Aitor AGIRREZABAL

Las calles de West Belfast, excluidas de vestir el color rosa del Giro

Tan solo una semana después de la detención del líder del Sinn Fein Gerry Adams y su posterior liberación el pasado domingo, las calles de Belfast acogen la salida del Giro de Italia 2014. Sin embargo, no será toda la ciudad la que pueda ver pasar la prueba por sus calles.

Belfast vuelve a ocupar titulares, pero esta vez no es por la política detención del líder republicano, sino por un evento deportivo, algo inusual en los seis condados. Sin embargo, «todo es política, siempre es política», afirma Clive Adams, un aficionado que se acercó a ver la presentación de los equipos que disputaran la Corsa Rosa. Y es que la polémica tampoco ha sido ajena a la prueba. Las dos primeras etapas transcurrirán por Belfast y ninguna de ellas pasará por West Belfast, reducto republicano donde se encuentra la famosa calle de Falls Road, conocida por sus murales que recuerdan las distintas luchas a lo largo y ancho del planeta. De hecho, la última incorporación ha sido la pintura dedicada al propio Gerry Adams tras su detención. Arnaldo Otegi también está presente en esta calle, pero tampoco podrá ver el paso de los corredores.

«El oeste de la ciudad es una gran atracción turística. Por ejemplo, nueve de cada 10 turistas toman un Black Taxi Tour, lo que indica que West Belfast es una gran atracción para ellos», asegura Paul Maskey, miembro del Parlamento de Belfast por West Belfast como representante del Sinn Fein, en referencia a los tours que realizan en torno al conflicto que ha vivido Irlanda. Gran parte de la población los considera de parada obligada para cualquier visitante que llega al norte de la isla, ya que pueden reflejar ambos lados del relato. Se calcula que el dinero que ha invertido la ciudad en traer el pistoletazo de salida de una de las pruebas más importantes del calendario internacional ronda las 400.000 libras (casi medio millón de euros, por lo que Maskey considera «injusto» excluir cualquier parte de la misma. Sin embargo, no es un caso aislado. El maratón de Belfast, por ejemplo, transcurre escasos 3 kms. de sus 42 por las calles del barrio.

Tim Attwood, del SDLP (Partido Social-Demócrata y Laborista), coincidió al mostrar su desacuerdo con la exclusión. Desde que se supo el recorrido oficial a principios de octubre han tratado de realizar cambios en el itinerario, pero sin resultado. La ciudad del norte de Irlanda, además, acogerá en dos semanas, al mismo tiempo que los comicios europeos, las elecciones municipales, por lo que la carrera italiana es un paréntesis en medio de una lucha política abierta.

Tras contactar con Shadetree Sports, la compañía que representa en Belfast a los organizadores del Giro (RCS Sport), aseguraron a GARA que tan solo se han regido por «criterios deportivos» y que es imposible visitar todas las zonas de Belfast en dos etapas, pese a que la contrarreloj por equipos disputada ayer era de 22 kilómetros y la etapa de hoy cuenta nada menos que con 218.

«Quieren ocultar nuestra historia»

Son argumentos que no han calado en la población republicana de estos barrios, que percibe la carrera como una prueba que se disputa en una localidad ajena a la suya. Así lo siente Sam, un tendero que bebe una Guiness sentado junto a las banderas tricolores que dan entrada a su local. «Se gastan un dinero que no tenemos y encima quieren ocultar nuestra historia a los ojos del mundo», denuncia. «Aquí hay miles de historias que contar, el proceso tiene muchas sombras que hay intereses en que no salgan al mundo, y sin embargo, cientos de periodistas que vienen a cubrir un evento deportivo no saben siquiera en qué ciudad están».

Es un sentimiento que se comparte en las zonas excluidas. No sienten interés por la carrera rosa. «Es recíproco. Ellos no quieren saber de nosotros, y a mí no me interesa la prueba», agregó un joven. Hay quien se toma las cosas con más humor: «¿Todavía no se han dado cuenta de que esto no es Italia? Aquí llueve y hace frío», añadió un tercero. Pese a que varias escuelas cerraron y muchos trabajadores tuvieron fiesta, la alterada vida cotidiana del centro contrastaba con la normalidad y la rutina con la que vivían en algunos lugares a 500 metros de la meta.

La sensación de exclusión se ha extendido del conflicto irlandés al Giro, pero la imagen será la de la Belfast rosa. Los 198 corredores pasarán dejando atrás y sin ver ni acercarse a una de las dos realidades de la ciudad. La ronda italiana, a su paso por el norte de Irlanda, no se encontrará muros que hablan, ni historia. Sin embargo, el relato A, pasado a convertirse en el B durante unos días, volverá a llenar las calles a partir de mañana.

Hoy habrá Protestas contra las restricciones sobre el aborto

A la par que la carrera, hoy se celebrará una protesta por el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. El alto tribunal falló en contra de una demanda realizada por una mujer joven del norte de Irlanda por discriminación, después de que tuviera que viajar a Inglaterra y pagar para tener acceso a un aborto. Según los organizadores, se trata de «un esfuerzo para resaltar la continua violación de los derechos de las mujeres en los seis condados» debido a las leyes restrictivas que están en vigor a ambos lados de la frontera. Denuncian, igualmente, que el norte de Irlanda utiliza sus poderes para actuar en contra de la mujer.

Lealistas convocaron una marcha para hoy por la mañana, coincidiendo con el inicio de la segunda etapa de la ronda transalpina. Las autoridades locales, con el fin de evitar disturbios, alejaron la protesta a más de un kilómetro de donde arrancará la prueba. A. AGIRREZABAL