Pablo CABEZA BILBO

Tras una larga pausa, Káshbäd regresa tan fiel a su sonido como abierto

El inicio de la década de los noventa se alteraba con la llegada de Káshbäd, formación que estructuraba el rock lejos del ambiente punk y del metal, los dominadores del momento. El grupo de Errenteria apostaba por composiciones no manoseadas más la espectacular voz de Sorkun. Disueltos en 2000, siete años después ofrecieron tres conciertos puntuales en homenaje a uno de sus componentes. Ahora regresan con el variado «Arrakala» y densa gira.

Conocimos a Káshbäd cuando eran unos jovenzuelos, y hoy ya tienen seis hijos entre los cuatro. Fue entre 1992-1993 cuando comenzaron a rular por el local de ensayo sus primeras canciones y no muy lejos sus primeros bolos. El primer viaje para verles, motivados por una esperanzadora maqueta, fue en el festival Hitz Egin, organizado por Negu Gorriak en Oiartzun en favor de la libertad de expresión y en pleno litigio con el siniestro general Galindo. El día era húmedo, como uno más. Sobre el escenario de la carpa estaba ya Káshbäd (luego saldrían Dut, Su Ta Gar, Negu Gorriak, Ama Say, Bap!!...). Sorkun se quitó su chubasquero, se lo anudó a la cintura. Ni la imagen era muy rockera ni su actitud escénica. Les faltaba aún descaro, desenvoltura y asumirse. Pero todo llegaría, incluida la desinhibición, y con mucha fuerza y clase.

Káshbäd destaca con un sonido propio a pesar de parecer haber salido de la ikastola un día antes. Prometen lo que ofrecieron ya con sus primeras canciones: un sonido fresco, rockero y original, liderado no sé bien por quién, pero cantado por una chica con una voz muy especial, inédita por su textura e inflexiones. No fue la primera voz de Káshbäd, pero con su llegada comenzó todo.

El 27 de setiembre de 1994 se edita su primera canción en compacto, «Txakur gorria». La pieza se incluye dentro de un cedé publicado por EMTE, una activa asociación de grupos de Errenteria. Eran los días de Ostikada, Ilusio Faltsuak, Kebras, Ezin UK, BihotzErre, II AM, Inercia, Txunpa...

Continuando con el entorno de sus primeros años, el 29 de octubre de 1995 ceden otra canción para otro recopilatorio, esta vez «Insumisioa», donde sube el nivel general de los grupos que participan: Bap!!, PILT, Txakun, Anestesia, Etsaiak, King Mafrundi, Dut, Skunk... Káshbäd deja «Hik zer nahi dek».

Con sigilo, pero sin descanso Káshbäd se está colocando en el pelotón de cabeza con sus directos y, además, tampoco falta mucho para que Esan Ozenki les grabe su disco debut, «Káshbäd», que llega el 10 de junio de 1996, con un sol en el centro de la portada y diseño de un clásico de la época, el iruindarra Manolo Gil, un artista con mucho talento y multiusos en la época: diseño y vídeo, un pionero. Fermin Muguruza ya les había adelantado para los días de Hitz Egin que contaba con ellos.

«Káshbäd» es un suceso, de tal forma que el disco se reedita a finales de setiembre. Los conciertos se suceden y el sonido «Kàsh» va impregnándose como necesario en la escena. El periodo de vigencia del grupo marca la escena vasca de los noventa, están en la historia del frente. Su singular forma de rockear y la espectacular voz de Sorkun suponen un corte entre tanto grupo conformista y tanto vocalista sin personalidad o inadecuado, a veces en una tarea más voluntariosa que vocacional.

Tras la disolución del grupo Sorkun interpreta multitud de estilos musicales, manejándose con soltura en todos los géneros, desde el soul al stoner de su época en Gasteiz, quizá la que menos arraigó. Con todo, y escuchando «Arrakala», que bien puede ser entendido como una lógica prolongación de «Káshbäd», «Distantzia» o «Hesiak», no parece ilógico que la vocalista llegara a ese punto desértico. De hecho, «Arrakala» suena próximo a esa etapa dura, pero, a la par, más coherente con su pasado relacionado con Errenteria.

