacia goleadora y fútbol de nivel para ponerse a un triunfo de la máxima competición continental

Territorio Champions

Un tempranero gol olímpico de Susaeta abrió una victoria que dos enormes Iturraspe y Herrera allanaron.

ATHLETIC 3

SEVILLA 1

La mejor orfebrería de un Herrera que cinceló un partido para enmarcar, la mejor versión de un Iturraspe que domina los tiempos como un reloj suizo, el Susaeta más bielsista, una dupla defensiva San José-Laporte que sacó la goma y borró de un plumazo los ríos de tinta que habían corrido durante toda la semana previa sobre la pareja Bacca-Gameiro ... ¿Y qué decir de Muniain? ¡Yo quiero de lo que se inyecta el navarro para los achaques de la espalda! En estos días en que se discute la posesión del balón -el Athletic tuvo ayer el 63%-, en el que parecen correr malos tiempos para la lírica, para el fútbol espectáculo, el equipo rojiblanco hace buenas las palabras del técnico alemán Jurgen Klopp, cuando defendía que «yo no solo quiero ganar, quiero sentir». Y este equipo quiere y a la vez siente. Y su afición quiere y siente. Denok batera.

Ilusión, había mucha ilusión. Una ilusión que, como diría el malogrado Tito Vilanova -por él se aguardó un escrupuloso minuto de silencio-, debía sustituir a la presión. Y ganas, había muchas ganas de que llegara la tarde del domingo. Y confianza, había mucha confianza en los hombres de Ernesto Valverde.

Pero no hace tanto, las frases grandilocuentes que dan fáciles titulares periodísticos, las arengas que segregan los instintos testiculares, los eslóganes vomitados desde el mismo corazón, ese no nos ganarán a ganas, ni a correr, ni a ilusión, ni... se desplomaron como un castillo de naipes en aquella decepcionante final de Bucarest, cuando el rival puso más ganas, corrió más y le imprimió más ilusión. El fútbol de lunes a sábado es el de las cábalas, sobre la cancha es empírico. Es ensayo y error, y a veces, algunas veces, acierto. Hay una ley conocida como la navaja de Ockam, según la cual en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta. Y el Athletic ayer tiró por la calle más sencilla, la correcta, la de ganar y punto. Nada de aplazamientos, nada de agonías de última hora, nada de volver a la presión en lugar de a la ilusión. Ganó y punto. Y si ante el Málaga aquella victoria era la llave que abría la puerta, que decía Valverde, el Sevilla fue el felpudo que lleva escrito `Welcome', bienvenidos al `territorio Champions'. Territorio San Mamés. Solo queda dar ese pasito adelante y entrar, y ese día puede ser en Vallecas, campo amigo, y con, seguro, numerosa presencia de aficionados rojiblancos.

Ayer era el día. Tras acompañar la llegada del autobús del equipo al estadio, San Mamés coreó el himno de Carmelo Bernaola como nunca esta temporada, gargantas desgañitadas mientras sus tres cuartos de grada dibujaban un precioso mosaico en rojo y blanco, entre el que se leía la leyenda «Zu zara nagusia». Chifló al Sevilla que obligó a los locales a atacar primero hacia el fondo sur y rugió con el grito de ¡Athletic, Athletic! cuando el colegiado dio inicio a la contienda. Denok batera.

El disparo de Bacca a la lona al minuto de juego fue un amago. Unai Emery salía con todo arriba, una dupla goleadora que apenas la olió en todo el partido, salvo el gol postrero de Gameiro para la estadística. Reservaba en el banquillo a Rakitic, M'bia y Vitolo, con un 4-4-2 que para nada se le atragantó al Athletic. Sobre todo porque los de Valverde hicieron dos goles sicológicos que les pusieron la alfombra roja hacia el triunfo. Al minuto cuatro, Susaeta -en su partido 300- adelantaba a los leones con un gol olímpico que se celebró como una medalla de oro; y al minuto 53, cuando los andaluces salieron a empujar en pos de la igualada. El primero fue de fortuna, el segundo el ejemplo más palpable del fútbol que desplegó ayer el Athletic. Iturraspe combina con sus centrales para salvar la presión de los delanteros rivales, el balón regresa al de Abadiño que cual vigía, alza la cabeza, abre en largo a banda, para que Susaeta la temple a un segundo palo en el que Muniain, de manera poco ortodoxa pero eficiente, la incruste de volea en la red de Beto.