«Arrakala» contiene un tema extra, «Zuen eskaparateetan». Contrasta del resto por la tipología del sonido, aunque Karlos Osinaga, Txap, le habrá metido horas con mimo para actualizar su dinámica. Pero no se encuentra muy alejado de lo que ahora es el grupo. De esa pasión entre el stoner y una banda como Lisabö, visceralidad, al presente hay un tramo, pero no inmenso. Obviamente ahora todos tocan mejor, las canciones son más lógicas, o nos lo parecen, y Sorkun lo canta todo. Pasado y presente son reconocibles y el sonido setentero cuenta con su plano.

Todos los componentes han crecido como consecuencia de sus experiencias variadas, así que las capas de sus vidas están en «Arrakala», que funciona disparado por los golpes precisos y duros de Txiki Beristain y Gorka «Gorkita» Lazkano. Gorka Serma se encarga de enmarañar con su terca, ágil y sucia guitarra a base de capas y distorsión, mientras que Sorkun muestra su versatilidad. No es posible imaginar a Káshbäd creando en el lejano pasado una canción tan fiel y a la par tan variada y rica en matices como «Malabareak», que no se desprende de pinceladas stoner. Como difícilmente del pasado podría llegar «Arrakala», la mejor canción del álbum, pero tampoco ser sin él. «Arrakala» es una preciosidad desde lo melódico al portazo. Todos están de diez y Sorkun se luce con las diferentes estampas que exige. «Lokatz siderala» puede sorprender por su quietud. Cabía imaginar en una primera escucha que el corte explotará en un momento dado, pero los músicos de Káshbäd son ya lo suficientemente profesionales como para mantener el tipo y no caer en lo obvio o lo esperado. Quizá en directo sea complicado situarla entre tanta distorsión de guitarra, fuzz o y caja-bombo, pero dentro del disco es otra de las canciones que uno termina destacando por su intimidad.

El rock y la melodía se mezclan entre pasajes hialinos y turbulencias. Así son estos Káshbäd que nos dejarán de nuevo a finales de año tras esta experiencia puntual, pero del futuro nadie sabe nada, ni siquiera quienes lo predicen.

Un hormigueo

A finales del 2012 Káshbäd se reúne para participar en la iniciativa «Ihes puntua. Aitzol Gogortza preso lagunari musika, gutuna, bertsoak», dedicada a Aitzol Gogortza, preso y gravemente enfermo. De ahí nace la canción «Okila», grabada para el nuevo recopilatorio, y el paso para que en 2014 se agrupen y decidan grabar «Arrakala», editado por los incansables agentes activos de Bonberenea. En realidad, es Txap quien les incita una y otra vez para que graben, Txap tocó con ellos en el tercer disco, además de acompañarles en directo.

Káshbäd no ha forzado la duración con rellenos. Seguro que podrían haber estirado más el minutaje con composiciones de urgencia para llegar a los cincuenta o sesenta minutos cada vez más habituales, pero les ha bastado con la sobriedad de los siete cortes, la alegría sonora de «Nor gehiago» y la despedida rokanrolera e iluminada que es «Erraiak», que no llega a los dos minutos. Composiciones abiertas y más intencionalidad título a título.

Ya se ha comentado que existe un tema extra: «Zuen eskaparateetan», que aparece en el recopilatorio «Gaztetxeak martxan!! Gasteizko Gaztetxea», en apoyo del gaztetxe y ante un posible desalojo, un disco de octubre de 2001 (reunión puntual, ya que la banda se había disuelto en el año 2000). La diferencia con el presente es palmaria (al margen del sonido), pero la conexión neuronal y sonora se percibe con claridad pese a que se propongan menos matices y se vaya más a saco. De hecho, perfectamente podría ser uno de los temas de repertorio. Seguro que ese tono lisabiano le pone los pelos como un peine panza arriba a más de uno.

El grupo se reparte ahora entre Gasteiz, Hernani, Lezo y Errenteria (Sorkun). Su previsión es actuar hasta fin de año. Si existe más futuro no lo saben. La familia, los trabajos y las vibraciones dictarán sentencia ante un disco atractivo, sólido en composición y ágil en instrumentación.