El tempranero tanto de Susaeta dio la tranquilidad necesaria a un Athletic que impartió toda una cátedra futbolística en esa primera mitad, sin prisa, sin nervios, mirando a los ojos a su rival, por dentro, por bandas, mientras la grada se rompía las manos de aplaudir cada detalle, cada jugada, cada ejercicio de solvencia. El Sevilla decidía, impotente, tirar de juego gansteril, que solo le valió para ganarse varias cartulinas amarillas, como la patada de Iborra a Herrera tras un cañito previo del segundo y digna del patíbulo. Los leones mandaban con holgura, sin agobios, sin apenas desajustes ni un balón comprometido. Una disputa sin ocasiones claras, es verdad, salvo el taconazo de Aduriz que como diría cierto locutor, si llega a entrar es gol. Y de paso se cae San Mamés.

Quiso el Sevilla apretar más arriba a los bilbainos tras el descanso, salieron vivos los locales de esos primeros minutos, pero el segundo de Muniain allanó el camino y encendió a una grada, volcada en todo momento, que sacó sus bufandas a pasear y entonó el ¡Athletic Champions Legue! como si le fuera la vida en ello. Iturraspe, al trote, al paso o al galope según lo que el juego demandara, repartía balones cual crupier hasta que las piernas y el fuelle le dijeron basta. Pero para entonces el Sevilla se había quedado con un jugador menos y Herrera había culminado su recital de gambetas, pases, asistencias, robos y kilómetros de presión con un gol de cabeza llegando desde atrás a centro de Iraola. Esta vez sí lo celebró. Él, el equipo, la grada.

El inesperado gol de Gameiro a falta de diez minutos no tuvo incidencia ni en el juego ni en el resultado, en una segunda mitad menos brillante que la primera, de ritmo más bajo, pero donde el Athletic, solvente, no se descompuso. Siguió a lo suyo a pesar de la entrada de Rakitic, dominando la pelota y el partido, con una suficiencia física que después alabaría el propio Unai Emery. La victoria no se podía escapar. Así que hubo tiempo para que San Mamés enviara un mensaje alto y claro de ¡quédate! a Muniain -vio la quinta amarilla- cuando fue sustituido bajo un unánime ¡Iker, Iker!, para agradecer a Mikel Rico el sudor derramado durante el curso y a Aduriz su entrega y sus goles, aunque ayer no alargara su racha anotadora.

Era el partido de la temporada. Era una final, con o sin comillas. Y el Athletic, como conjunto y hombre por hombre, rayó al nivel al que ya nos tiene acostumbrados este campaña. Tres partidos por delante y a solo una victoria para retornar a la Champions League 15 años después. Quinta vez que puede clasificarse el club bilbaino para la máxima competición continental en más de sus cien años de historia. Y eso ya es historia. Ahora, Vallecas espera. «Estamos a las puertas y ahora tenemos tres oportunidades y me gustaría que fuera el viernes», declaró sus intenciones Ernesto Valverde. Denok batera.

«Estamos a una victoria de lo que sería un sueño para todos»

«Era una final, porque el ganar nos daba mantener la distancia y ahora estamos a una victoria de la Champions, lo cual sería un sueño para nosotros y para la afición. Estamos a las puertas y queda dar ese paso, dependemos de nosotros», fueron las primeras palabras de un comedido Ernesto Valverde que reconoció que «al marcar primero, el partido se te pone de cara, pero también es verdad que no hemos variado nuestra intención de juego, ellos tampoco la verdad, porque venían a hacerse fuertes en el centro del campo, han intentado sorprendernos a la contra, pero en líneas generales hemos dominado el centro del campo», concluyó. El técnico rojiblanco contestó también sobre el trabajo particular de algunos de sus jugadores que «ya sabemos lo que nos da Iraola en San Mamés, es de los que creo que de la Liga tiene mejor transición ofensiva, sorprendiendo entrando y de ahí han venido las mejores opciones. Su concurso y el de Balenziaga eran muy importantes hoy. Han estado perfectos». Respecto a Muniain, Valverde valoró que «en estos partidos nos viene muy bien porque siempre se enfrenta al rival, nunca rehuye el uno contra uno y ha tenido el premio del gol, que como Ander, lo tienes cuando entras al área».

Unai Emery, por su parte, reconoció que «el 1-0 ha dejado el partido abierto, pero con el 2-0 nuestras opciones han ido decreciendo. El Athletic en su casa ha mantenido su alta línea de intensidad en casa y nos ha superado. Es el equipo más intenso de la Liga». J.V.